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Zona Pro

Stenson establece otra realidad alternativa

Enrique Soto | 17 de noviembre de 2013

No ha pasado ni un año desde que Rory McIlroy cogiera el testigo que Tiger Woods parecía haber dejado vacante. El que dominara el golf profesional durante una década se perdía entre lesiones, cambios en el swing y escándalos ajenos al deporte, mientras un chico de veintitrés años que sonreía por los campos mientras bombardeaba sus drives desde el tee de salida ganaba un torneo tras otro. Aquel PGA Championship, el de los ocho golpes de ventaja, no era solo su segundo grande. Rory acaba de dibujar una nueva realidad, en la que el centro de gravedad había sufrido una combustión espontánea dejando paso a una nueva generación; más joven, más preparada, con más retos por delante.

El deporte, sin embargo, no empieza ni acaba, solo continúa, y como toda dinastía está expuesto a continuos cambios. McIlroy también se perdió fuera de los campos esta temporada y su número uno quedo vacante, el golf huérfano y los interrogantes flotando en el Ranking Mundial. Estaba Adam Scott, el hombre de la chaqueta verde; Justin Rose, paradigma del swing que se impone a base de números y lógica; Phil Mickelson, el talento orgánico, las manos de Seve, los arrebatos furiosos de un domingo por la tarde. Incluso Jason Dufner demostraba que el panorama estaba de nuevo abierto, como un paisaje que se extiende hasta donde se pierde la vista. El golf esperaba coronar a un nuevo rey mientras Henrik Stenson entrenaba arduamente para recuperar el nivel que mostró en 2009.

Su segundo puesto en el Open y tercero en el PGA fueron un anticipo. Su victoria en la FedEx Cup fue el primer golpe encima de la mesa. Pero los grandes campeones no se han caracterizado nunca por ataques fulminantes en determinados puntos de su carrera, sino por una constancia en el viejo arte de ganar, el convertirse en referencia como un método de vida. Más en un disciplina como ésta en la que, como dijo Nicklaus, “si ganas el veinte por ciento de las veces eres el mejor”. Así que Henrik llegó a las Finals Series del Circuito Europeo dispuesto a coronarse a ambos lados del Atlántico por primera vez en la historia moderna; el reto estaba establecido, los rivales olían la sangre y su muñeca se resentía por los miles de bolas que ha debido pegar a lo largo de 2013. Era el deporte en estado puro: un objetivo, un hombre y un escenario en el que demostrar su potencial, con todas las dificultades que se esconden detrás de cada individuo.

Última jornada del DP World Tour Championship en el liderato. Ian Poulter jugando con sus posibilidades en forma de declaraciones, intentando trasladar los nervios a un nórdico. Stenson responde con cuatro birdies en nueve hoyos y, entonces, el silencio. No le hizo falta nada más que seguir el mismo plan de juego que en las tres anteriores jornadas, las mismas certezas de siempre: drive, hierro, putt. El deporte de los miles de parámetros reducido a algo tan simple recordaba a lo que hacía Woods en otros años, como estableciendo su superioridad a base de actos, de una certeza constante de que metería el golpe decisivo. Los segundos nueve fueron el momento en que demostró que el relevo se hacía efectivo. No era Tiger, ni Rory, sino un hombre de treinta y siete años, sin grandes, que ha entrenado con tanta insistencia como para jugar por instintos. Ya lo dijo también Gary Player: “Debes trabajar muy duro para llegar a jugar por sensaciones”.

Birdie al 12, al 13 y en el 18, par 5 del Jumeirah Golf Estates donde se han coronado los mejores del Circuito Europeo, el hombre impertérrito se sacaba un eagle del bolsillo que parecía una paloma, pero que bien sonó como un revolver estableciendo una realidad alternativa, opuesta a lo que imaginábamos hace doce meses. Ian Poulter soñaba con alcanzarle desde su menos seis, Dubuisson se quedaba en prometer un futuro digno de sus últimos torneos con un menos uno y Joost Luiten confirmaba su mejor temporada en el golf profesional en cuarta posición. Stenson, con una vuelta de menos ocho, un acumulado de menos veinticinco y seis impactos de ventaja era el rostro en el que se ha transformado el golf; lo último, lo mejor, lo más poderoso.

McIlroy, Westwood y Donald se quedaron en aspirantes desde el menos quince, quintos, mientras que Jamie Donaldson y Miguel Ángel Jiménez se quedaron octavos con menos catorce. Rafael Cabrera-Bello y Alejandro Cañizares fueron decimocuartos con menos diez; Pablo Larrazábal fue vigésimo sexto, Gonzalo Fernández-Castaño trigésimo séptimo y Eduardo de la Riva cuadragésimo cuarto.

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