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Zona Pro

Rory quiere compensar el 2013 con dos grandes

Enrique Soto | 03 de enero de 2014

Una victoria parece haber despejado todas las dudas que empañaban el rendimiento de Rory McIlroy. Fue en el Emirates Australian Open, y enfrente tuvo al campeón del Masters. Atrás quedaba un año de cortes fallados, posiciones a mitad de tabla y, sobre todo, un rendimiento muy irregular en los grandes. El resumen se ve en el Ranking Mundial: de ser el primero a finales de 2012, Rory ocupa ahora la sexta posición. La tendencia, sin embargo, parece haber cambiado.

“Creo que estoy muy cerca”, declaró el norilandés a la BBC. “Estoy confiado con mi juego y hacia dónde va”. A pesar de que en el plano deportivo las cosas no han ido demasiado bien, su vida personal parece haber abandonado la montaña rusa de hace doce meses. McIlroy ya tiene su calendario bien preparado, no tiene que mudarse de nuevo a Florida, ha planeado bien las fechas en las que se verá con Caroline, su prometida, y las causas pendientes que tiene en los juzgados siguen también su curso. El chico que odia a los abogados ahora solo tiene que preocuparse por el golf, y la última vez que estuvo en una situación similar se quedaba solo en lo más alto de las clasificaciones.

“Gané un grande en 2011 y otro en 2012, pero no en 2013. Intentaré compensar este año”, continuó confiado, a pesar de que el panorama competitivo en las citas importantes parece haberse abierto sobremanera con jugadores como Adam Scott, Justin Rose o un también poderoso Tiger. “Ganar a Adam fue genial y mientras que no deja de lado las malas semanas me da una buena tendencia de cara a 2014. No tuve ninguna oportunidad de victoria en ninguno de los grandes, pero ahora soy bastante mejor bajo presión que antes. Si consigo una oportunidad en estos torneos sé que tendré una gran ocasión de ganar”.

Pero el rendimiento de Rory a lo largo de 2013 no debería ser del todo una sorpresa, al menos si recordamos sus mejores momentos profesionales. Cuando ganó el Deutsche Bank Championship, cazando a Louis Oosthuizen en la última jornada, pegó un drive de unos ciento cincuenta metros, un approach pesado, firmó un bogey al límite en el 17 y mandó su drive al rough en el 18. Dio golpes increíbles y otros sorprendentemente mediocres, metió putts larguísimos, chips delicados, cayendo y levantándose decenas de veces a lo largo de su vuelta. No tenía nada que ver con la excelencia de Tiger, metódica, estratégica; sino con algo más similar a lo que hacían Arnold Palmer, Tom Watson o Seve.

Ahora, con todo lo que rodea a su juego prácticamente calmado, McIlroy parece listo para volver a desatar tormentas. Quiere ganar dos grandes, volver al número uno y callar todas las voces que le criticaron cada semana del año pasado. Woods, Scott, Mickelson, Rose… Todos le esperan de nuevo en las últimas jornadas.

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