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Zona Pro

Una memoria privilegiada

Enrique Soto | 30 de julio de 2013

Es difícil explicar el dominio tan aplastante que Inbee Park ha impuesto en el golf femenino. Desde que ganara el Evian Masters el año pasado, esta surcoreana de 25 años ha ganado en Malasia, Tailandia, Texas, Arkansas y los tres primeros grandes de la temporada (Kraft Nabisco, LPGA Championship y US Women’s Open), llegando a igualar un récord de Babe Zaharias que parecía imbatible en la actualidad. La competición ha pasado a estar en sus manos como cuando Tiger desvalijaba el buen juego de sus rivales a comienzos de este siglo.

Pero, ¿cómo lo ha hecho? Está lejos de ser la pegadora más larga del circuito y sus números en greenes en regulación son buenos (decimonovena en el LPGA Tour), pero distan mucho de sus continuas victorias en 2013. Si uno observa cada una de sus rondas, llegará a la conclusión de que su principal arma es el putt, donde sí es la líder destacada del circuito. Inbee suele afrontar un buen número de ellos de entre unos dos o tres metros por vuelta y cuando la bola sale rodando de la cara del palo el hoyo parece transformarse en una aspiradora. Nadie es tan efectiva como ella desde esa distancia. Eso sí, como cualquier otra jugadora, ella también es capaz de fallar, y puede que de ahí nazca su verdadera ventaja frente al resto.

Esta chica lleva viviendo en Estados Unidos desde los 12 años y, con tan solo 19, fue capaz de ganar el US Women’s Open, su primer gran triunfo en América. Las expectativas sobre su talento se dispararon hasta el punto de bloquearla y pasó por un período oscuro de cuatro años, en los que la niña maravilla no ganó un solo evento. Dicen que la derrota es el lugar donde se fraguan las victorias y la explicación a esta racha dictatorial que vivimos hoy día tiene su germen en aquellos tiempos complicados. “Fallaba unos nueve o diez greenes en regulación por vuelta”, explicó hablando de aquella época. “Intentar recuperar desde cualquier sitio me dio mucha concentración; muy buena concentración y experiencia a la hora de embocar los putts importantes”.

Sí, el putter de Inbee se mueve mucho mejor que hace unos años, pero como todos sabemos, un porcentaje muy alto del éxito en los greenes reside en la mente, y no tanto en la técnica. Park no solo aprendió a afrontar la presión de salvar el par en un momento decisivo, sino a aislar cada golpe como si fuera el único que va a ejecutar en el día. Pueden ver sus continuas exhibiciones de la actualidad, olvidando cómo cae la bola en el hoyo y fijándose en su rostro cuando pega un mal golpe: no se inmuta. El verdadero talento que ha desarrollado esta chica no tiene que ver con su swing, que no es especialmente elegante y parece arrastrar fallos del pasado, sino con su mentalidad a la hora de afrontar una vuelta de golf.

Hace unas cuantas décadas, Ben Hogan declaró: “Como la mayoría de profesionales, tengo la tendencia a recordar los malos golpes mejor que los buenos”. Park pertenece a ese grupo privilegiado capaz de olvidar los malos momentos, como si sufriera de una amnesia temporal cada vez que afronta una nueva ronda. Es el polo opuesto al que se situaron hombres como Ian Baker-Finch o Nick Faldo, que en ciertos puntos de su carrera se enzarzaron en un combate a muerte con la técnica, los ángulos o el ritmo. Ellos no pudieron vencer a sus malos golpes, como aves que olvidaron el camino de vuelta. Inbee puede hacerlo de nuevo esta semana, en el Old Course de St. Andrews. El cuarto grande consecutivo.

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