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Últimos toques al número 2 de Pinehurst

Daniel Carretero | 12 de junio de 2014

El grancanario Daniel Carretero es miembro de Clase A de la GCSAA (Golf Course Superintendents Association of America) y es el único español que ha ejercido de greenkeeper en Augusta National. Por su experiencia previa en Pinehurst No.2, ha sido requerido para colaborar en el mantenimiento del campo durante el US Open de este año y nos tendrá al tanto de todo lo que acontezca durante esta semana en el recorrido de Carolina del Norte.

A pocas horas de que comience el torneo, seguimos con los últimos toques al campo. Ayer (antes de ayer ya en España) y hoy hemos hecho doble corte con cortadoras manuales TORO FLEX 2100 y pasamos el rodillo con las Salsco, y ayer por la tarde también aplicamos algo de agua correctiva a manguera a los greenes. Agua correctiva es regar lo mínimo necesario las zonas del green que lo necesiten para equipararlas a las zonas que están en buen estado. Lo que se persigue es una superficie homogénea en color, velocidad, textura y firmeza, y para medir la humedad óptima de los greenes utilizamos los medidores TDR 300, comercializados por Spectrum Technologies, unos aparatos muy útiles. Pese a todo ese trabajo, las tormentas caídas durante las últimas horas hicieron redundante el agua que aplicamos y ha sido una pena porque me gustaría ver el campo seco para el torneo.

Los tres días previos al jueves de campeonato vienen bien para acomodarse a las tareas y rutinas y medir bien los tiempos. Hay que tener el set-up (la preparación del campo) terminado antes de la primera salida, que será a las 6.45 de la mañana por los tees del 1 y de 10. Por cierto, el tee del 10 no está cerca de la casa club ni de la cancha de prácticas, así que los jugadores que salgan por los segundos nueve hoyos deberán estar atentos.

Con respecto a la cancha de prácticas, Pinehurst tiene una de los mejores que conozco. Se la denomina «Maniac Hill» (“la colina del entusiasta”, en una traducción benévola), pero en esta edición del US Open se utiliza para las carpas de hospitalidad y merchandising, mientras que la cancha de prácticas habilitada para el torneo son las calles de los hoyos 1 de los campos 1 y 3 del resort. Esta zona de prácticas provisional está muy bien porque tiene árboles en medio y recuerda un poco a la mejor cancha de prácticas que conozco, el «Tournament Range» de Augusta National Golf Club. He felicitado personalmente a Bob Farren y a Mike Davis, de la USGA, porque la idea es mucho mejor que en ediciones anteriores (1999 y 2005), cuando las carpas de hospitalidad y merchandising se instalaron en las calles de los hoyos 1 de los campos 1 y 3, que quedaron en muy mal estado para su reapertura. De nuevo, una muy buena idea que reduce los gastos ocasionados por la organización del campeonato.

Volviendo con los greens, que serán protagonistas durante toda la semana, desde el punto de vista del diseño y el mantenimiento el programa de recebo de greenes con arena acentúa sus formas convexas con el paso de los años. Desde 2010 acordamos con Bill Coore que no solo recebaríamos (top dress) los greenes, sino también los approaches y alrededores de green para mantener los niveles de manera homogénea y no exagerar la forma de “caparazón de tortuga” de muchos greens.

Sorprende saber que hasta 1935 los greens eran de arena prensada, y que solo se sembraron de hierba al prepararlos para el PGA Championship de 1936. Los hoyos de esos greens de arena eran más grandes y, después de patear, había que alisarlos con un cepillo, al estilo de lo que se hace en las canchas de tenis de tierra batida. En el complejo todavía se conserva un green de arena prensada tal y como eran en la época en la parte de atrás de la Tufts Archive, una biblioteca-museo en la Villa de Pinehurst que rebosa de documentación sobre la historia de Pinehurst. Para Óscar Díaz, director de contenidos de Crónica Golf, sería un «Disneylandia» de sabiduría. En 2010, mientras se tramitaba la documentación antes de empezar a trabajar, no tenía coche y me tiraba días enteros días allí dentro.

Pero salgamos del museo y volvamos al campo. Como os contaba ayer, el diseño actual del recorrido número 2 de Pinehurst solo tiene dos alturas de corte, el “fairway cut” y el “greens cut”, aunque para ocasiones especiales, como el US Open, los approaches (las entradas a green, por así decirlo) se siegan un poco más bajos que las calles y dan al jugador la opción de patear desde fuera del green… aunque que la hierba esté así también aumenta las posibilidades de que la bola ruede fuera de green varios metros, ya sea frente al green si te quedas corto o por detrás de green, que es lo que realmente asusta. John Daly juró que no volvería a jugar un US Open (juramento que no cumplió, todo sea dicho) después de anotarse un 11 en el hoyo 8 de este mismo campo en la edición de 1999. La bola le volvió en dos ocasiones a los pies y a la tercera incurrió en una penalización de dos golpes al jugar la bola mientras seguía en movimiento.

Se habla mucho de lo extremos que son los greens del 3, 5, 14 y 15 y de las pocas posiciones de bandera hábiles, pero los greens del campo son grandes y hay suficientes ubicaciones para los cuatro días. El hoyo más difícil en la última edición fue el 2, cuyo green es muy complicado cogerlo de dos golpes, aunque ya el green del 1 intimida desde el segundo golpe por la joroba que se aprecia. Con respecto al 5, hay una posición de bandera al fondo a la izquierda que es terrorífica.

Otra curiosidad es que en el campo solo hay un lago, pero no entra en juego. Está al comienzo de la calle del 16, un tremendo par 4 de unas 530 yardas que los amateurs juegan como par 5.

Hablando de hoyos concretos, si tuviera que elegir uno donde ver el campeonato escogería la grada del hoyo 9, un par 3 con una escapada por detrás de green espectacular. Pero hay que madrugar, que la grada no es muy grande.

Y después de disfrutar del espectáculo del US Open, si tienen la suerte de andar por la zona y se quieren comer los mejores nachos que jamás probarán en su vida, los sirven en el «Ryder Cup Lounge» del hotel «The Carolina», uno de los dos hoteles de la propiedad que hay en la Villa (junto al Holly Inn). Y si no tienen que madrugar, que no es mi caso, aprovechen también para comer y beber algo en el Dugan’s Pub y ¡brinden a mi salud y a la del resto de trabajadores del campo!

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