Este sitio emplea cookies de Google para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies.

Zona Pro

Setenta y cinco años de Masters de Augusta

Alfonso Martínez | 06 de abril de 2011

Bobby Jones (derecha) entrega la Copa de Plata a Billy Joe Patton, el amateur mejor clasificado del Masters de 1954

Logo MastersSemana grande para el golf masculino con la celebración de las “bodas de platino” de un Masters de Augusta que sigue fiel a su cita anual con la semana del primer lunes de abril. Desde mañana jueves, noventa y tres golfistas profesionales y seis amateurs tratarán de honrar la leyenda de Bobby Jones e inscribir su nombre en el palmarés del primer major de la temporada.

Hablar del The Masters Tournament, como se le conoce oficialmente, es hacerlo de la historia del Augusta National, un club de golf que obedece a la visión y a la pasión por este deporte del mejor golfista amateur de todos los tiempos, Bobby Jones.

En tan solo ocho años, este abogado norteamericano fue capaz de ganar trece majors, siete Abiertos (tres británicos y cuatro estadounidenses) y seis Amateurs (seis US y uno British), y cuando decidió colgar los palos en 1930 nos dejó una gesta que ochenta años después aún no ha podido ser igualada, la consecución de los cuatro majors en una misma campaña (en ese tiempo se denominaba Grand Slam al triunfo en los Abiertos Británico y de los Estados Unidos y en sus correspondientes Amateurs).

Pese a su condición de golfista aficionado era habitual verlo derrotar a algunos de los mejores exponentes del profesionalismo de la época como Gene Sarazen y Walter Hagen, y de hecho, se podría decir, que fue la imposibilidad de disputar el US PGA Championship (campeonato cerrado a los profesionales) la que permitió el clamoroso dominio que estos dos golfistas ejercieron a lo largo de la década de los veinte del siglo pasado.

Con todo, si por algo es reconocido hoy este grandísimo campeón es por su legado, el Augusta National Golf Club, un recorrido cuidado hasta el más mínimo detalle y que año tras año copa las clasificaciones de los mejores campos de revistas especializadas como Golf Digest o Golfweek.

Su origen se remonta a 1931, cuando un retirado Bobby Jones reorienta su carrera golfística al diseño de material y a la enseñanza de este difícil deporte. Entre medias, apuesta por la construcción de un club de golf donde poder seguir practicándolo, y con la inestimable ayuda de Clifford Roberts (a la postre primer presidente del club, y socio en esta arriesgada empresa) y el sobresaliente trabajo del arquitecto inglés Alister MacKenzie, el Augusta National Golf Club se hizo realidad en 1933.

Quién dijo que no se puede ganar un Masters a los cuarenta y seis años... Jack Nicklaus en 1986

Quién dijo que no se puede ganar un Masters a los cuarenta y seis años... Jack Nicklaus en 1986

Sin embargo, en la celebración del primer Augusta National Invitational en 1934 (la nomenclatura actual no se adoptaría hasta 1939) hay una serie de circunstancias que no pueden pasar desapercibidas. La primera es que su existencia se debe a que la propia USGA, organizadora del The US Open Championship, rechazó previamente la posibilidad de que el Abierto se disputara sobre los terrenos de una antigua plantación de añiles, dados los problemas que podría ocasionar el cálido verano del estado de Georgia.

La segunda, a la casualidad mediática de que los principales reporteros y periodistas deportivos del país decidieran hacer un alto en su regreso desde la pretemporada de beisbol en Florida y se acercaran a un recorrido que desde el principio les cautivó por su belleza y cuidadísima preparación.

La tercera, a que en la segunda edición del torneo, en 1935, todo un superclase como Gene Sarazan lograra embocar un estratosférico albatros con su segundo golpe (235 yardas, madera 4) en el hoyo 15, para auparse así a un liderato compartido con Craig Wood que terminaría por ocupar en solitario tras un interminable playoff de treinta y seis hoyos.

Con el retorno mediático conseguido, la popularidad entre el público siempre en ascenso y la buena respuesta de los mejores profesionales, ni el obligado parón durante la Segunda Guerra Mundial (1943 – 1945) pudo detener el avance de un torneo que en 1960, ingresaría por derecho en el selecto club de los cuatro campeonatos que componen la actual definición del Grand Slam.

Por aquellas fechas, hacía ya tiempo que el golf amateur había retrocedido ante las mayores oportunidades que ofrecía el profesionalismo, y para muchos era algo incongruente que torneos como el propio Masters o el PGA no disfrutaran de un reconocimiento igual o incluso superior al de las versiones amateurs de los abiertos británico y estadounidense.

Por otro lado, las fechas elegidas para los torneos más importantes “de facto” a veces chocaban y obligaban a los jugadores a tomar difíciles decisiones: por ejemplo, en 1953 Ben Hogan lograba imponerse en el Masters, el US Open y el British, pero se veía obligado a renunciar al campeonato de la PGA (que le habría otorgado el “Grand Slam” moderno, aunque entonces no existiese) dada la cercanía en fechas con el cuasi centenario The Open Championship.

Een 1960, Arnold Palmer desembarcaba en el Old Course de St. Andrews con la idea de revolucionar la por entonces concepción del Grand Slam. Tras haber ganado el Masters y el US Open hace pública una idea, consensuada y publicitada por el periodista y amigo Bob Drum, de renovar este concepto a la consecución, además, del British y del US PGA. El Grand Slam moderno había nacido.

Fuzzy Zoeller le pasa el testigo a Severiano Ballesteros como ganador del Masters de 1980

Fuzzy Zoeller le pasa el testigo a Severiano Ballesteros como ganador del Masters de 1980

Superados los estadios iniciales con las victorias de Gene Sarazen (1935), Byron Nelson (1937, 1942), Sam Snead (1949, 1952, 1954) y Ben Hogan (1951, 1953), el Masters alcanzaría la madurez entre las décadas de los sesenta y los setenta al abrigo de una de las mejores generaciones de golfistas que ha dado la historia de este deporte: el triunvirato de los Big Three, Jack Nicklaus, Arnold Palmer y Gary Player.

Entre los tres, se llevaron doce de las ediciones disputadas entre 1958 y 1978, sobresaliendo las cinco chaquetas verdes de Jack Nicklaus (1963, 1965, 1966, 1972, 1975, y seis tras su “revival” de 1986), por cuatro de Arnold Palmer (1958, 1960, 1962, 1964) y tres de Gary Player (1961, 1974, 1978), el primer golfista no estadounidense que lograba hacerse un hueco en este selecto club de campeones.

Con la llegada de los ochenta, el golf europeo despertaba bajo la ingeniosa batuta de un golfista de Pedreña, el gran Severiano Ballesteros, líder dentro y fuera de los greenes de un Big Five que entre 1980 y 1996 haría temblar los cimientos del otrora inexpugnable bastión del golf norteamericano.

En 1980 lograba la primera victoria para el Viejo Continente cuarenta y seis años después de que comenzase el sueño vivo de Bobby Jones, en 1983 demostraba que su hazaña no había sido flor de un día y añadía su segunda y última chaqueta verde. En 1985, un espigado alemán de profundas raíces cristianas, Bernhard Langer, prolongaba el éxtasis europeo, y en 1988 eran las golfísticas islas británicas las que certificaban la hegemonía continental con los triunfos del escocés Sandy Lyle (1988), el inglés Nick Faldo (1989, 1990, el primero desde Jack Nicklaus en 1966 en revalidar satisfactoriamente su título de campeón) y el galés Ian Woosnam (1991).

Nunca antes el golf estadounidense, auténtico dominador de un ránking mundial que daba sus primeros pasos, se había visto privado durante cuatro años de su santuario de Augusta, y solo la irrupción de Fred Couples en 1992 y de Ben Crenshaw en 1995 evitaría que la fatídica racha adquiriera entidad de década, dado que los golfistas europeos volverían por sus fueros en 1993 (Bernhard Langer), 1994 (José María Olazábal) y 1996, Nick Faldo.

Comienza la dictadura de Tiger Woods (The Masters Tournament, 1997)

Comienza la dictadura de Tiger Woods (The Masters Tournament, 1997)

En 1997, un jovencísimo Tiger Woods rompía con los moldes del golf profesional y destrozaba a sus rivales tras establecer una diferencia de doce golpes con el segundo clasificado, un veterano Tom Kite que asistía atónito a una exhibición de juego que ponía fin a su último intento de sumar a sus cuarenta y ocho años su segundo grande, tras el The US Open Championship de 1992.

El fenómeno de Tiger Woods había sacudido los cimientos de un deporte que definitivamente se entregaba al durísimo trabajo de gimnasios y preparadores físicos, y a una espiral de remodelaciones, endurecimientos y alargamientos de campos con los que intentar frenar tal derroche de potencia y habilidad, y del que no escaparía un Augusta National que ya se había iniciado en estas prácticas a partir de la explosión de Severiano Ballesteros.

Desde que José María Olazábal consiguiera en 1999 su segunda chaqueta verde, el The Masters Tournament parece haber vuelto a una tranquilidad de dominio norteamericano solo interrumpida con esporádicas actuaciones de los golfistas del hemisferio Sur (Vijay Singh -2000-, Trevor Immelman -2008- y Ángel Cabrera -2009), y sustentada en la especial relación que dos jugadores tienen con este recorrido de verdes greenes y verdes lagos, Tiger Woods (1997, 2001, 2002, 2005) y Phil Mickelson (2004, 2006, 2010).

Deja un comentario

Si estás registrado, la publicación de tus comentarios será instantánea. Asegúrate de escribir correctamente tanto tu nombre de usuario como la dirección de correo electrónico que incluiste durante el registro.
Si no estás registrado, tus comentarios quedarán pendientes de moderación. Regístrate aquí.

Comentario: