Este sitio emplea cookies de Google para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies.

Zona Pro

Sergio sale vivo de los peligros del match play

Enrique Soto | 19 de febrero de 2014

Costó veintidós hoyos, pero finalmente Sergio sacó la tarea adelante. Marc Leishman no es un jugador, ni mucho menos, con un talento equiparable con el suyo; no cuenta con esa última marcha que distingue a los jugadores capaz de transformar un bogey claro en una oportunidad de birdie; no deslumbró en sus primeros años como profesional; no cuenta con tantas victorias. Pero el australiano, como demostró en el pasado Masters, es un magnífico competidor, el tipo de hombre al que no te gustaría tener enfrente en un día complicado. Y la primera jornada del Accenture Match Play Championship de García no fue para nada brillante.

Cuando firmó cuatro pares consecutivos en los primeros hoyos de Dove Mountain se encontró con un dos abajo en el marcador. En un campeonato a stroke play eso no podría significar nada, bastaba con un acumular una buena racha de birdies y mirar al resto desde, por ejemplo, un menos cinco en la clasificación. Pero en Arizona ya iba perdiendo y tenía que responder, equilibrar un buen ataque con la justa medida de riesgo; en su situación no se permitían más bogeys. Así que comenzó la dolorosa remontada como las hormigas, paso a paso, migaja a migaja. Con un birdie en el seis había dado el primer paso; en el 11 y el 12 dio la vuelta al marcador. Es lo que consiguen los jugadores como él en momentos complejos: responden al reto justo con lo necesario.

Pero este formato es tan imprevisible como para no confiar en los nombres o en los triunfos. Todo se reduce al ahora, a que el siguiente golpe bote hacia la bandera o se caiga en un bunker. Leishman, en su afán competitivo, no estaba ni mucho menos herido. En el catorce aprovechó un bogey de Sergio para igualar el duelo y, empujado por el momento, se sacó de la manga un birdie en el par cuatro del quince. Eso podría haberlo hecho cualquiera y es la razón por la que Tiger, tres veces ganador de este torneo, ha caída en varias ocasiones en primera ronda. Con tres hoyos por delante, García estaba uno abajo, había firmado cuatro birdies, un bogey y su juego no daba signos de la brillantez que mostró en la última jornada en Catar. ¿Qué hacer? Pues lo mismo que Leishman: agarrarse a sus opciones, pelear como gato panza arriba y entregar la tarea, aunque quedaran solo unos minutos para la hora límite.

En el diecisiete firmó el birdie que empataría definitivamente el encuentro. Harían falta más hoyos para pasar a la siguiente ronda, más esfuerzo y, definitivamente, más ambición; de nuevo al primer tee de Dove Mountain. Y ahí fue cuando el talento de Sergio se impuso sobre las cualidades de Leishman. Cuando el australiano fallaba, se metía en problemas; si lo hacía el castellonense, se quedaba al borde de green. Es una diferencia pequeña, pero suficiente como para inclinar la balanza hacia su lado. En el hoyo 4 ambos salieron con un hierro a calle y tiraron a bandera: Leishman se quedó a más de diez metros y, esta vez, García no perdonó. Un putt de tres metros decidió un duelo en un día complicado, en el que se fallan más golpes de la cuenta, pero en el que la cabeza puede a los músculos.

Fue el único español que pasó a segunda ronda. Larrazábal se las vio con Jordan Spieth, el chico que no para de acelerar en su camino a los grandes, y rindió a gran altura. Realizó seis birdies, que suelen ser el principal indicativo de un ganador en match play. Su problema fue que su rival, que parece navegar en aguas más tranquilas que el resto, tampoco falló en exceso, y sacaba aciertos del recorrido con la naturalidad de quien se encuentra en un gran estado de forma. Su duelo llegó igualado al 18 y, con la bola pegada al talud de un bunker, Pablo intentó llegar a green. Allí se acabó el partido. Posiblemente viera a cámara lenta cómo no conseguía salir de la arena y perdía el encuentro.

Jiménez, por su parte, nunca pareció tener opción. Bill Haas firmó cuatro birdies en quince hoyos y ya; el partido había finalizado. En parte fueron sus aciertos, pero también el mal día del malagueño en un recorrido de greenes duros y approach delicados. Miguel Ángel se despidió del torneo sin haber firmado un solo birdie y con tres errores en la tarjeta, un registro imposible para avanzar una sola fase.

Son los peligros del match play, y más de este evento: una mala racha y zas, tu nombre ya no figura en la clasificación. Así le pasó al rey por excelencia de este evento y de cualquier otro en este formato, Ian Poulter. No tuvo el día y Rickie Fowler le arrebató en un par de horas la gloria que todo un pasado le había otorgado (2&1). Lo mismo le ocurrió a Dustin Johnson contra Peter Hanson, que ganó por 4&3, o a Branden Grace contra un inspiradísimo Jimmy Walker (5&4). Nadie está a salvo en el desierto de Arizona; ni siquiera los más grandes.

Resultados completos

Deja un comentario

Si estás registrado, la publicación de tus comentarios será instantánea. Asegúrate de escribir correctamente tanto tu nombre de usuario como la dirección de correo electrónico que incluiste durante el registro.
Si no estás registrado, tus comentarios quedarán pendientes de moderación. Regístrate aquí.

Comentario: