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Preferiría no hacerlo

Juan José Nieto | 11 de agosto de 2013

Cambiar de entrenador. Trabajar con un psicólogo. Ser amable con la prensa. Confiar en sí mismo. Terminar con sus fantasmas. Ante todas estas tareas pendientes, frente a esta lista aparentemente corta de recetas a priori sencillas, Sergio García se pone estupendo para contestar, con la arrogancia que Bartleby el escribiente no tenía, que él también preferiría no hacerlo.

Todas las novedades en su juego o carácter han pasado por cambios de putter o retoques técnicos. Tras un mal golpe repasa centímetro a centímetro lo que no funcionó. Se trata de una rutina que los técnicos avalan pues debe contribuir a la eliminación de la sensación fallida, pero con Sergio sabemos que no es así, que el mal golpe será la causa del siguiente. Igual que le sucede con las derrotas, con esas experiencias que bien podrían ser enseñanzas si Sergio supiera extraer de ellas la moraleja y no la bilis.

Cada sábado de major, domingo en el mejor de los casos, el castellonense nos obsequia, a sus aficionados, con una actuación desoladora, con una sucesión de golpes mediocres fruto no de un vehemente deseo y sí del agarrotamiento que provoca el temor. Pasan los años y, su lenguaje corporal le delata, disminuye la ilusión. Tras esa pasión menguante se esconden entrenamientos menos exigentes, recurrentes fallos de concentración, una autocomplacencia que brota de sus declaraciones cuando afirma no tener el juego para ganar un major o cuando dice, de manera poco convincente, “vamos a ver qué pasa”.

Lo que empezó siendo sadismo hacia su propia persona ha degenerado en un escepticismo aún más preocupante. Cuando Sergio quiera reflexionar sobre el declive de su figura ya nada importará. Cuando quiera regresar a los orígenes, táctica habitual a la que recurrimos los seres humanos de vez en cuando para desprendernos de los velos y corazas que nos envuelven durante el proceso, ya no recordará quién fue.

Cuánto me gustaría que Sergio leyese estas líneas, que se rebelara contra estas letras escritas desde la comodidad del sofá, contra la ignorancia de quienes criticamos su palmarés (corto para tanto talento) cuando sólo estamos en disposición de envidiarlo. Cómo me gustaría que alterara su discurso, que de asegurar que se puede ser feliz sin ganar un major pase a exigírselo. No como una meta, sino como la consecuencia de unos cuantos cambios, de una mejora en la calidad de los entrenamientos, en la preparación mental, en la manera de afrontar el siguiente golpe. Cómo me gustaría que Sergio se liberase de todas las miserias que emponzoñan su alma para dedicarse, únicamente, a dibujar el siguiente fade.

El error está en la esencia del deporte, más aún en el código genético de uno tan exigente, a nivel técnico y mental, como el golf. Sergio ha de convivir con él, pero sólo desde un aspecto formal, como lo harían dos estudiantes que acaban de conocerse. Sin intimar más de lo debido. Y es que a veces pienso que Sergio se ha casado con el fracaso, que en él ha encontrado el acomodo perfecto para los años venideros, para una existencia plácida alejada de los focos, en puestos notables de la clasificación mundial, ganando de vez en cuando aquí y allá, pero nunca en una gran cita. Paseando su sombra por los campos, una sombra que aún sigue haciendo diabluras con la bola, moviéndola con todos los efectos posibles y a todas las alturas imaginadas. Pero sin alegría.

Mucho me temo que Sergio, como decía Stendhal, ha puesto toda su felicidad en estar triste. Porque a un ser triste nada se le exige. Porque así le permitirán seguir diciendo durante muchos años, ante todas las propuestas de cambio y mejora, aquello de “preferiría no hacerlo”.

5 comentarios a “Preferiría no hacerlo”

  1. El 11 de agosto de 2013 albert ha dicho:

    A lo mejor unas expectativas demasiado altas al principio de su carrera han desmoronado la ilusión de un jugador que cada triunfo que ha conseguido en su carrera parece que siempre ha sabido a poco.
    Puede que haya sido un problema que no haya sabido afrontar ya que muchos otros jugadores han conseguido lo mismo que él y se les ha considerado grandes jugadores.
    Da la sensación que últimamente sobrevive de talento y no de trabajo.
    Esta claro que alguna cosa tiene de cambiar tanto mentalmente como mentalmente.
    Me recuerda un poco a la película de Bobby Jones cuándo intenta sacar la bola del bunker una y otra vez, hasta que el caddie le dice que no tiene ningún sentido esperar un resultado distinto haciendo exactamente lo mismo.
    Articulo muy interesante, me encanta crónicagolf haces un gran trabajo.

  2. El 11 de agosto de 2013 JMCUELLAR ha dicho:

    Empece a jugar a este deporte viendo a SEVE evidentemente irrepetible, pero seguí con Olazábal que decir de el trabajo, trabajo, superación y HUMILDAD, y apareció EL NIÑO, joder ,Perdón, que apodo, parece que le clavaron en su momento.
    MAJO MADURA QUE ERES UN HOMBRECITO YA, y como aprendí hace ya mucho tiempo, mira y juega tu bola.
    Por cierto seguid así, los de crónica.
    Saludos

  3. El 12 de agosto de 2013 Osgon ha dicho:

    Todavía es joven. Todo tiene su tiempo, muchos ganadores de majors han sufrido previamente algún hecho determinante en sus vidas (pérdidas de seres queridos, accidentes, enfermedades…) que hacen madurar al ser humano a golpes. Hoy se han disputado el PGA Dufner (36) y Furyk (43). Ambos mayores que Sergio. Seamos pacientes, le quedan más de 10 años.

  4. El 12 de agosto de 2013 Paupa ha dicho:

    Estoy de acuerdo con JM Cuellar, demasiado arrogante para ganar un major, cuando demuestre humildad el talento que tiene empezara a brotar, ante todo tiene que trabajar muy duro para cambiar el rumbo de su golf, sólo el talento no vale, tiene que ponerle más agallas. Buen artículo, saludos.

  5. El 13 de agosto de 2013 JJNieto ha dicho:

    Muchas gracias a todos por la lectura y los comentarios. Estoy de acuerdo con casi todo lo escrito (expectativas demasiado elevadas, la inmadurez, la paciencia que aún hemos de tener con él y la aparente falta de humildad de Sergio), pero lo que he descubierto, auque ya lo intuía, es que Sergio no deja a nadie indiferente. La marca «Sergio García» vende, pero a mí, creo que a todos, me gustaría que fuese por su buen juego. Y para ello, como deja caer Albert en el primer comentario, debe introducir cambios. Aunque sólo sea porque el hecho de hacer cambios demuestra que existe el deseo de que cambien las cosas.

    Lo dicho. Gracias a todos y especialmente a Óscar por dejarme escribir en esta magnífica web. Saludos.

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