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Luis Gómez, el confidente de George Best

Óscar Díaz | 18 de agosto de 2014

Luis Gómez, en el Hércules Club de Golf (foto de Alfonso Vázquez)

En una escena mítica de Pasión de los fuertes, una de las joyas cinematográficas de John Ford, un Wyatt Earp encarnado por Henry Fonda le hace una pregunta muy personal a Mac, que atiende la barra de un saloon de Tombstone.

—¿Te has enamorado alguna vez, Mac?
—No, he sido camarero toda la vida.

Mac se zafa de la pregunta con retranca y laconismo, pero en el intercambio se deja traslucir la relación especial que llegan a tener muchos barmans (o bartenders, y luego explicaremos la diferencia) y su clientela, circunstancia que ha quedado reflejada en innumerables obras de ficción. En esta relación se unen complicidad, discreción, confianza y amistad en las proporciones exactas que solo conoce un especialista en los mejores combinados.

Así se explica que la barra sirva para unir como iguales a gente procedente de extractos sociales variopintos, que derribe barreras y estreche lazos entre personas que difícilmente hubieran coincidido en otras circunstancias. Así se explica que un español, Luis Gómez, trabara una profunda amistad con George Best, uno de los futbolistas más geniales de todos los tiempos.

Luis Gómez, actualmente afincado en Laracha, A Coruña, y socio del Hércules Club de Golf, nació en Madrid y aún recuerda cómo de chaval se fabricaba sus propias pelotas de goma y las forraba para jugar en el desaparecido frontón de la Plaza de España, junto al Cuartel de la Montaña. Seguro que en aquel entonces ni se imaginaba que años después estaría golpeando otro tipo de bolas en los mejores campos de golf de las islas Británicas, adonde emigró a los 19 años previo paso por Mallorca.

Como tantos otros españoles, Gómez se afanó en conseguir un buen puesto de trabajo y empezó a preparar cócteles mientras estudiaba para dirigir establecimientos hoteleros. Sin embargo, como nos cuenta con un castellano que aún conserva un cierto deje inglés, no tardó en decidir que se quedaría como encargado del cocktail bar.

“He tenido la suerte de disfrutar de una vida apasionante y trabajar donde he trabajado me ha permitido tratar a personas excepcionales”, dice Gómez, que, como dice el refrán, sin duda vale más por lo que calla que por lo que habla. “La lealtad y la discreción son lo más importante en este entorno”.

Probaron sus cócteles un buen número de personalidades, como por ejemplo el estadounidense Stanton Delaplane, premio Pulitzer y célebre por sus libros de viajes, amigo íntimo de Chicote que dejó por escrito que Gómez preparaba “el mejor Bloody Mary de Londres”.

“No lo hubiera cambiado nunca por otro trabajo. Cuando estás a cargo de un bar de prestigio y entra Elizabeth Taylor, o la escritora Rebecca West, el gran Peter Finch, la familia real, el rey Hussein de Jordania, Ira de Furstenberg…”

Sus modales exquisitos y la confianza que despertaba en sus clientes le llevaron a varios locales de primera categoría durante su estancia en Londres, como el renombrado Kaspia Caviar donde llegó a conocer a Su Majestad la Reina, pero también trató a miembros ilustres de otros colectivos, como el cómico Ronnie Corbett, célebre por su trabajo televisivo, o Harry Carpenter, histórico comentarista deportivo de la BBC.

“Se necesita mucha psicología para estar en un cocktail bar. No somos barmans, sino bartenders. No nos limitamos a estar en la barra, sino que la cuidamos y cuidamos a nuestros clientes, que eso significa «to tend»”, explica el madrileño.

Esa psicología le llevó a convertirse en íntimo de George Best, el llamado “quinto Beatle”, un futbolista norirlandés pleno de talento que triunfó en el Manchester United desde 1963 a 1974 y fue tan célebre por sus triunfos en la cancha como por sus correrías fuera de ella. Y si no, lean una de sus citas más famosas, una auténtica declaración de intenciones: “Me he gastado gran parte de mi dinero en alcohol, coches y mujeres. El resto lo he despilfarrado”.

Con el fallecido Best coincidió cuando a Gómez le ofrecieron regentar la barra de un club nuevo del que el futbolista era el principal reclamo como relaciones públicas.

“Era una figura reconocidísima, el club tuvo un éxito impresionante y durante tres años y medio hicimos muy buenas migas en el trabajo y fuera de él”, explica Gómez.

En aquel entonces, Best ya estaba en la cuesta abajo de su brillantísima carrera y había jugado incluso en Los Ángeles Aztecs, uno de los clubes punteros de aquella liga estadounidense dominada por el Cosmos que ejercía en aquel entonces de “cementerio de elefantes” para los mejores jugadores del mundo.

Sin embargo, y pese a sus problemas con la bebida y a su perfil mediático, Best tenía una cara oculta que mostraba a muy pocas personas.

“Best era un niño malo, pero en el fondo era muy tímido. En circunstancias normales, y sin alcohol de por medio, le costaba estar con la gente”, explica Gómez. “Compartíamos día y noche y venía a verme, se sentaba a mi lado a la entrada del bar americano, pedía dos copas de champán, cogía una y me decía «esta otra es para ti»”.

“George y yo nos quedábamos por la noche con el gerente del local, actores de cine y teatro y Jeff Powell, un periodista del Daily Mail que estaba dentro de su círculo de confianza y que le sacó de varios apuros. Con una mirada bastaba para entendernos”.

Curiosamente, pese a lo mucho que Best apreciaba a Gómez, el español apenas conserva recuerdos gráficos de aquellos días. Alguna foto suelta del futbolista con Callum, su hijo, o con Angie, su primera esposa.

“Nunca me agradó hacerme fotos ni pedir autógrafos. Cuando estás en un sitio con gente célebre quieres que estén cómodos y no les gusta que les molestes con autógrafos, aunque en este caso más que cliente fuera compañero y amigo”.

Sin embargo, Luis Gómez conserva un recuerdo imborrable de George Best, un obsequio que deja patente su relación especial con el futbolista: unos palos de golf que el astro norirlandés regaló al protagonista de esta historia.

“Un día me preguntó si jugaba el golf y poco después apareció en el local con unos palos y me dijo: «Toma. Solo he jugado con el hierro 7 tres hoyos y me marché».

A la estrella de Belfast le habían regalado un juego completo de Ping Eye y una bolsa Dunlop en EE. UU. en una promoción televisiva mientras jugaba en Los Ángeles Aztecs, pero después de una primera experiencia frustrada con el golf decidió dárselos a su amigo Luis, que lleva desde entonces, y ya son casi 40 años, paseándolos por el mundo.

Los palos que George Best le regaló a Luis Gómez (foto de Alfonso Vázquez)

Los palos que George Best le regaló a Luis Gómez (foto de Alfonso Vázquez)

“Los palos de Best han recorrido muchos sitios importantes conmigo”, recuerda Gómez. “Yo empecé a jugar en 1976 con unos amigos por una apuesta. Me dijeron que no era capaz de mandar una bola de golf a 100 metros y lo hice. Es un juego maravilloso que te atrapa y no te marchas nunca. No sé por qué, pero te absorbe y es una maravilla. Se lo recomiendo a todo el mundo, tenga la edad que tenga. Caminas, piensas… te hace ejercitar todos los sentidos”.

Además de jugar, el golf pasó a formar parte de su vida y Gómez aprovechó para seguir a Seve en un buen número de torneos (Open Championships, Ryder Cups en The Belfry, Mundiales Match-Play en Wentworth).

“Tengo incluso bolas con su nombre que me regaló. Seve fue un jugador único y en Gran Bretaña le tenían un cariño impresionante”.

Además, gracias a las relaciones trabadas en su trabajo y a su puesto en la United Kingdom Bartenders Guild, Luis Gómez tuvo la oportunidad de jugar en magníficos campos de las islas.

“He estado en Gleneagles, Muirfield, Addington, Woburn… Quizá no haya ganado nada nunca, pero es una satisfacción haber jugado en todos esos sitios”, recuerda Gómez. “Muchos de esos campos son privados y solo puedes jugarlos cuando te invitan, así que me siento honrado de que me hayan recibido”.

“Sin duda, los británicos tienen una actitud hacia el golf diferente y no hay nadie como ellos en cuanto a educación y respeto. Cuando juegas al golf eres como de la familia, da igual de dónde seas”, finaliza Gómez.

Y esta última frase está teñida de cierta nostalgia que Gómez alivia en parte con sus visitas a Londres en las que suele ir a ver a otro gran amigo del desaparecido George Best, Richard Shepherd, uno de los pesos pesados de la restauración londinense. Y cuando las circunstancias le impiden volver a Londres con la regularidad que a él le gustaría, siempre puede echar un vistazo a su bolsa de palos de golf, esos que le acompañan todos los días en el Hércules Club de Golf y que le recuerdan aquellos tiempos en que se convirtió en el mejor amigo y confidente de George Best.

1 comentario a “Luis Gómez, el confidente de George Best”

  1. El 22 de agosto de 2014 Ricardo Garcia ha dicho:

    Unico!!! El Golf hace que conozcas a gente como Luis, compartas el juego con el, te invite a su fruta preferida, y sea un compañero de partida EXCEPCIONAL .

    Ricardo Garcia Socio del Hercules Club de Golf.

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