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Zona Pro

La sombra de Christina Kim

Enrique Soto | 01 de agosto de 2012

Kim, sorprendentemente, comenzó a disputar torneos del LET en el año 2010

Christina Kim fue la jugadora más joven de la historia en alcanzar el millón de dólares en ganancias. Era 2004 y la americana tenía solo 20 años. En dos temporadas, pasó de ser jugadora del Futures Tour a conseguir dos victorias en el LPGA Tour y participar en la Solheim Cup. Su futuro, más allá de antojarse prometedor, parecía destinado a convertirla en una jugadora referencia del golf femenino estadounidense. Más victorias, majors, convocatorias en la Solheim y, sobre todo, una asombrosa continuidad gracias a su espíritu competitivo. Kim era capaz de pelear cada semana por la victoria.

Sin embargo, algo cambió para que en 2010 Christina decidiera unirse al Ladies European Tour. No se trataba solo de disputar torneos organizados junto al LPGA Tour (Evian Masters o Women’s British Open), sino de apostar por venir a España, Italia o Francia para competir con las europeas. Más horas en aeropuertos y hoteles lejos de casa para disputar torneos que, por desgracia, no contaban con la dotación en premios de los estadounidenses y que tampoco repartían el mismo número de puntos para el ranking mundial. En aquella decisión había motivos que se alejaban de la lógica y que se basaban en algo que, desde fuera, era imposible de comprender. Unida a la jugadora que gritaba con fuerza cada putt que acercaba a Estados Unidos a otra Solheim Cup, había una sombra que la acompañaba a cada paso que daba.

“Depresión. Pensar en el suicido. Irritabilidad. La incapacidad de sonreír”, escribe Christina Kim en un blog que abrió hace unos meses. Han sido las causas que durante más de dos años han hecho que una jugadora con una capacidad innata para jugar al golf fuera incapaz de sacar lo mejor de sí misma. Y la causa, por mundana que parezca, fue su mal juego. En 2010 viajó a Asia para disputar el Sime Darby LPGA Malaysia y, después de una ronda de prácticas, recibió un masaje para estirar los músculos antes de la competición. El resultado fue que una de sus vértebras resultó dañada y perdió un palo de distancia para cada golpe durante la primera semana, dos tras tres semanas. “Por primera vez desde que tenía catorce años, no podía alcanzar 130 metros de vuelo con el hierro 8. Tenía suerte si podía llegar a 120 como máximo”.

El impacto en su juego fue demoledor. No se trataba solo de una pérdida temporal de distancia en sus tiros a green sino que todo su swing, la forma de atacar a la bola, fue puesto en duda de una semana para otra. Y si una jugadora no puede confiar en su swing, ¿puede jugar bien? La carrera de la estadounidense pasó entonces de antojarse prometedora a pasar por un momento muy peligroso: competir con las mejores con sus aptitudes mermadas. El daño y el desgaste mental que conllevaba podría ser devastador, y casi lo fue. Christina resume en su blog que coqueteó con la idea de abandonarlo todo, incluso siendo consciente de que era una privilegiada.

Gracias a Sean Foley y Kevin Smeltz, Kim está mejorando su movimiento. “Por entonces, mi pensamiento inicial era hacer el swing más largo, retardando el impacto y recuperando la distancia perdida. Veinte meses después, tenía un overswing que hacía que el de John Daly pareciera un golpe de chip. Añadiendo ochenta grados más a mi swing, había perdido toda la capacidad de pegarle bien a la bola. Eso me hizo perder velocidad, distancia y precisión”. Y una vez en el camino correcto, aunque los resultados estén tardando en aparecer, sí que vuelve la sensación de progreso. Justo lo que Kim había perdido durante los últimos meses.

Su historia no es única ni particular de una fuerte personalidad. El swing de golf es un movimiento tan complejo que un pequeño cambio en el cuerpo puede afectar en cadena a todas las partes del juego. Si pego drives veinte metros más cortos, pateo peor. Si mis hierros pueden terminar en cualquier lugar menos el green, empiezo a fallar calles. Por eso se dice que conseguir un birdie anima al jugador a realizar otro en el siguiente hoyo, el golf es también un deporte de influencias positivas. Cuando un pilar básico se empieza a tambalear el efecto se siente en todos los cimientos, incluido el más importante de ellos: los segundos previos al golpe.

Kim parece estar pasando por un bache que empezó de la manera más inesperada: jugando al golf. “Disfruta del viaje”, se suele decir cuando los ánimos flaquean. Aunque sus resultados este año no estén siendo precisamente buenos, Christina está recuperándose de la única lesión que, al recuperarse, le hará más fuerte. Una lesión invisible que muchos padecen en silencio o que simplemente desconocen. Hace unos meses declaró a nuestros compañeros de Golflog: “Siento que mi carrera acaba de empezar”.

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