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Zona Pro

La fuerza de Watson prevalece en Augusta

Enrique Soto | 12 de abril de 2014

Hay un ventaja evidente para un zurdo durante la semana del Masters: en un campo en el que la mayoría de golpes se dibujan de derecha a izquierda, ellos tienen que pegar un fade, el tipo de efecto que mejor se entiende con unos greenes duros y rápidos. Es un dato relevante de este campo, al igual que el que indica que los grandes pegadores tienen ventaja, al ser los pares cinco fundamentales para acumular resultados bajos; o aquel otro que susurra que quien no sepa patear aquí no tendrá la más mínima opción. Es el mismo escenario en cada edición del torneo, por lo que sabemos un par de cosas sobre quién está más capacitado para prevalecer en Augusta. Aquí triunfaron Mike Weir y Phil Mickelson, dos zurdos que abrieron la bola mientras sus rivales intentaban frenarla sin éxito cerca de bandera.

Si hubiera que construir un prototipo de profesional preparado para dominar este evento sería probablemente zurdo, potente, lo suficientemente estable como aprender a lo largo del tiempo a descifrar los secretos de este recorrido. Puede que no se pareciera precisamente a Bubba Watson, pero tendría muchas de sus virtudes. Piénselo bien: ya ha triunfado en Augusta, destroza la bola desde el tee, es capaz de moverla con facilidad en una u otra dirección. Es zurdo. A lo largo de su carrera, el ganador de la chaqueta verde en 2011 ha caminado por la cuerda floja, visitando los árboles, sobrevolando obstáculos, haciendo más pequeños en la realidad los planos que un día dibujaron los diseñadores de cientos de recorridos. Bubba, en otras palabras, se ha abierto camino en el golf a trompicones. No comprende la ciencia del impacto, no estudia las posibilidades de su movimiento. “Tengo un swing, tengo un golpe”, ha dicho en ocasiones.

Pero es él quien prevalece en Augusta. Sería aventurado decir que está desplegando un golf control sobre el campo de Jones y Mackanzie, al menos si uno observa cómo se mueven sus pies mientras contacta con la bola. No lo vamos a descubrir hoy: Bubba es todo fuerza e ímpetu, todo potencia y ambición. Cuando Oosthuizen se lo encontró en el playoff de 2011 y le miró a los ojos encontró a un animal pidiendo a gritos salir por su boca; detrás de esa mirada se encontraba un león hambriento. A lo largo de los años, sin embargo, ha aprendido a transformarse, al igual que un equipo aprende a pelear agrupándose en defensa o expandiéndose en posiciones de ataque. Watson ha descubierto que no es la fuerza del hierro forjado quien mejor resiste las más duras tempestades, sino el junco flexible.

Y Augusta, estos días, es una tempestad memorable. Por momentos parecía que los jugadores estaban afrontando un recorrido similar a Merion, sede del pasado US Open: no es largo, los peligros están a la vista, es imposible dejar la bola cerca en todos los hoyos. Puede que en el pasado Watson intentara destrozar este recorrido desde el tee y pretender caminar tranquilo en cada prueba, pero hoy no. Lo aprendió cuando ganó su primer major: su fuerza no es rígida ni obtusa, no es predecible. Durante las dos primeras jornadas del Masters, ha estado completamente adaptada a sus necesidades. Como quien tiene un talento y lo enfoca únicamente en los momentos adecuados, Bubba ha desplegado un golf inteligente y sencillo, a pesar de sus enormes y complejas capacidades.

“No sabes que estás haciendo todos esos birdies”, declaró tras entregar un 68 y alcanzar un acumulado de menos siete en la clasificación. “Estás concentrado en ir golpe a golpe. En Augusta, es lo que tienes que hacer”. Cometió su primer bogey del campeonato después de veintisiete hoyos y, luego, como liberando todo ese potencial acumulado, respondió con cinco birdies seguidos. Fue entre el doce y el dieciséis. “Nunca es fácil”, añadió. “Es un gran examen de golf y tuve momentos a mi favor, algunas cosas que me salieron bien. Supongo que el viento hacia la derecha en ese tramo de los nueve segundos”.

Nadie está lo suficientemente cerca en la tabla, al menos nadie que ya tenga una chaqueta verde. John Senden entregó el mismo resultado que él, 68 golpes, y es segundo con menos cuatro, mientras que Jordan Spieth, Jonas Blixt, Thomas Björn y Adam Scott marchan terceros con menos tres. El vigente campeón parece la alternativa más sólida a un jugador que encarna perfectamente la única fuerza motriz que definió Aristóteles: el deseo.

Gonzalo Fernández-Castaño compensó su más tres del primer día con el mismo resultado en negativo durante el segundo, y se ha situado decimoquinto con el par. Jiménez llegó a los 76 para descender hasta la trigésimo séptima posición, con más tres, mientras que José María Olazábal consiguió superar el corte, situado en más cinco, con su segundo 74. Sergio García se quedó fuera al finalizar la jornada con 75 impactos.

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