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Zona Pro

La demolición según McIlroy

Óscar Díaz | 20 de junio de 2011

Logotipo del US Open 2011Solo el lejano recuerdo de su colapso de la última jornada del Masters permitía albergar alguna levísima duda acerca del desenlace de este atípico US Open 2011 celebrado en Congressional Country Club, pero McIlroy tardó exactamente un hoyo en despejarla.

En un campo generoso para lo que se estila en la última jornada de un US Open, McIlroy exhibió su habitual desparpajo para rematar de manera casi rutinaria un torneo que ya había puesto en franquía con sus tres primeras vueltas. McIlroy se movía como pez en el agua por las calles y greenes del campo de Maryland, con ese “swagger” (chulería, en términos castizos) que tanto aprecian los estadounidenses en los deportistas de élite, pegándole a la bola con seguridad y manteniendo controlados a todos sus rivales.

Westwood y García (séptimo al final tras una gran vuelta), sus rivales más peligrosos a priori, estaban a una distancia lo suficientemente amplia como para no sobresaltarse, Yang estuvo peleándose con el campo toda la vuelta y en ningún momento se reivindicó como alternativa, y las principales remontadas llegaban de la mano de jugadores que llegaban de muy atrás, como el sueco Peter Hanson, los sudafricanos Schwartzel y Oosthuizen, el estadounidense Chappell y el australiano Jason Day (qué garra la de este joven jugador, que cosecha su segundo puesto consecutivo en majors, tras su gran actuación en el Masters).

McIlroy, que ha igualado o batido 12 récords durante este torneo, se ha limitado a recoger el cariño del público en el tramo final de la vuelta y no se ha permitido ningún fallo de estrategia (su primer tripateo ha llegado en el penúltimo hoyo del torneo), ni siquiera cuando la relajación ya se atisbaba por momentos en su rostro.

Con su padre y su compatriota McDowell, campeón del US Open 2010, aguardando la llegada del campeón en el 18, al público estadounidense no le quedó más remedio que rendirse incondicionalmente al talento de un joven norirlandés que se convierte en una referencia mundial y que despierta no pocas envidias en un golf descabezado por la ausencia Tiger Woods y desnortado por el pobre rendimiento de Phil Mickelson, la desaparición de su nueva generación de jóvenes talentos y el poco pedrigrí de sus mejores clasificados (Robert Garrigus y Kevin Chappell)

McIlroy pasa a ser el ganador más joven de un US Open en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, asciende al cuarto puesto en el OWGR (ránking mundial) y se convierte en el quinto ganador consecutivo de majors no estadounidense, estableciendo la racha de derrotas estadounidenses más larga desde hace 100 años.

En la entrevista de la ceremonia de entrega de premios le han hecho la comprometedora pregunta de rigor: “Dado el cariño que te ha demostrado el público estadounidense, ¿jugarás más en Estados Unidos?” “Tal vez tenga que hacerlo”, ha respondido sonriente Rory McIlroy, al que hoy han ofrecido el trono del golf mundial. Supongo que George O’Grady, rector de los destinos del European Tour, tendrá algo que decir al respecto.

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