Este sitio emplea cookies de Google para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies.

Blog

Guía de Pinehurst para despistados

Arturo Otegui | 11 de junio de 2014

A tres días del comienzo del U.S. Open 2014 me plantearon el reto de escribir algo interesante sobre la sede, el conocido Pinehurst nº 2. La verdad es que no las tenía todas conmigo. No tengo buena memoria y la mayoría de las veces miro sin ver… Me fijo sobre todo en el juego y en los jugadores, y no presto demasiada atención al campo en sí. Vamos, que me pierdo la mitad. Así que, no del todo libre de temor —por respeto a ustedes, a Crónica Golf, y al U.S. Open— empecé a investigar.

Hasta donde yo sabía, Pinehurst era «un campazo», uno de esos que siempre salen entre los mejores del mundo y cuyos hoyos encuentras fotografiados en todo tipo de recopilaciones, pero poco más. Por si sonaba la flauta, decidí rebuscar en mi descompensada biblioteca, saturada de títulos sobre la técnica de un swing que me es esquivo, y donde solo encontré dos títulos referentes a los campos: Los 100 hoyos más difíciles del golf, de Chris Millard, y Campos de golf del mundo (365 días), de Robert Sidorsky. Tras un par de hojeadas rápidas al índice, descubrí que ambos títulos hacían referencia a Pinehurst nº2. Dos de dos es una cifra a tener en cuenta, hasta para alguien tan despistado como yo, ¿no creen? Y en ese momento empecé a intuir que me enfrentaba a un lugar especial.

El primer título incluye el hoyo 5 entre los cien más difíciles del mundo. Es un par 4 que en la edición del U.S. Open de 2014 se jugará como un par 5 de 576 yardas (527 metros). No soy muy partidario de estos top-100 —ya sean de música, ricos herederos, o paraísos cercanos— pero, al contemplar la foto que ilustra el texto, no pude dejar de admirarme: una maravillosa explanada verde, flanqueada por árboles, que no parece un hoyo de golf y a la vez insinúa el hoyo perfecto, equilibrado, sugerente, con bunkers que se dirían de adorno… Bueno, pensarán que estoy exagerando. Y no les culpo. Además, todos sabemos lo que pueden hacer los buenos fotógrafos y el Photoshop, así que traté de contener mi entusiasmo y abrí el segundo volumen. Sidorsky había elegido el veinte de abril para visitar Pinehurst nº 2. Otra foto maravillosa, las primeras referencias históricas… la cosa prometía cada vez más.

Con los libros aún abiertos a mi alrededor, empecé la búsqueda online. Por todas partes aparecían etiquetas del tipo «la casa del golf», «donde América aprendió a amar el golf», pero todavía no me dejé llevar, podía ser puro marketing. Lo que ya no parecía fruto del marketing es que el complejo de Pinehurst acoja ocho campos de golf. ¡Ocho! Como ya habrán calculado, eso hace un total de ciento cuarenta y cuatro hoyos que, estarán conmigo, es una cifra bonita y respetable que lo convierte en el mayor complejo de golf del mundo.

Seguí leyendo y descubrí que Pinehurst Resort está situado en Carolina del Norte. Nació en la década de 1890, como lugar de reposo de precios asequibles, aptos para la clase trabajadora, y fue fundado por James Walker Tufts, un acaudalado hombre de negocios de Boston. Tufts contactó con Frederick Law Olmstead (el diseñador de Central Park en Nueva York) y en siete meses crearon The Village of Pinehurst. Como podrán imaginar, llegado a este punto, no podía dejar de leer y de buscar. ¡El diseñador de Central Park! Y todavía no habíamos llegado al golf. Ellos tampoco tenían previsto incorporarlo pero, como todos sabemos, donde hay espacios abiertos, césped y enamorados de este deporte, enseguida aparecen los palos, y algunos de los huéspedes empezaron a disputarle a las pacíficas vacas de los alrededores las zonas de pasto. Tufts, al que nunca estaremos lo bastante agradecidos, decidió incorporar el golf al complejo y, para ello, contrató al diseñador escocés Donald Ross en 1900. Ross, de algún modo misterioso, se las apañó para recrear el espíritu de los links de su tierra natal en un terreno lleno de árboles. Y así nació uno de los mejores campos de golf del mundo. Como suele decirse, el resto es historia. Más de cien años de maravillosa historia que incluyen dos U.S. Open, un PGA Championship, una Ryder Cup, el torneo de golf ininterrumpido más antiguo del país (The North & South Amateur Championship, que se celebra desde 1901)… y este año, para seguir haciendo historia, será la primera vez que una misma sede albergue en semanas consecutivas el U.S. Open Championship y el U.S. Women’s Open Championship.

He de confesarles que, después de estas pinceladas que apenas hacen justicia, espero ansioso las primeras imágenes del jueves, las que me ayuden a ponerle cara a este magnífico lugar. Pese a mis temores iniciales y mi despiste, con semejante material sería francamente complicado escribir algo de Pinehurst nº 2 que no fuera interesante. Y espero de corazón no haber sido el primero en conseguirlo. A lo largo de los próximos días, en Crónica Golf encontrarán todo tipo de curiosidades sobre el recorrido y el U.S. Open, narraciones de duelos épicos, semblanzas de Payne Stewart, información de primera mano sobre el estado del campo… y mucho más.

Para terminar, les dejo con una cita de Jack Nicklaus que supongo que se hartarán de leer esta semana, pero que no puedo dejar de incluir: «Siempre pienso en Pinehurst Nº 2 como mi campo favorito desde el punto de vista del diseño. Disfruto recorriéndolo y viendo un campo totalmente flanqueado por árboles, sin que un solo árbol entre en juego».

Pues eso.

Deja un comentario

Si estás registrado, la publicación de tus comentarios será instantánea. Asegúrate de escribir correctamente tanto tu nombre de usuario como la dirección de correo electrónico que incluiste durante el registro.
Si no estás registrado, tus comentarios quedarán pendientes de moderación. Regístrate aquí.

Comentario: