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Zona Pro

El factor armónico del putter

Enrique Soto | 03 de septiembre de 2012

Louis Oosthuizen embocó cuatro putts por encima de los seis metros en la tercera jornada del Deutsche Bank Championship

La tercera jornada del Deutsche Bank Championship dejó entrever un dato revelador y a menudo obviado cuando se habla de los mejores jugadores del mundo. Louis Oosthuizen conseguía ocho birdies en los primeros diez hoyos de su vuelta, en lo que parecía una de las tormentas que invoca de vez en cuando Rory McIlroy. Solo hay una forma de restarle tantos golpes al recorrido en tan poco espacio: cogiendo todos los greenes y embocando todos los putts. El primer requisito no es tan atípico, muchos jugadores a lo largo del año han estado cerca de conseguirlo, desde Nick Watney la pasada semana en The Barclays a McIlroy en el PGA. Estos hombres tiran para birdie en prácticamente la totalidad de sus hoyos y un buen día puede llegar a proporcionarles hasta 18 oportunidades consecutivas. El segundo requisito, sin embargo, no es tan común y es la razón por la que no vemos más vueltas por debajo de los 60 golpes.

El factor diferencial por el que Oosthuizen está liderando este torneo es su putter (ayer le ganó 3,776 golpes al resto de jugadores en los greenes). Y aunque sus números en este área durante el año están lejos de los mejores clasificados (Brandt Snedeker, Luke Donald y Aaron Baddeley) ayer consiguió ver el hoyo más grande de lo habitual. Dos putts de más de seis metros en los hoyos 5 y 6, otro de más de siete en el 9 e incluso uno de doce en el 8. El que el sudafricano consiguiera al final del día coger todos los greenes del TPC de Boston menos uno no es representativo de su vuelta; sí lo es su descomunal confianza en que la bola terminará cayendo.

Resulta paradójico que Ian Poulter mostrara su descontento hace unos días con un recorrido que “beneficia a los bombarderos”. No le faltaba razón, pero el camino que ha llevado a Oosthuizen al liderato no han sido sus más de 300 yardas de media desde el tee de salida, sino su acierto en los greenes. Lo vemos todas las semanas de competición, el putter es la piedra angular sobre la que se cimentan el resto de áreas del juego, el distintivo de los vencedores, pero también somos capaces de olvidarlo fácilmente. Hablamos de la precisión de Tiger desde el tee de salida o del constante goteo de impactos cercanos a bandera que despliega McIlroy, y pasamos por alto que no hace demasiado el número uno del mundo era un jugador que, sin hacer demasiado ruido, desenfundaba el revólver y daba siempre en el blanco. De poco importa disparar con cañones si llega un hombre y no deja más que un agujero en el centro de la diana.

Tampoco es difícil comprobar que las mejores vueltas de Tiger o Rory llegan cuando su putter comienza a moverse con fluidez. Woods lo hizo en la primera jornada y llegó a los 64 impactos, McIlroy durante las dos primeras y se colocaba líder del torneo. Son posiblemente los jugadores más sólidos de la actualidad, pero si su punto de mira está desenfocado en los greenes el resto de áreas sienten el impacto. Fallar dos oportunidades de birdie seguidas se traduce en un tiro arriesgado en el tercer intento y posiblemente un bogey. El que ayer Oosthuizen cogiera todos los greenes mucho tiene que ver con que embocara todos los putts, no al revés, en lo que se podría llamar el factor armónico del putter sobre el swing de golf. Cuanto mayor sea la certeza en las proximidades del hoyo, mayor es la precisión a kilómetros de distancia.

El que Woods no se muestre tan contundente en las últimas jornadas de los majors o de cualquier otra prueba del circuito no se debe a un problema de confianza, que siguiendo con la metáfora anterior, está diseñada a prueba de balas. Sino a que su rendimiento en los greenes está flaqueando. Entre 2006 y 2009 no bajó del tercer puesto en éste área y en 2012 es cuadragésimo primero. Y como competir es negociar con el tiempo, y el suyo ha alcanzado ya una madurez que le aleja de los grandes pegadores, bien debería reconciliarse con un instrumento que, con un simple movimiento, es capaz de levantar tempestades. La primera de ellas es la FedEx Cup y su duelo con McIlroy, la segunda puede encontrarse en Augusta.

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