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Zona Pro

El chico que quería llegar a la élite

Enrique Soto | 16 de junio de 2013

Desde que Gonzalo Fernández-Castaño ganara el Open de Italia a finales de la pasada temporada, su carrera ha dado un giro de proporciones inmensas. Un noveno puesto en el Accenture Match Play le situó en el mapa en Estados Unidos, donde para muchos era un rostro más, y un tercer puesto en el Arnold Palmer le otorgó la gran oportunidad de hacerse con la tarjeta del PGA Tour, pero también, le demostró que era capaz de ganar en cualquier escenario. Su rendimiento en el Masters fue la consecuencia natural de este nuevo estado de ánimo: estuvo entre los diez primeros las tres primeras jornadas y solo terminó cediendo en la última. El buen jugador que venía de Europa había llegado dispuesto a triunfar.

Desde entonces, el madrileño ha salido varias veces junto a Tiger a lo largo del año y se ha codeado con los mejores en escenarios tan distintos como Bay Hill, Sawgrass o Muirfield Village. Ayer, ese constante contacto con la élite llegó hasta su máxima expresión en Merion, donde salió en la tercera jornada del U.S. Open con Woods y Rory McIlroy, el número uno y dos del mundo.

No se trataba de una ronda más en un major, por mucho que se quisiera plantear de ese modo. Apenas un año antes, el objetivo de Gonzalo pasaba por poder jugar en este tipo de torneos, sin más aspiraciones que las que puede tener un novato en su primera gran actuación. Podía salir bien y mantener sus opciones de finalizar entre los veinte primeros, pero también podía dejarse embaucar por el ambiente, la presión o las ganas y terminar dando bandazos mientras Tiger y Rory lanzaban su órdago hacia la victoria. Puede que ni él se esperara el desenlace que acontecería a lo largo del sábado.

Mientras Rory firmaba cuatro bogeys en sus seis primeros hoyos y Woods perdía golpes lenta y dolorosamente, Gonzalo realizó cuatro pares en sus primeras cuatro pruebas del día para a continuación errar en los hoyos 5 y 6. Merion se estaba mostrando fiel a las tradiciones del Abierto de los Estados Unidos y enseñaba las garras, por lo que la paciencia pasó a ser una virtud imprescindible para mantenerse con vida. Un birdie en el 8 devolvió al madrileño al mas uno en el día. Tiger iba mas dos y McIlroy mas tres.

Pero en uno de los hoyos a priori más asequibles del recorrido, el par 4 del 11, llegó un doble bogey tan inesperado como cruel, en un recordatorio de que no existen pruebas asequibles en un U.S. Open. Puede que en ese punto se encuentre la diferencia más grande entre el Gonzalo de la actualidad y el de tiempos pasados. En vez de intentar compensar en el tramo más complejo de Merion, mantuvo su estrategia y ejecutó los mismos golpes que si marchara al par del campo. La recompensa no tardó en llegar. Birdie al 13 y, en el 17, un par 3 que lastró al resto de contendientes durante toda la jornada, un nuevo acierto para catapultarse hasta la zona alta de la tabla.

Ni un bogey en el 18, el hoyo más difícil del recorrido, fue capaz de empañar una gran vuelta de 72 golpes (mas dos), especialmente meritoria si tenemos en cuenta que el madrileño solo cogió seis calles a lo largo del día. Gonzalo es decimoprimero en el segundo grande del año con un global de mas cinco, a seis de la cabeza, y aunque la victoria no puede representar un objetivo real sí que puede atenerse a un deseo quizá casi tan fuerte: quedar entre los diez primeros, asegurar su tarjeta para América y demostrar al chico que hace unos años quería llegar a la élite que sí, que tenía lo necesario y que lo ha conseguido.

El hoyo que sentenció a Sergio García

Era una semana difícil para Sergio, que acudía a Merion no solo teniendo que disputar la prueba más exigente de la temporada, sino además lidiando con unas declaraciones de las que no siente muy orgulloso. El U.S. Open tenía para él todo lo necesario para convertirse en una odisea, pero fue en concreto uno de sus hoyos el que lo sepultó en la zona baja de la clasificación.

Hasta tres bolas fuera de límites envío el castellonense en el 15, un par 4 que tiene las barras blancas situadas a apenas dos metros de calle. Firmó un diez, un mas seis en solo un hoyo que llegó como una bofetada en sus aspiraciones al domingo. Su historia con este golpe de salida es aún más cruenta, ya que durante la primera jornada llegó a realizar ocho golpes, también con un fuera de límites incluido.

Solo llevaría un acumulado de mas uno de haber firmado dos pares durante esos dos días, aunque bien es cierto que puede que no hubiera rendido igual en el resto de sus hoyos. Su mas once actual le sitúa en cuadragésimo cuarta posición y, posiblemente, con ganas de terminar con una semana compleja y de volver a la normalidad.

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