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Zona Pro

Caminando de nuevo hacia la bola

Enrique Soto | 29 de septiembre de 2013

Azahara Muñoz, con la copa del Lacoste Ladies Open de France (foto de Tristan Jones)

Azahara Muñoz podría no haber llegado nunca a la élite. No es una jugadora tan pegadora como Britanny Lincicome o Carlota Ciganda, no mete tantos putts como Inbee Park y tampoco recupera tantas veces alrededor de green como Paula Creamer, es decir, no tiene un área del juego que sobresalga claramente en las estadísticas y le haga más sencillas sus vueltas. Para que ella termine en las primeras posiciones de un torneo, necesita un equilibrio en la cadena que compone su golf, mantener las uniones bien pulidas y engrasadas.

Su principal virtud a lo largo de estos años ha demostrado ser la regularidad. En muy pocas ocasiones la hemos visto adentrarse en mitad de las hileras de árboles que a veces rodean la calle o intentar golpes imposibles desde posiciones impracticables. Cuando Azahara está jugando, este deporte parece más que nunca una cuestión de orden, precisión y un enorme espíritu competitivo. No es de extrañar que acostumbre a coger muchos greenes en regulación a lo largo de la temporada. Como no bombardea desde el tee de salida ni mete putts kilométricos, es necesario que se procure muchas oportunidades de birdie; cuantas más, mejor.

Este año ha sido complejo. Solo un top 10 figuraba en sus registros del LPGA Tour y la victoria que consiguió en 2012 parecía lejana, más por la jugadora que veíamos que por el tiempo transcurrido. A pesar de los resultados o las cifras, la malagueña estaba haciendo exactamente lo mismo que meses atrás: buscar una forma de ser mejor, entrenar y pasar malos ratos sabedora de que estaba en el camino correcto. Cambió su putter tradicional por uno más largo, pasó horas en el gimnasio buscando más metros, contrató un nuevo caddie y un psicólogo deportivo, dio todo lo que tenía en la Solheim, quizá su competición más relevante como profesional, y terminó llorando en el vestuario cuando cedió en los individuales frente a Brittany Lang. Las cosas no marchaban mal del todo, pero tampoco llegaban éxitos atronadores ni recompensas jugosas.

Y entonces llegó a Francia. Era la cuarta jornada del Lacoste Ladies Open de France y partía a un golpe de tres líderes locales: Nocera, Klatten y Derrey. Había recuperado la parte más relevante de su repertorio, los greenes en regulación, promediando más de un 80% a través de tres días y su putter había pasado de ser desobediente a fiable. Todo parecía marchar bien, aunque para ganar hacían falta más cosas. A veces es suerte o agresividad, y en otras tantas un cúmulo de aptitudes, pero ante todo ese necesario sentirse preparado. Sus cinco birdies en los nueve primeros hoyos fueron la demostración de que ella lo estaba.

“Desde el comienzo empecé a jugar muy bien. La dejaba muy cerca de bandera y tuve varios putts dados para birdie. Al final no metí tantos, pero esos nueve primeros fueron suficientemente buenos”, declaró después. Un birdie en el hoyo 15 le dio dos golpes de ventaja sobre sus más inmediatas perseguidoras y, a pesar de un error en el 17, resultó inalcanzable para el resto de contendientes. Nocera y Derrey firmaban 67, Klatten 68, Icher 64… Pero nadie llegaba al menos veinte que Muñoz había logrado con su 65. “Afronté varios hoyos claros de birdie en los nueve segundos”, continuó. “Pero son algo complicados y todavía no me he acostumbrado a ellos. Tuve suerte, ya que hice cinco birdies por la primera vuelta y solo uno en la segunda, y fue suficiente”.

Su progresión, a lo largo de este año, ha desvelado la razón por la que esta chica de 25 años seguirá ganando en el futuro, ya sea en Europa, donde ya suma dos triunfos, o en Estados Unidos, donde le espera un bonito final de temporada. Sí, Azahara no destroza la bola desde el tee y no mete tantos putts como la mejor del mundo, pero cuando se trata de encontrar formas de ser mejor jugadora siempre parece encontrarlas. Graeme McDowell, tras un 2010 mágico y un gris 2011, resumió su particular vuelta hacia el éxito así: “Me volví a enseñar a mí mismo cómo caminar hacia la bola, visualizar el golpe y dejar que mi mente le dijera a mi cuerpo qué movimientos hacer. Confié en mis instintos de nuevo”. Ella, en Francia, también lo ha hecho.

Carlota Ciganda terminó en octava posición con un acumulado de menos ocho y María Hernández fue vigésimo cuarta con el par.

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