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Zona Pro

Buscando el equilibrio definitivo

Enrique Soto | 03 de noviembre de 2012

El posible paso de McIlroy a Nike Golf sería el último de los grandes cambios que ha llevado a cambio a lo largo de los últimos cuatro años

Rory McIlroy ha tenido un calendario distinto durante las cuatro últimas temporadas. Comenzó dando una oportunidad al Circuito Europeo sobre la FedEx Cup y planteó una toda una serie de campeonatos alrededor de todo el mundo, desde Escocia a Hong Kong pasando por Dubai a lo largo del año 2009. Aquello no funcionó bien. En su apuesta por Europa y jugar más cerca de casa, Rory hizo más kilómetros que si se hubiera asentado en Estados Unidos disputando los Playoffs, por lo que la decisión se hizo evidente: fijar su centro de operaciones en América implicaba jugar más a menudo con los mejores y una mayor comodidad en los traslados, sin pasaportes de por medio.

Aquella fue la primera gran decisión sobre su calendario, que no ha variado en exceso durante las últimas tres temporadas. McIlroy viaja desde Florida a las distintas sedes del PGA Tour y cumple su mínimo de torneos necesarios para mantener la tarjeta del Circuito Europeo. Ganar la Race to Dubai pasó así a un segundo plano por detrás de los grandes y en 2010 ya avisó de la tormenta que se avecinaba: tercero en Open Championship y PGA Championship. Objetivos más reducidos implicaban una planificación más ambiciosa y concisa, pero los resultados comenzaban a dar sus frutos.

Este primer e importante cambio en la hoja de ruta vino seguido de lo que el propio Rory denominó, a la temporada siguiente, «la decisión más difícil de su carrera». Después de perder el Masters de Augusta y ganar el U.S. Open, rompió su relación con Chubby Chandler y apostó por Horizon Sports Management, una agencia de representación con sede en Dublín. La marca «McIlroy» se vendería a través del mundo de un modo distinto, desde una renovada página web hasta el modo de captar contratos de patrocinio o asistir a torneos de exhibición. Era un joven de 22 años que acababa de ganar su primer grande, llegado al número 2 del mundo e intentaba compaginar su frenético ritmo de viajes y competición con su relación con Caroline Wozniacki, que por aquel entonces era la número 1 de la WTA (Women’s Tennis Association). La tarea, sobre el papel, se presentaba ardua y compleja.

Fue el modo en que llegó a 2012. Rory y Caroline se buscaban por distintos torneos de golf o tenis alrededor del mundo y el norirlandés intentaba acortar su calendario hasta una cifra cercana a las veinte pruebas anuales, en un intento de dar oxígeno a su vida fuera del campo y establecer una escala de prioridades. No le salió demasiado bien. Después de disputar el Masters de Augusta, donde finalizó cuadragésimo, no disputó ni un solo torneo en un mes hasta llegar al Wells Fargo Championship. Su segundo puesto en aquel torneo fue un espejismo porque en los tres siguientes eventos falló tres cortes consecutivos, haciendo evidente una realidad: mientras su vida personal viajaba viento en popa, al atleta profesional le hacía falta ritmo competitivo. Era la primera vez que le sucedía a lo largo de su carrera y la decisión que tomó fue rápida ante la inminente llegada de su defensa del U.S. Open. Rory se unió al FedEx St. Jude Classic a última hora y a pesar de finalizar séptimo no llegó bien al segundo major del año, fallando otro corte. Eso sí, sería el último que fallara en 2012.

McIlroy se encuentra todavía buscando un equilibrio perfecto que, a pesar de la ayuda que supone la experiencia, puede que no exista. Su última gran decisión podría haber sido apostar por Nike Golf como único y gran patrocinador de su nombre y marca, tomando un riesgo considerable si tenemos en cuenta el periodo de adaptación siempre necesario para un nuevo material. Pero hay algo que le ofrece este nuevo panorama con el que no contaba el anterior: el apoyo de un fabricante de garantías a largo plazo y un contrato a la altura de su posición en el Ranking Mundial. Rory no abandona Titleist porque no esté a gusto con los palos que le proporciona, sino porque Nike tiene la clara pretensión de que su nuevo fichaje domine el golf durante los próximos años y, esa certeza, supone un pilar más en su búsqueda de equilibrio. Solo probando y planteando nuevos escenarios alcanzará la estabilidad que necesita. Más allá de las críticas se hace evidente que la duda, como decía Borges, es uno de los nombres de la inteligencia.

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