Este sitio emplea cookies de Google para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies.

Blog

Atropellado por el Ejército de Arnie

Óscar Díaz | 10 de abril de 2014

Óscar Díaz, Augusta (Georgia). Augusta National, final del torneo de pares 3. Después de una maniobra de orientación magistral (cuán equivocado estaba), me las prometía muy felices y me había colocado en un lugar magnífico de camino al green del hoyo 9 para toparme cara a cara con Arnold Palmer, Jack Nicklaus y Gary Player, los “big three”, como los llaman por aquí, y posteriormente, aguardar al partido de Gonzalo Fernández-Castaño, Miguel Ángel Jiménez y José María Olazábal.

Allí estaba yo, todo ufano y pagado de mí mismo pensando en el rincón que ocupaba, el mejor sitio del universo y de parte del extranjero, dándole vueltas al grado de confianza que iba adquiriendo a la hora de moverme por el campo. Después del embobamiento inicial, con el paso de los días vas cogiendo soltura y en el Augusta National, pese a sus dimensiones, es muy fácil ubicarse. Las utilísimas spectator guides dan las pautas básicas, pero la acreditación también ayuda a superar alguna barrera que otra. Así era como había llegado a mi rinconcito, tirando de acreditación y atajando por la zona de camiones de la CBS (impresionante despliegue, por cierto), hasta llegar a una especie de pasarela con una fila de omnipresentes sillas verdes pero con una densidad de población soportable.

“Esta es la mía”, pensé después de que Palmer, Player y Nicklaus tiraran a green, y saqué a cámara con la intención de grabarles. Las imágenes no pasarían a la historia, pero serían un gran recuerdo y a lo mejor mis compañeros televisivos podrían aprovechar algo. Las tres leyendas salieron de la zona arbolada, empezaron a avanzar hacia la zona donde yo estaba y me dispuse a afirmar el pulso y no fastidiarla en exceso con la toma. Tan concentrado estaba en mi labor que no me percaté del rumor que se iba generando a mi derecha, un ruido sordo producido por una marea humana que a saber de dónde había salido (el campo de pares 3 es bastante recoleto) y que pretendía alcanzar al partido estelar en el green del 9.

Unos segundos después, empecé a recibir los primeros roces que no tardaron en convertirse en empellones cuando la pasarela se saturó de humanidad ansiosa y apresurada. Eso sí, cada golpe improvisado se daba con mucha educación, siempre acompañado del correspondiente “excuse me” o “sorry”, pero las buenas palabras de poco sirvieron para sacar algún plano decente. Aunque a lo mejor puedo venderle las imágenes a Balagueró y Plaza para la próxima peli de la serie REC: cámara apabullado por la marea de zombis del “Arnie’s Army”, reforzados por los fans de Player y Nicklaus…

Poco después llegaron los españoles, Jiménez acompañado de su futura mujer, Olazábal con el fiel Pello Iguarán y Fernández-Castaño, sonriente e incansable en la firma de autógrafos, con Eduardo Vizcaya, el afortunado ganador del sorteo que se celebró entre los huéspedes del madrileño de esta semana para ejercer de caddie en este torneo.

Y después de la fiesta de los pares 3, con la miríada de instantáneas inolvidables protagonizadas por los caddies improvisados (aunque este año han afinado más con las tallas de los monos de los más pequeños), decidí seguir con el repaso a los tópicos del campo con la inevitable visita al Founder’s Circle, la placita ubicada al final de Magnolia Lane, que está frente a la casa club y cuya rotonda está adornada con un parterre de flores amarillas con el logotipo de Augusta.

En qué hora se me ocurrió, por cierto. Recién salido de la experiencia traumática de la avalancha, me encontré con otra aglomeración humana, una larga y ordenada cola de “patrons” (como llaman aquí a los espectadores). Aun así, y siguiendo la directriz “ya que estoy…” que tanto daño ha hecho a la humanidad, me armé de paciencia y me dispuse a esperar mi turno para inmortalizar la entrada, ya que a partir del jueves prohíben terminantemente el uso de cámaras fuera de las zonas establecidas. Y al llegar al lugar en cuestión, sorpresa. Frente a la hermosa casa club, por detrás de la rotonda, el parterre, las flores y la bandera, el aparatoso camión de una empresa de catering, un recuerdo que compartimos los cientos de personas que decidimos guardar cola para hacer la foto de marras.

El Founder’s Circle (y el camión de catering)

El Founder’s Circle (y el camión de catering)

Eso sí, el trato de los voluntarios es exquisito. Además del personal de seguridad que pastoreaba al rebaño (con la mejor de las sonrisas, todo sea dicho), cuatro voluntarios ejercían de fotógrafos en el Founder’s Club para que todo el mundo se fuera con el correspondiente retrato, un trabajo ímprobo. Por cierto, nuestro compañero Nacho Gervás nos contaba qué recibían los voluntarios a cambio de sus esfuerzos: vestuario completo, siete dólares al día para comer y la posibilidad de obtener dos pases vitalicios y heredables. Eso sí, para ello tendrán que ejercer de voluntarios en veinticinco ediciones del Masters, una cifra imponente, pero no son pocos los que se deciden a perseguir este exigente objetivo. Y ustedes, ¿qué estarían dispuestos a hacer para conseguir estos dos pases vitalicios?

Deja un comentario

Si estás registrado, la publicación de tus comentarios será instantánea. Asegúrate de escribir correctamente tanto tu nombre de usuario como la dirección de correo electrónico que incluiste durante el registro.
Si no estás registrado, tus comentarios quedarán pendientes de moderación. Regístrate aquí.

Comentario: