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	<title>Crónica Golf &#187; Historia</title>
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	<description>Todo el mundo del golf a tu alcance</description>
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		<title>Bolas de plumas</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 19:41:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Que el golf es un deporte para ricos dejó de ser cierto hace mucho tiempo. Cualquiera que se acerque a este deporte se encontrará con una amplísima panoplia de palos y bolas con unos rangos de precios aptos para casi todos los bolsillos. Pero las cosas no siempre fueron así. Hace unos cuantos cientos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Que el golf es un deporte para ricos dejó de ser cierto hace mucho tiempo. Cualquiera que se acerque a este deporte se encontrará con una amplísima panoplia de palos y bolas con unos rangos de precios aptos para casi todos los bolsillos. Pero las cosas no siempre fueron así. Hace unos cuantos cientos de años, el factor limitante para jugar al golf era el material, y especialmente la bola.<span id="more-43750"></span></p>
<p>La opinión generalizada entre los historiadores del golf es que a las formas más primitivas del golf se jugaba con bolas de madera. Ese convencimiento surge de que a los juegos que se tienen como precursores del golf, como el <em>jeu de mall</em>, el <em>kolven </em>o la <em>paganica</em>, se jugaba con bolas de madera. Sin embargo, hay pocas pruebas sólidas en tal sentido puesto que hasta la fecha no se ha encontrado ninguna bola de madera con la que se jugara al golf. La llegada del siglo XVII trajo una nueva bola, la bola de plumas o <em>featherie</em> (<em>feather </em>en inglés significa pluma), que se convertiría en estándar durante doscientos cincuenta años.</p>
<h5>Manufactura de la featherie</h5>
<p>Una <em>featherie </em>constaba de una cubierta de cuero y un núcleo de plumas de ganso apelmazadas, aunque en los modelos más primitivos probablemente se usaba lana o crin de caballo. Las técnicas y habilidades necesarias para hacer una <em>featherie </em>pasaban oralmente de maestros a aprendices y nunca salían del taller, por lo que lo que sabemos hoy día proviene de los intentos contemporáneos de reproducir la fabricación de aquellas bolas.</p>
<p>Para hacer una <em>featherie </em>se comenzaba por recortar tres piezas de cuero de vaca, una en forma de cinta que formaría el ecuador de la bola y dos circulares para los casquetes, que se cosían con un hilo grueso encerado dejando un pequeño orificio por el que introducir las plumas. La esfera hueca de cuero se sumergía en agua y alumbre y se le daba la vuelta para dejar la costura hacia dentro.</p>
<p>Las plumas para el relleno debían ser del pecho del ganso, para que fueran pequeñas y, sobre todo, sin cañones que pudieran producir irregularidades en la superficie o incluso llegar a pincharla. Tradicionalmente se ha dicho para hacer una <em>featherie </em>hacía falta la cantidad de plumas necesaria para llenar un sombrero de copa, aunque los que han construido <em>featheries</em> siguiendo las formas tradicionales aseguran que son bastantes más.</p>
<div id="attachment_43754" class="wp-caption aligncenter" style="width: 580px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Plumas.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Plumas.jpg" alt="Cantidad de plumas necesarias para hacer una bola featherie (del libro Golf, history and tradition, de David Stirk)" title="Cantidad de plumas necesarias para hacer una bola featherie (del libro Golf, history and tradition, de David Stirk)" width="570" height="345" class="size-full wp-image-43754" /></a><p class="wp-caption-text">Plumas necesarias para hacer una bola featherie (del libro Golf, history and tradition, de David Stirk)</p></div>
<p>Las plumas se cocían primero y todavía empapadas y calientes se comenzaban a introducir con el dedo por la abertura que se había dejado en la bola. Cuando el dedo era incapaz de seguir, el <em>ballmaker </em>se ayudaba de un punzón con el mango en forma de T. Cuando la fuerza del brazo no era suficiente, el <em>ballmaker </em>se ponía un arnés con un vástago que salía del pecho en el que encastrar el punzón y así introducir las últimas plumas con la ayuda de su propio peso. Finalmente se cerraba el orificio, se golpeaba la bola con un mazo para eliminar irregularidades de la superficie y se dejaba secar. Al secarse, la piel encogía y las plumas se expandían, endureciendo aún más la bola. El resultado era una bola aproximadamente esférica, dura y firme como una piedra. Para acabar se le daban varias capas de pintura blanca y se estampaba el nombre del fabricante.</p>
<p>Tradicionalmente ser fabricante de bolas se consideró un oficio de riesgo. Se contaban truculentas historias de <em>ballmakers </em>empalados al romperse el vástago con el que se ayudaban para meter las últimas plumas. También se decía que sus condiciones de trabajo, respirando en un ambiente lleno de pelillos soltados por las plumas y haciendo una presión constante con el pecho para fabricar las bolas, resultaban deletéreas y que acababan muriendo de enfermedades pulmonares. Es cierto que la mortalidad por problemas pulmonares era muy alta, como lo era en toda la población, pero lo más probable es que la causa fuera más la tuberculosis, prevalente por aquel entonces, que una enfermedad pulmonar directamente atribuible a su oficio. Tampoco queda claro que tuvieran una esperanza de vida significativamente inferior al resto de la población.</p>
<h5>Grandes ballmakers</h5>
<div id="attachment_43753" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/John_Gourlay.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/John_Gourlay.jpg" alt="John Gourlay (fuente: mocgc.com)" title="John Gourlay (fuente: mocgc.com)" width="300" height="225" class="size-full wp-image-43753" /></a><p class="wp-caption-text">John Gourlay (fuente: mocgc.com)</p></div>
<p>Sin un estándar al que ceñirse ni un cuerpo normativo que seguir, el tamaño y el peso de la bola de plumas quedaba a la discreción de quien la hacía, que generalmente era un buen jugador de golf y se dejaba llevar por su experiencia y resultados. El peso venía determinado por el grosor de la cubierta de cuero, ya que la cantidad de plumas tenía una influencia despreciable. La mayoría de bolas pesaban entre los 40 y los 42 gramos. William Gourlay y después su hijo John, se distinguían por hacer bolas más pequeñas y pesadas, que volaban más por tanto, porque usaba un cuero de mayor grosor. La calidad del trabajo de los Gourlay les colocó como los mejores <em>ballmakers </em>de su tiempo, por encima del celebérrimo Allan Robertson. El apellido Gourlay se convirtió en sinónimo de <em>featherie </em>de calidad. </p>
<p>A pesar de lo primitivo de los materiales, una <em>featherie </em>era una bola muy viva, que volaba de forma estable por las pequeñas irregularidades de la superficie y las costuras, y que podía alcanzar gran distancia. Parece constatado que en 1836 un tal Samuel Messieux, profesor de francés en la Universidad de St Andrews, consiguió un drive de 361 yardas a través de los Campos Elíseos del hoyo 14 del Old Course. Que el golpe se consiguiera con viento a favor y sobre un terreno helado no le quita mérito.</p>
<div id="attachment_43766" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Featherie_Gourlay.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Featherie_Gourlay.jpg" alt="Featherie de John Gourlay" title="Featherie de John Gourlay" width="200" height="224" class="size-full wp-image-43766" /></a><p class="wp-caption-text">Featherie de John Gourlay</p></div>
<p>Como puede verse, la fabricación de una featherie era un proceso laborioso y difícil que se hacía enteramente a mano. Un buen <em>ballmaker </em>no podía hacer más de dos o tres bolas al día y si hacía más es que no era un buen ballmaker. Había formas de agilizar el proceso y de llegar a hacer cinco o seis bolas al día, como usar un cuero de menor grosor más fácil de coser e invaginar o introducir menos cantidad de plumas, pero daban como resultado bolas de inferior calidad. Allan Robertson, gran dominador del mercado de bolas junto con William Gourlay de Musselbugh, fabricaba en su taller, que era la cocina de su casa, unas 2500 bolas al año, con la ayuda de sus dos aprendices Tom Morris y Lang Willie.</p>
<h5>Pícaros y sillybodkins</h5>
<p>El precio que alcanzaban estas bolas era absolutamente prohibitivo, solo al alcance de las capas más altas de la sociedad. A modo de comparación, un <em>driver </em>de la época costaba 4 chelines escoceses, en tanto que una <em>featherie </em>costaba 15. Trasladados a nuestros tiempos, una docena de <em>featheries </em>costaría más de 100 euros. Aquellos que no podían permitirse usar <em>featheries</em>, que eran la inmensa mayoría, usaban una bola hecha a partir de una esfera de corcho a la que se le introducían clavos para aumentar su peso y que recibía el nombre de <em>sillybodkin</em>. El término <em>sillybodkin </em>se usaba para denominar a los chavales que usaban palos rotos o reconstruidos para jugar a algo similar al golf en la calles de la ciudad de St. Andrews y que usaban ese tipo de bola, que por extensión tomó el mismo nombre. Los <em>sillybodkins</em> (literalmente, &#8220;punzones bobos&#8221;) eran el temor de las farolas, ventanas, perros dormidos e incluso transeúntes de St. Andrews.</p>
<p>Al imposible precio de la <em>featherie </em>había que sumar su escasa durabilidad. Era una bola que se desgastaba con suma facilidad y rara vez daba para más de una vuelta. Lo normal es que un caballero iniciara una vuelta con cuatro o cinco bolas. </p>
<p>Todo ello hizo crecer la importancia de los <em>caddies</em>, especialmente los <em>forecaddies</em> (“oteadores” o “<em>caddies </em>adelantados”), a la hora de marcar el sitio donde aterrizaba la bola, para sacarla rápido de los charcos evitando que se convirtiera en una masa fofa de cuero y plumas,  y  para ayudar en su búsqueda cuando iba a mal sitio. Siendo las <em>featheries </em>caras como eran, muchos olvidaban esas nobles tareas y se dedicaron a idear las más variadas tretas con el fin de que el caballero perdiera la bola. Recordemos que un buen porcentaje de <em>caddies </em>del XIX eran poco más que rufianes y desaprensivos, cuyas artimañas encajarían limpiamente en la mejor tradición de la novela picaresca de nuestro Siglo de Oro.</p>
<div id="attachment_43757" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Trapdoor_Willie.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Trapdoor_Willie.jpg" alt="Trapdoor Willie (del libro A wee nip at the 19th hole, de Richard Mackenzie)" title="Trapdoor Willie (del libro A wee nip at the 19th hole, de Richard Mackenzie)" width="300" height="407" class="size-full wp-image-43757" /></a><p class="wp-caption-text">Trapdoor Willie (A wee nip at the 19th hole, de R. Mackenzie)</p></div>
<p>La más elaborada de las trapacerías la desarrolló Willie “el trampilla” (<em>Trapdoor </em>Willie). Este pájaro fingía tener una pierna más corta que la otra y para llevar una bota ortopédica con una suela mucho más gruesa. La suela de la bota estaba hueca y en el tacón llevaba una trampilla de modo que con solo pisar la bola con el tacón, la trampilla se abría y la bola pasaba a alojarse en la suela. Se dice que le podían caber hasta media docena de bolas.</p>
<p>Otra de las prácticas arteras consistía en remover el fondo del Swilcan Burn aguas arriba del Old Course, con el fin de que las aguas bajaran turbias y no fuera posible ver las bolas que iban a parar a él. Cuando el jugador abandonaba el lugar, bastaba con dejar pasar un rato para que el agua se aclarase y poder recuperar la bola tranquilamente.</p>
<p>La bola de plumas comenzó a ver el final de sus dos siglos de historia a partir de 1848 con la llegada de la bola de gutapercha y de los palos de cabeza metálica, que literalmente destrozaban la bola de plumas. Pero eso es otra historia.</p>
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		<title>La guerra de los conejos</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 07:42:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[James Cheape]]></category>
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		<description><![CDATA[Vivimos tiempos de enormes convulsiones económicas, tiempos de recesión, bancarrotas, rescates y severos recortes que amenazan prestaciones, servicios y derechos que teníamos asumidos como propios y naturales. Con el debido respeto y guardando las precisas distancias, la ciudad de St. Andrews vivió una época de similar oscuridad económica que hizo peligrar el mismísimo Old Course, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vivimos tiempos de enormes convulsiones económicas, tiempos de recesión, bancarrotas, rescates y severos recortes que amenazan prestaciones, servicios y derechos que teníamos asumidos como propios y naturales. Con el debido respeto y guardando las precisas distancias, la ciudad de St. Andrews vivió una época de similar oscuridad económica que hizo peligrar el mismísimo Old Course, que solo se salvó gracias a la generosidad de un potentado de la ciudad.<span id="more-43322"></span></p>
<h5>Esplendor y declive</h5>
<p>Aunque nunca se reconoció como capital de Escocia, St. Andrews fue de facto la capital cultural y religiosa de Escocia durante siglos. Cuenta la tradición que San Regulo huía para salvar las reliquias del apóstol San Andrés cuando su barco naufragó frente al pueblo de Kilrymont, actual St. Andrews. San Régulo se estableció en Kilrymont y construyó una iglesia para albergar las reliquias que a partir de 1158 se transformaría en catedral, la más grande de su tiempo. La catedral y las reliquias hicieron de St. Andrews el principal centro de peregrinación católica en las islas y alcanzó el status de capital eclesiástica de Escocia.</p>
<p>Los peregrinos trajeron dinero y éste una prosperidad que posibilitó la fundación de la tercera universidad en tierras británicas después de las de Oxford y Cambridge. A finales del siglo XV, St. Andrews era una ciudad cosmopolita con una vasta influencia política y económica en toda Europa.</p>
<p>La llegada del siglo XVI marcó el principio del fin de su periodo de esplendor. Primero la Reforma Escocesa de John Knox en 1559, que borró al catolicismo del mapa, y la Guerra de los Tres Reinos el siglo siguiente, supusieron la pérdida de su situación preeminente y un cambio en las influencias políticas, al ganar peso Inglaterra con respecto a Francia. La ciudad entró en declive y comenzó a tener dificultades económicas que llegaron hasta el punto de amenazar la permanencia de la universidad a finales del siglo XVII en favor de la más próspera Perth.</p>
<h5>Bancarrota y malas decisiones</h5>
<p>A las dificultades económicas se le sumó una serie de gobernantes locales especialmente ineptos y manirrotos, muy dados a celebrar cualquier ocasión y acuerdo, por nimio que fuera, con gran aparato y profusión de viandas. El resultado fue que en 1797 St. Andrews estaba en bancarrota. Ese año, el ayuntamiento de St. Andrews hipoteca el <em>links</em> a dos caballeros locales, Robert Gourlay y John Gunn, a cambio de 2080 libras, pero con una cláusula que les facultaba a subastarlo, en todo o en parte, antes de ese noviembre. Gourlay y Gunn no perdieron el tiempo y en octubre vendieron parte del <em>links</em> a Thomas Eskine de Cambo por 805 libras.</p>
<p>Dos años después, un 4 de diciembre, los copropietarios decidieron la venta de todo el terreno situado entre el mar y el Swilcan Burn, (que incluía todo el Old Course actual salvo el tee del 1, el green del 18 y su calle compartida) a dos comerciantes locales, padre e hijo, llamados Charles y Cathcart Dempster. La venta del <em>links</em> a los Dempster dio inicio a más de veinte años de litigios y luchas entre los Dempster, los jugadores de golf y el propio pueblo de St. Andrews.</p>
<p>Los Dempster eran comerciantes con un amplio abanico de intereses en St. Andrews y vieron en el <em>links</em> la oportunidad de abrir nuevas líneas de negocio. Para ello decidieron usar el <em>links</em> para la cría de conejos, como fuente de carne y pieles. Los conejos que se soltaron hicieron honor a su fama reproductora y en poco tiempo todo el <em>links</em> quedó convertido en una inmensa conejera, a la vez que se arruinaba la zona dedicada al golf. </p>
<p>Una de las condiciones de venta del <em>links</em> a Gourlay y Gunn establecía que <em>“no se le hará ningún daño de ese modo al campo de golf, ni podrán sus propietarios arar ninguna parte de dicho <em>links</em> de Pilmour en tiempos venideros, puesto que se reserva completamente como ha sido en el pasado para el uso y disfrute de los habitantes y de aquellos que a él recurran para disfrutarlo”</em>. A esa clausula apelaron los miembros de Society of St. Andrews Golfers (precursor inmediato del Royal &#038; Ancient) y otros jugadores locales para tratar de invalidar la venta. </p>
<p>En octubre de 1801, el entonces capitán de la Society of St. Andrews Golfers, George Cheape, se quejó al ayuntamiento de la destrucción del campo de golf y dos años después inició una recogida de fondos para costear la apelación al Tribunal Superior de Justicia. Llegaron contribuciones de todo el mundo, desde la India a las Antillas, consiguiendo reunir unas impresionantes 1000 libras en breve espacio de tiempo. En 1806, el ayuntamiento se unió a la causa y llevaron el caso a la corte suprema, defendiendo el derecho de los jugadores de golf y los habitantes de St. Andrews a matar los conejos, derecho que les fue reconocido. Por su parte, y desde el punto de vista normativo, la Society of St. Andrews Golfers emitió una regla local que permitía el alivio sin penalización cuando una bola reposaba en una zona dañada por los conejos, regla que ha permanecido hasta nuestros días de una u otra forma.</p>
<p>Como era de esperar, los Dempster no quedaron conformes y apelaron a la Cámara de los Lores argumentando que de las 113 hectáreas de terreno, solo 4 estaban dedicadas al golf y que por tanto no podía impedírseles que desarrollaran sus legítimas actividades empresariales. Los Lores apreciaron los razonamientos de los Dempster y decidieron que el caso volviera al Tribunal Superior de Justicia. Mientras tanto, la guerra de los conejos seguía, con los jugadores locales y los miembros de la Society of St. Andrews Golfers matando conejos y peleándose con los aparceros de los Dempster. </p>
<h5>Resolución de la guerra</h5>
<p>El conflicto acabó en 1821, no por una resolución de la justicia, sino por la intervención de James Cheape, de Strathtyrum, que compró los derechos del <em>links</em> a los Dempster por una cantidad de 42 libras anuales. En la cena de anual de la Society of St. Andrews Golfers, Cheape dijo: <em>“Haciendo esto, estoy seguro de que al poner fin a cualquier litigio futuro, estoy prestando servicio a mis sucesores y también a la Sociedad. Caballeros, he salvado el links para el golf”.</em> Dos años después moría James, siendo sucedido por su hermano George, que liquidó la deuda en 1848 y cedió el campo a la ciudad. </p>
<p>La decisiva intervención de la familia Cheape queda reconocida al darle su nombre a un gran bunker situado en el hoyo dos cerca del codo que forma el Old Course Hotel y que también influye en el golpe de salida del hoyo 17. Puede que para algunos un bunker sea poco homenaje, pero para un jugador poco honor puede ser mayor que tener su nombre indisolublemente unido al Old Course.</p>
<div id="attachment_43324" class="wp-caption aligncenter" style="width: 580px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Bunker_Cheape.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/12/Bunker_Cheape.jpg" alt="El búnker de Cheape" title="El búnker de Cheape" width="570" height="266" class="size-full wp-image-43324" /></a><p class="wp-caption-text">El búnker de Cheape</p></div>
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		<title>La Primera Guerra Mundial y el golf (segunda parte)</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2011 02:19:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este es el segundo artículo (y final) en el que José Ramón Rodríguez da un repaso a los avatares sufridos por el golf en el transcurso de la Primera Guerra Mundial y hasta qué punto afectó esta contienda global a nuestro querido deporte. La primera parte, centrada en la influencia que tuvo la guerra sobre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Este es el segundo artículo (y final) en el que José Ramón Rodríguez da un repaso a los avatares sufridos por el golf en el transcurso de la Primera Guerra Mundial y hasta qué punto afectó esta contienda global a nuestro querido deporte. La primera parte, centrada en la influencia que tuvo la guerra sobre los materiales, los clubes y los profesionales de golf, podéis encontrarla <a title="La Primera Guerra Mundial y el golf (primera parte)" href="http://www.cronicagolf.com/la-primera-guerra-mundial-y-el-golf-primera-parte/" target="_self">aquí</a>.</p></blockquote>
<p><span id="more-23742"></span></p>
<h5>El golf en el continente: Ruhleben</h5>
<p>Pocos meses después de iniciada la guerra, el gobierno alemán emitió un decreto por el cual todos los ingleses varones con edades comprendidas entre los 17 y los 75 años, excepto los sacerdotes, médicos, locos e inválidos encamados, y todos los militares de cualquier edad independientemente de que estuvieran en activo, en la reserva o retirados, fueran detenidos el 6 de noviembre de 1914 e internados. Como lugar de confinamiento se eligió el hipódromo de Ruhleben, un pueblo próximo a Spandau que distaba unos 10 km de Berlín.</p>
<p>Entre 4.000 y 5.000 hombres sufrieron presidio en Ruhleben, entre los que se encontraban un buen puñado de jugadores de golf que ejercían a la sazón como profesionales en distintos campos de Alemania o de los territorios ocupados. Las condiciones de vida en Ruhleben fueron muy duras durante los primeros meses, pero la adopción de la Segunda Convención de Ginebra las dulcificó notablemente, hasta el punto de permitir que Ruhleben evolucionara hacia una comunidad con autogobierno que se convirtió en una especie de pequeña colonia inglesa en Alemania.</p>
<div id="attachment_23745" class="wp-caption aligncenter" style="width: 580px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Bond_Street_Ruhleben.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Bond_Street_Ruhleben.jpg" alt="Panorámica de Bond Street, en el interior de Ruhleben" title="Panorámica de Bond Street, en el interior de Ruhleben" width="570" height="301" class="size-full wp-image-23745" /></a><p class="wp-caption-text">Panorámica de Bond Street, en el interior de Ruhleben</p></div>
<p>Con el tiempo, en Ruhleben podía llevarse a cabo cualquier actividad (incluso trámites oficiales) que pudiera hacerse en Gran Bretaña, entre ellas la práctica de diversos deportes como el fútbol, el críquet, el tenis o el rugby. El 17 de abril de 1915, el Sr. M. G. Fisher solicita oficialmente permiso para jugar al golf todas las mañanas de 8 a 9, antes de que se abriera el patio para el resto de los presos. La proposición fue aceptada y la práctica del golf se hizo popular con rapidez. Los profesionales detenidos retomaron su labor docente previa, además de convertirse en improvisados clubmakers, puesto que eran ellos los que construían los palos necesarios para el juego. Las bolas, por el contrario, se importaban de Gran Bretaña.</p>
<p>En el hipódromo se diseñó un campo de cinco hoyos de 250&#215;100 yardas en un terreno esencialmente arenoso con escasas zonas de hierba. La popularidad del golf llegó a ser tal que hacia el final de la vida de Ruhleben, cuando solo quedaban unos 2.500 presos, 800 de ellos pertenecían al club de golf. En esos momentos los jugadores tenían derecho a usar el patio en exclusiva para la práctica del golf dos horas por la mañana y dos horas por la tarde todos los días, medio día una vez a la semana y una semana completa cada tres meses para el desarrollo de torneos. Además había una zona acotada con redes para practicar que podía usarse en todo momento.</p>
<div id="attachment_23750" class="wp-caption aligncenter" style="width: 450px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Plano_Ruhleben.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Plano_Ruhleben.jpg" alt="Plano del presidio de Ruhleben" title="Plano del presidio de Ruhleben" width="440" height="346" class="size-full wp-image-23750" /></a><p class="wp-caption-text">Plano del presidio de Ruhleben</p></div>
<p>Buena prueba de todo ello son estas líneas de Arthur Dodd, prisionero en Ruhleben y segundo clasificado en el Campeonato Amateur Alemán de 1909 y 1910.</p>
<p><em>&#8220;Era bastante divertido ver a los entusiastas del golf, quizás unos doscientos, corriendo hacia el campo inmediatamente después de que se abrieran las puertas, la mayoría con un viejo hierro cogido de cualquier sitio y golpeando desde el tee, que medía unas 150 yardas. Todo el mundo golpeaba más o menos a la vez, yo todavía tengo una marca en la nariz de un involuntario drive de alguno de aquellos entusiastas&#8221;.</em></p>
<div id="attachment_23753" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Robert_Murray.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Robert_Murray.jpg" alt="Murray, campeón de Alemania de golf en 1930" title="Murray, campeón de Alemania de golf en 1930" width="200" height="292" class="size-full wp-image-23753" /></a><p class="wp-caption-text">Murray, campeón de Alemania en 1930</p></div>
<p>En Ruhleben se celebraron tres torneos para profesionales con periodicidad anual. En 1915 tuvo lugar el primero, en el que tomaron parte Robert Murray de Dresde, James B. Holt de Hamburgo, William Jackson de Colonia, Ernest Warburton de Kiel, Frank Richardson de Bremen, C. Culling de Darmstadt, Jock Brown de Berlín y Arthur Andrews de Hannover, y para el que los miembros de Club de Golf de Ruhleben donaron cuatro premios. Después de 35 hoyos, Murray tenía un putt de tres metros para ganar el torneo, pero lo falló y finalizó empatado con Holt, con lo que se jugó un playoff a 12 hoyos que acabó ganando Murray por tres golpes. Los otros dos campeonatos los ganaron Frank Richardson y Ernest Warburton.</p>
<p>Acabada la guerra, Ruhleben volvió a su uso previo y en las olimpiadas de 1936 sirvió de sede a las pruebas de tiro del pentatlón moderno.</p>
<h5>Estados Unidos</h5>
<p>A pesar de la promulgación de la <em>Selective Service Act</em> en 1917, que condujo al llamamiento a filas de varios millones de americanos, y de la intensa campaña de propaganda para popularizar la idea de Woodrow Wilson de “hacer un mundo seguro para la democracia”, la repercusión de la Primera Guerra Mundial en el golf americano fue escasa. Del <strong>US Open</strong> solo se suspendieron dos ediciones, las de 1917 y 1918, a partir de la entrada de los Estados Unidos en la guerra y aun así la decisión recibió duras críticas.</p>
<div id="attachment_23746" class="wp-caption alignright" style="width: 210px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Chick_Evans.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Chick_Evans.jpg" alt="Chick Evans, campeón del US Open" title="Chick Evans, campeón del US Open" width="200" height="334" class="size-full wp-image-23746" /></a><p class="wp-caption-text">Chick Evans, campeón del US Open</p></div>
<p>Lo más reseñable fue la enorme movilización que se produjo entre los jugadores de golf más famosos para recaudar fondos. Walter Hagen, Jerome Travers y Chick Evans, ganadores de los tres últimos <strong>US Open </strong>previos a la guerra por citar algunos, recorrieron todo el país disputando partidos de exhibición, mientras que la  USGA firmó un acuerdo de colaboración con la Cruz Roja para la disputa de torneos benéficos que logró recaudar un millón de dólares. Estas contribuciones desinteresadas ayudaron a cambiar el concepto que se tenía de los profesionales como jugadores de segunda y llevó a la sociedad la idea de que el deporte profesional era solidario.</p>
<p>El multimillonario John D. Rockefeller impulsó la celebración de un torneo benéfico en clubes de todo el país que se disputaría el primer sábado después de firmado el armisticio. Se fijo un precio de un dólar pero se animaba a todos los participantes a donar cuanto fuera posible para beneficencia. Además, Rockefeller donó 1.200 medallas para los ganadores de cada club, que mostraban en su anverso la efigie del mariscal Ferdinand Foch, un destacado héroe militar francés que luchó en las dos batallas del Marne, en la primera batalla de Ypres, en la batalla del Somme, que participó en el armisticio y que, de acuerdo con el New York Times, era un entusiasta del golf.</p>
<div id="attachment_23749" class="wp-caption aligncenter" style="width: 549px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Medalla_Foch.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Medalla_Foch.jpg" alt="Reverso y anverso de la Medalla Foch" title="Reverso y anverso de la Medalla Foch" width="539" height="250" class="size-full wp-image-23749" /></a><p class="wp-caption-text">Reverso y anverso de la Medalla Foch</p></div>
<p>La mujer no fue ajena a este movimiento solidario. Alexa Stirling, ganadora en tres ocasiones del <strong>US Amateur</strong> femenino, se unió a Bobby Jones, Perry Adair y Elaine Rosenthal, para formar los llamados Dixie Whiz Kids que recorrieron la costa este y el medio oeste dando partidos de exhibición y recaudando más de 150.000 dólares. Margaret Curtis, también tres veces ganadora del <strong>US Amateur</strong> y ganadora del <strong>US Open</strong> de tenis, se unió a la Cruz Roja y marchó a Francia, motivo por el que le fue otorgada la Legión de Honor.</p>
<div id="attachment_23747" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Dixie_Whiz_Kids.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Dixie_Whiz_Kids.jpg" alt="Adair, Rosenthal, Jones y Stirling antes de un partido" title="Adair, Rosenthal, Jones y Stirling antes de un partido" width="300" height="267" class="size-full wp-image-23747" /></a><p class="wp-caption-text">Adair, Rosenthal, Jones y Stirling antes de un partido</p></div>
<p>Francis Ouimet, héroe e icono del golf americano, agrandó su mito al alistarse voluntario en 1917. Fue destinado a Camp Devens en Ayer, Massachusetts, un campamento de adiestramiento y punto de partida para el Viejo Continente, que Ouimet jamás abandonó y donde sirvió hasta 1919 llegando a ser teniente segundo. Ouimet contribuyó como muchos otros con partidos de exhibición y fue tal la repercusión de su servicio a la patria, que en 1918 recibió la medalla de la Cruz Roja Americana  <em>“en reconocimiento de la ayuda a la humanidad durante la Primera Guerra Mundial”</em>. Puede que todo ello empujara a la USGA a decidir devolverle el status amateur del que le había desposeído años antes en una decisión enormemente polémica.</p>
<h5>Lo que queda de la Gran Guerra</h5>
<p>Pasados casi 100 años desde su inicio, podemos decir que la impronta que dejó la Primera Guerra Mundial en el golf fue escasa. Es cierto que al estar buena parte de los hombres en tareas militares, el porcentaje de mujeres jugadoras aumentó y que como consecuencia de ello, los clubes pusieron a su disposición más <em>tee-times</em>, permitiéndoles jugar incluso los fines de semana, antes reservados a los hombres. De esa forma se favoreció un cambio de consideración de la mujer en los clubes de golf, pasando de ser un mero asociado de segunda a miembro de pleno derecho. De la misma forma, la escasez de mano de obra masculina hizo posible que muchas mujeres entraran a formar parte del personal de mantenimiento de los clubes de golf, demostrando que podía desempeñar las mismas tareas que los hombres y con la misma eficacia.</p>
<div id="attachment_23748" class="wp-caption alignright" style="width: 210px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Margaret_Curtis.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Margaret_Curtis.jpg" alt="Margaret Curtis, as del tenis y el golf" title="Margaret Curtis, as del tenis y el golf" width="200" height="292" class="size-full wp-image-23748" /></a><p class="wp-caption-text">Margaret Curtis, as del tenis y el golf</p></div>
<p>Sin embargo no sería acertado atribuir a las condiciones impuestas por la Primera Guerra Mundial el mérito exclusivo del reconocimiento de los derechos de la mujer, puesto que ese era un movimiento social que databa de años antes, que supo aprovechar la situación propicia que imponía la coyuntura bélica y que consiguió uno de sus grandes éxitos en 1918 cuando se reconoció el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años.</p>
<p>Hoy en día, lo único que queda en el mundo del golf de la Primera Guerra Mundial es un nombre. En 1991 Callaway Golf lanzó al mercado un el primer driver hecho enteramente de acero inoxidable, de unos descomunales 190 cc para la época, que denominó Big Bertha, como el mítico cañón alemán que hizo su debut en los ataques a los fuertes de Amberes y Lieja.</p>
<blockquote><p>Si os habéis quedado con ganas de más, os recordamos que José Ramón ya repasó para nosotros la historia del golf en Estados Unidos en tres magníficos ensayos que podéis encontrar <a title="El origen del golf en EE. UU." href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano/" target="_self">aquí</a>, <a title="El origen del golf en EE. UU.: los pioneros" href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano-los-pioneros/" target="_self">aquí </a>y <a title="El origen del golf en EE. UU.: la hazaña de Ouimet" href="http://www.cronicagolf.com/los-origenes-del-golf-americano-la-hazana-de-ouimet/" target="_self">aquí</a>.</p></blockquote>
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		<title>La Primera Guerra Mundial y el golf (primera parte)</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Mar 2011 19:52:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Este es el primero de una serie de dos artículos en los que José Ramón Rodríguez nos habla del difícil momento que vivió el golf durante la Primera Guerra Mundial y de la influencia que tuvo esta contienda global en nuestro querido deporte. Os recordamos que José Ramón ya repasó para nosotros la historia del golf en Estados Unidos en tres magníficos ensayos que podéis encontrar <a title="El origen del golf en EE. UU." href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano/" target="_self">aquí</a>, <a title="El origen del golf en EE. UU.: los pioneros" href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano-los-pioneros/" target="_self">aquí </a>y <a title="El origen del golf en EE. UU.: la hazaña de Ouimet" href="http://www.cronicagolf.com/los-origenes-del-golf-americano-la-hazana-de-ouimet/" target="_self">aquí</a>.</p></blockquote>
<p><span id="more-22413"></span></p>
<p>La Primera Guerra Mundial fue el resultado de múltiples conflictos regionales y de seculares rencillas entre países, que encontraron terreno abonado en unas naciones que venían de un largo periodo de paz y prosperidad económica que habían aprovechado para potenciar sus ejércitos. Los distintos gobiernos vivían en un estado de euforia que les llevó a desear verdaderamente la guerra. Todos pensaban que sería una contienda corta y que se saldaría con una victoria rápida y contundente que daría paso a un largo periodo de estabilidad. El resultado fue justo el contrario: la mezcla de ideas estratégicas del siglo XIX con armas del siglo XX produjo una guerra larga y cruenta cuya mala resolución sentó las bases para el surgimiento del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>No hubo actividad en Europa que no se viera afectada por la contienda y el golf no fue una excepción. El torneo de golf por antonomasia, el <strong>Open Championship</strong>, no se disputó de 1915 a 1919 por culpa de la Primera Guerra Mundial, y muchos otros torneos se anularon o se vieron afectados por el devenir de la guerra. En el continente apenas hubo consecuencias para el mundo del golf porque, salvo Francia (donde se suspendió la celebración de su abierto nacional el mismo quinquenio que el <strong>Open Británico</strong>) ningún país contaba con una tradición de más allá de veinte o treinta años. En las Islas Británicas las cosas fueron distintas.</p>
<h5>El material</h5>
<p>Como era de esperar en un periodo bélico hubo escasez de material para jugar al golf, pero esa escasez de debió más a la falta de mano de obra, movilizada en su mayoría, que a la propia escasez de materias primas. A pesar de que fábricas como <strong><em>Dunlop </em></strong>contrataron mujeres para seguir con su producción de bolas, estas se fueron convirtiendo en un bien escaso a lo largo de la guerra hasta el punto de que, hacia 1918, era francamente difícil encontrar bolas nuevas. La mayoría de profesionales trataban de reparar las bolas que iban usando y se extendió entre la chavalería el lucrativo pasatiempo de buscador de bolas.</p>
<p>En 1917 el gobierno británico decretó un embargo sobre las importaciones de nogal americano, pero tuvo escaso impacto en la fabricación de palos de golf por varios motivos. Primero, los palos eran bastante más duraderos que las bolas y no necesitaban ser repuestos con frecuencia. Segundo, el mercado era escaso ya que buena parte de los potenciales jugadores estaba movilizada; y tercero, los clubmakers disponían de un stock de nogal suficiente para hacer frente a la escasa demanda.</p>
<h5>Los clubes</h5>
<p>Todas las competiciones de golf se suspendieron durante la guerra. Los clubes, como muchas otras entidades, sufrieron las consecuencias de la falta de mano de obra por lo que su mantenimiento se resintió. Además una buena parte de los miembros de los distintos clubes habían sido movilizados, por lo que los clubes tuvieron que decidir qué hacer con las cuotas de aquellos miembros que no podían hacer uso de sus derechos por encontrarse dedicados a tareas más elevadas. En general se adoptaron dos soluciones: la mayoría suspendió el pago de las cuotas y los menos las redujeron en un porcentaje no inferior al 50%.  Esta falta de ingresos se sumó a la de mano de obra, lo que perjudicó aún más el mantenimiento.</p>
<p>Aquellos clubes que ocupaban enclaves estratégicos fueron requisados para darles un uso militar. Otros se emplearon como campos de entrenamiento, cuarteles, campos de refugiados u hospitales y centros de la Cruz Roja, en tanto que otros muchos se destinaron a la producción de alimentos reconvirtiéndose, en todo o en parte, en explotaciones agrícolas o ganaderas. Como ejemplo extremo de las repercusiones del uso militar de los clubes de golf se pueden citar los casos de los clubes de Aldenburgh y Yarmouth que quedaron virtualmente destruidos con sus calles llenas de alambre de espino y trincheras.</p>
<p>Con todo, hubo clubes que lograron zafarse del uso militar. El oficial al mando de la Primera División de Londres reclamó el uso del club de golf de Woking para hacer maniobras. El consejo rector del club aceptó e inmediatamente después reaccionó haciendo miembros honoríficos a todos los oficiales de la división. Como consecuencia de ello, las maniobras que se hicieron en el club fueron anecdóticas y, sin embargo, a los jerarcas de la división se les veía con frecuencia disfrutando de las instalaciones del club dándoles el uso para el que originalmente estaban concebidas. A otros clubes simplemente los dejaron en paz, como es el caso de Walton Heath. Tal vez fuera por pura casualidad, o porque no ofrecía interés militar, o porque George Ridell, a la sazón secretario de prensa del gobierno de Lloyd George, con quien jugaba con frecuencia en Walton Heath acompañado de Winston Churchill, era miembro del club.</p>
<p>Solo en unos pocos clubes la vida siguió más o menos como antes de la guerra. Royal Lytham and St Anne&#8217;s continuó con una actividad prácticamente normal, con las naturales dificultades de un periodo bélico, y llegó incluso a tener beneficios. Prueba de ello es que para celebrar la finalización de la guerra organizó una fiesta para la que se encargaron 41 docenas de botellas de champagne, 15 docenas de medias botellas, 200 puros Romeo y Julieta y 110 docenas de botellas de oporto añejo.</p>
<div id="attachment_22405" class="wp-caption aligncenter" style="width: 580px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/braid.jpg"><img class="size-full wp-image-22405" title="James Braid disputando un partido de exhibición en Wimbledon Common" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/braid.jpg" alt="James Braid disputando un partido de exhibición en Wimbledon Common" width="570" height="283" /></a><p class="wp-caption-text">James Braid disputando un partido de exhibición en Wimbledon Common</p></div>
<h5>Los profesionales</h5>
<p>Como era de esperar en época de guerra, muchos profesionales fueron reclutados y enviados al frente. Algunos de los que no lo fueron se dedicaron a tareas auxiliares o se presentaron voluntarios. Ejemplo de lo primero fue el Gran Triunvirato (Harry Vardon, J.H. Taylor y James Braid, que acumularon 16 triunfos en las 21 ediciones del Open celebradas entre 1894 y 1914). Ejemplo de lo segundo fue Albert Tingey y su Brigada Niblick.</p>
<p>A Vardon, Taylor y Braid la guerra les cogió bien entrada la cuarentena, por lo que no fueron movilizados. Pero ello no significó que se desmarcaran completamente del esfuerzo bélico de su país. Harry Vardon comenzó a trabajar en una granja de Totteridge, Taylor sirvió en un comedor de la Cruz Roja y Braid en una fábrica de munición. Además disputaron decenas de partidos de exhibición por todo el país para recaudar fondos para la causa.</p>
<div id="attachment_22425" class="wp-caption alignleft" style="width: 135px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Tingey.jpg"><img class="size-full wp-image-22425" title="Albert Tingey" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/Tingey.jpg" alt="Albert Tingey" width="125" height="207" /></a><p class="wp-caption-text">Albert Tingey</p></div>
<p>Albert Tingey era profesional en Fontainebleau cuando le sorprendió la guerra. Inició una peligrosa huída para escapar del avance alemán hasta alcanzar Dieppe, en la cual perdió todo lo que poseía. Llegado al Reino Unido encontró acomodo como profesional en el Club de Golf de Woodcote.</p>
<p>Impresionado por su temeraria huída, habló con Charles Mayo de la posibilidad de promover el alistamiento voluntario entre los profesionales del golf, de forma que pudieran combatir todos juntos. Puesto en contacto con George Duncan y William Reid, logró el apoyo entusiasta de Asociación de Profesionales de Golf que se encargó de contactar con los distintos profesionales y asistentes, con una sola limitación: todos debían ser solteros.</p>
<p>En octubre de 1914, se dieron cita en Londres 26 profesionales solteros que habían sido encontrados aptos para el servicio. Comieron en Gatti&#8217;s y se reunieron en Trafalgar Square para una sesión de fotos antes de ser destinados a los Fusileros Reales en Winchester y partir para el continente. Tingey fue escribiendo puntuales cartas a <em>Golf Monthly</em> donde iba narrando los avatares de la llamada Brigada Niblick. De los 26 solo cinco acabaron la guerra sin ser heridos, pero ninguno lo fue de gravedad. Recordamos que &#8220;<em>niblick</em>&#8221; es la denominación antigua de un palo que equivale a un hierro 9 actual, nombre que recientemente ha recuperado el fabricante Cleveland para uno de sus productos.</p>
<div id="attachment_22407" class="wp-caption aligncenter" style="width: 580px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/niblick_1.jpg"><img class="size-full wp-image-22407" title="Foto de la Brigada Niblick en Trafalgar Square" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/niblick_1.jpg" alt="Foto de la Brigada Niblick en Trafalgar Square" width="570" height="329" /></a><p class="wp-caption-text">La Brigada Niblick en Trafalgar Square. El cuarto de abajo empezando por la derecha, con canotier, es George Duncan, ganador del Open en 1920 y con varios top 5 a principios del siglo XX. El primero de la derecha de la fila de abajo es Arthur Grant, profesional de North Berwick y rechazado por no ser soltero</p></div>
<p>Otro ejemplo de patriotismo lo dio el Club de Golf de Coombe Hill, del que se presentaron voluntarios prácticamente todos los miembros de su <em>staff</em>, formado por Sandy Herd, el profesional y ganador del Open de 1902, su hijo Robert, los asistentes George Turner, George Bright y Phil Rodgers, el <em>starter</em>, tres <em>greenkeepers </em>y 18 <em>caddies</em>.</p>
<div id="attachment_22408" class="wp-caption alignright" style="width: 260px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/sandy_herd.jpg"><img class="size-full wp-image-22408" title="Sandy Herd, ganador del Open y voluntario" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2011/03/sandy_herd.jpg" alt="Sandy Herd, ganador del Open y voluntario" width="250" height="303" /></a><p class="wp-caption-text">Sandy Herd, ganador del Open y voluntario</p></div>
<p>Mientras tanto, Tommy Armour, el apodado “Escocés de Plata”, se enrolaba en la Guardia Negra al poco de comenzar la Primera Guerra Mundial y en 1918, gracias a su gran reputación como ametrallador, se le trasladó al recién creado cuerpo de carros de combate. Poco después resultó herido por la explosión de un proyectil alemán lleno de gas mostaza y perdió la vista, aunque posteriormente recuperó la del ojo derecho. Además, hubo que implantarle varias placas metálicas en la cabeza y el brazo izquierdo. Armour acabaría siendo el único jugador tuerto en ganar varios <em>majors</em>, ya que se impuso en el <strong>US Open</strong> de 1927, el <strong>PGA Championship</strong> de 1930 (aunque todavía no se le consideraba &#8220;grande&#8221;) y el <strong>Open Británico</strong> de 1931.</p>
<p>En la Europa continental tenemos el ejemplo de Arnaud Massy, primer vencedor ajeno a las islas del <strong>Open </strong>(en Royal Liverpool en 1907) y también ganador en tres ocasiones del <strong>Abierto de España</strong>, que fue movilizado para acudir al frente y tuvo que dejar su puesto de profesional e instructor en Le Nivelle Golf Club (San Juan de Luz). Massy se integró en una unidad de granaderos y resultó herido en la batalla de Verdún en 1916, si bien consiguió salir adelante y recuperó posteriormente su puesto en Le Nivelle. Curiosamente, le sustituyó en aquel campo Ángel de la Torre, el primer gran campeón español que tuvo que hacerse cargo del puesto con solo 17 años… aunque la amenaza de la guerra hizo que regresara a España al poco de comenzar la Gran Guerra.</p>
<blockquote><p>Hasta aquí llega la primera parte de este artículo, cuya continuación podéis leer aquí: <a title="La Primera Guerra Mundial y el golf (segunda parte)" href="http://www.cronicagolf.com/la-primera-guerra-mundial-y-el-golf-segunda-parte/" target="_blank">La primera guerra mundial y el golf (segunda parte)</a></p></blockquote>
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		<title>Los orígenes del golf americano: la hazaña de Ouimet</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 12:02:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Éste artículo cierra la magnífica serie en la que José Ramón Rodríguez nos ha presentado de manera amena e instructiva la historia de los primeros tiempos del golf en Estados Unidos. Después de analizar la llegada del golf al Nuevo Mundo y las andanzas de los precursores del golf organizado en Estados Unidos, José Ramón [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Éste artículo cierra la magnífica serie en la que <strong>José Ramón Rodríguez</strong> nos ha presentado de manera amena e instructiva la historia de los primeros tiempos del golf en Estados Unidos. Después de analizar <a title="El origen del golf americano" href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano/" target="_self">la llegada del golf al Nuevo Mundo</a> y las <a title="El origen del golf americano: los pioneros" href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano-los-pioneros/" target="_self">andanzas de los precursores del golf organizado en Estados Unidos</a>, José Ramón nos relata la hazaña de Francis Ouimet, el amateur estadounidense que venció a las principales figuras golfísticas de la época en el US Open de 1913, punto de inflexión para la popularización del deporte en el país norteamericano.</p></blockquote>
<p><span id="more-11117"></span></p>
<p>El proceso de expansión del golf en EE. UU., que se había iniciado en 1880, estalla en el último lustro del siglo XIX, adquiriendo proporciones difíciles de imaginar. En 1895 se abre el primer campo público en <em>Van Cortlandt Park</em>, en el Bronx, Nueva York, que sigue en uso hoy día y en 1897 se publica la primera revista de golf; tenía periodicidad mensual y se llamaba simplemente <em>Golf</em>. Hacia 1895 había unos 50 campos en Estados Unidos y en 1900 ese número superaba los 1000, más que en todo el Reino Unido. El número de practicantes en los primeros años del siglo XX se estimó en un millón.</p>
<p>Esa hiperinflación sin precedentes era vista con recelo por algunos, como queda reflejado en el <em>Montclair Times</em> de Nueva Jersey, en el que el 24 de noviembre de 1894 se podía leer: <em>“Los que no hayan estado en contacto con esta moda pasajera deben evitar a las víctimas de la golfmanía aguda, porque no pueden hablar de otra cosa que no sea golf; sueñan con él, lo difunden, a pesar de la triste realidad de que un experto ha afirmado que hacen falta tres años de práctica antes de ser un jugador competente”</em>. Otros, como William Garrott Brown, anticipaban la penetración social del golf al escribir en el <em>Atlantic Monthly</em>: <em>”Hay tres cosas que se han introducido en la vida americana en los últimos años. Junten un grupo de americanos razonablemente informados y con medios y probablemente hablarán de tres cosas que hace 10 años habrían pasado inadvertidas: Hablarán de dinero […], hablarán de asuntos militares, navales, coloniales y diplomáticos, […] y hablarán de golf.”</em></p>
<p>No resulta sencillo buscar las causas de esta súbita expansión. El golf se encontró con una sociedad que había cambiado su actitud frente al trabajo y el ocio, severamente condenado por el protestantismo tradicional, que hacía la práctica deportiva más aceptable desde el punto de vista moral, además de empezar a valorarse los beneficios físicos y psicológicos del deporte, en especial el golf que era apto para todas las edades y sexos. Determinados cambios económicos hicieron que se dispusiera de más tiempo libre y se comenzó con un urbanismo basado en barrios residenciales que proporcionaban el espacio necesario.</p>
<div id="attachment_11127" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Vardon_Flyer.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Vardon_Flyer.jpg" alt="Caja de bolas Vardon Flyer" title="Caja de bolas Vardon Flyer" width="200" height="167" class="size-full wp-image-11127" /></a><p class="wp-caption-text">Caja de bolas Vardon Flyer</p></div>
<p>La popularidad del golf tuvo una inmediata correspondencia por parte de la industria. En 1896 Albert G. Spalding comienza a fabricar y vender palos de golf a gran escala y en 1898 Coburn Haskell, con la colaboración de Bertram Work, directivo de BF Goodrich, crea la bola que lleva su nombre y que hizo desaparecer a la tradicional bola de gutapercha de los campos de juego. Pese a la pujanza de la nueva bola <em>Haskell</em>, Spalding contrató a Harry Vardon para que hiciera una gira por todo el país en 1900 promocionando su <em>Vardon Flyer</em>, el último modelo “famoso” de bola de gutapercha. La gira fue tal éxito que, según cuentan, cuando Vardon jugó en Nueva York la bolsa cerró para poder ir a verlo, aunque posteriormente las bolas Haskell (denostadas por algunos especialistas por su núcleo de caucho que las hacían rebotar de manera caprichosa) acabaron imponiendo su ley, ya que con ellas se alcanzaban unos 30 metros más desde el tee. El resultado de todo ello es que en los primeros años del siglo XX Estados Unidos pasa de ser un importador de material de golf a exportar más de 100.000 palos al año a Gran Bretaña.</p>
<div id="attachment_11126" class="wp-caption alignright" style="width: 260px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/schenectady_putter.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/schenectady_putter.jpg" alt="Putter Schenectady de Walter Travis" title="Putter Schenectady de Walter Travis" width="250" height="188" class="size-full wp-image-11126" /></a><p class="wp-caption-text">Putter Schenectady de Walter Travis</p></div>
<p>El apoyo social al golf no tardó en verse reflejado en los torneos internacionales más importantes. En 1904 Walter Travis, periodista, diseñador de campos y profesor de golf, ganó el <strong>British Amateur</strong>, la primera vez que lo hacía un jugador no británico. Para ello usó el famoso putter Schenectady, un putter con varilla centrada que había diseñado Arthur Knight y que había llamado igual que la ciudad en la que vivía. Después de su victoria, el R&#038;A prohibió ese tipo de putters porque se parecían demasiado a un mazo de cróquet, aunque las malas lenguas dicen que fue más una rabieta por lo que se interpretó como una afrenta intolerable. La prohibición se mantuvo hasta 1952.</p>
<p>Por el contrario, el <strong>US Open</strong> se le resistía a los jugadores americanos. Las primeras 16 ediciones fueron ganadas por jugadores británicos y hubo que esperar hasta 1911 para que un jugador estadounidense lo ganara por primera vez. A pesar de esa primera victoria, conseguida por John McDermott y de que defendió el título el año siguiente, la victoria que supuso el espaldarazo definitivo al golf en Estados Unidos fue la de la edición de 1913.</p>
<h5>El US Open que cambió la historia</h5>
<p>Frances Desales Ouimet nació un 8 de mayo de 1893, hijo de padres inmigrantes, en lo más bajo de la escala social. Con cuatro años su familia se mudó a una casa en Clyde Street en Brookline, Massachusetts, tan solo separada del hoyo 17 de <em>The Country Club</em>, uno de los clubes de golf más antiguos de Estados Unidos y fundador de la <strong>USGA</strong>, por una calle. Su hermano mayor ayudaba a la familia haciendo de caddie en <em>The Country Club</em> y de él aprendió los rudimentos del juego tras improvisar un campo en el patio de atrás de su casa. Con nueve años Francis comenzó a hacer también de caddie y pudo ver la exhibición que dio Harry Vardon en Brookline en 1900. Con el swing de Vardon en la cabeza, comenzó a trabajar para imitarlo y corregir sus fallos. Sus esfuerzos dieron sus frutos años después cuando en 1909 se impuso en el <strong>Campeonato Interescolar</strong> de Boston y el <strong>US Amateur</strong> en 1913.</p>
<div id="attachment_11121" class="wp-caption alignleft" style="width: 285px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Ouimet_Lowery.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Ouimet_Lowery.jpg" alt="Francis Ouimet y Eddie Lowery" title="Francis Ouimet y Eddie Lowery" width="275" height="308" class="size-full wp-image-11121" /></a><p class="wp-caption-text">Francis Ouimet y Eddie Lowery</p></div>
<p>Esa victoria no dejó indiferente a la <strong>USGA</strong>, que lo invitó al <strong>US Open</strong> de ese mismo año que tenía como sede <em>The Country Club</em>. La <strong>USGA </strong>buscaba un gancho para la población local y de esa forma hacer frente a la armada británica, personalizada en Harry Vardon y Ted Ray, que venía patrocinada por lord Northcliffe, magnate de la prensa que acudía con la misión de poner las cosas en orden devolviendo el <strong>US Open</strong> a las Islas después de dos victorias norteamericanas consecutivas. Ouimet se ganó aún más el favor del público al hacerse acompañar de Eddie Lowery como caddie, un niño, acaso su mayor seguidor, de diez años y poco más de 1,20 de estatura.</p>
<div id="attachment_11123" class="wp-caption alignright" style="width: 285px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Ouimet_Vardon_Ray.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Ouimet_Vardon_Ray.jpg" alt="Vardon, Ouimet y Ray" title="Vardon, Ouimet y Ray" width="275" height="241" class="size-full wp-image-11123" /></a><p class="wp-caption-text">Harry Vardon, Francis Ouimet y Ted Ray</p></div>
<p>Al final del último día de competición, Ouimet conseguía meterse en el play-off con Vardon y Ray, después de hacerle un birdie al 17. Walter Hagen, que sería dominador del golf en los siguientes 15 años, quedó cuarto a tres golpes.</p>
<p>En el play-off, con la ayuda de su caddie que le repetía como un mantra “mantén la cabeza baja que yo miraré la bola”, Ouimet aguantó el tirón de los 9 primeros hoyos que los tres participantes hicieron en 38 golpes.  En el hoyo 10, Vardon y Ray hicieron tres putts dándole a Ouimet un golpe de ventaja que se mantuvo hasta el 15 en el que Ted Ray hizo un doble bogey que le descolgó de la carrera.</p>
<div id="attachment_11124" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Palos_Ouimet.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Palos_Ouimet.jpg" alt="Jigger, mashie niblick, mashie y mid mashie de Ouimet (wedge e hierros 7, 5 y 3)" title="Jigger, mashie niblick, mashie y mid mashie de Ouimet (wedge e hierros 7, 5 y 3)" width="250" height="178" class="size-full wp-image-11124" /></a><p class="wp-caption-text">Jigger, mashie niblick, mashie y mid mashie de Ouimet (wedge e hierros 7, 5 y 3)</p></div>
<p>Llegados al 17, el hoyo que estaba enfrente de la casa de Ouimet, Vardon arriesgó intentando acortar el dogleg pero cayó en un bunker, desde entonces conocido como bunker de Vardon, acabando el hoyo con bogey. Por su parte, Ouimet embocó un putt de 5 metros para hacer uno bajo y lograr una ventaja de tres golpes que ampliaría a cinco en el último hoyo.</p>
<p>La victoria de Ouimet causó una conmoción en el mundo deportivo como ninguna otra. Ouimet se convirtió en el epítome de los valores americanos porque la suya era la victoria del humilde y del hombre hecho a sí mismo. Fue en el primer gran héroe del golf americano, llevó el golf a las primeras páginas de los periódicos y cambió la percepción que se tenía del golf en general y del golf americano en particular, al situarlo a la misma altura que el golf de las Islas Británicas. </p>
<div id="attachment_11122" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Ouimet_triunfo_USGA.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Ouimet_triunfo_USGA.jpg" alt="Ouimet a hombros tras su triunfo acompañado por Eddie Lowery (en primer plano)" title="Ouimet a hombros tras su triunfo acompañado por Eddie Lowery (en primer plano)" width="600" height="351" class="size-full wp-image-11122" /></a><p class="wp-caption-text">Ouimet a hombros tras su triunfo acompañado por Eddie Lowery (en primer plano)</p></div>
<p>Como consecuencia, el número de jugadores se multiplicó por seis en los siguientes diez años y el número de campos públicos creció exponencialmente. A pesar de ser amateur, el triunfo de Ouimet tuvo además consecuencias inesperadas en el mundo profesional. En los años siguientes Vardon y Ray fueron nombrados miembros honoríficos de numerosos clubes, con lo cual el profesional dejaba de ser un jugador de segunda clase.</p>
<p>Por todo ello, no es exagerado afirmar que sin Ouimet el golf nunca hubiera sido como es hoy día.</p>
<div id="attachment_11125" class="wp-caption aligncenter" style="width: 285px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Primera_NYT_Ouimet.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/07/Primera_NYT_Ouimet.jpg" alt="Portada del New York Times dedicada a la victoria de Ouimet" title="Portada del New York Times dedicada a la victoria de Ouimet" width="275" height="214" class="size-full wp-image-11125" /></a><p class="wp-caption-text">Portada del New York Times dedicada a la victoria de Ouimet</p></div>
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		<title>El origen del golf americano: los pioneros</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jun 2010 21:46:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Apple Tree Gang]]></category>
		<category><![CDATA[C. B. Macdonald]]></category>
		<category><![CDATA[EE. UU.]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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		<category><![CDATA[Origen del golf en EE. UU.]]></category>
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		<description><![CDATA[Éste es el segundo de una serie de tres artículos en los que José Ramón Rodríguez nos está presentando los primeros tiempos del golf en Estados Unidos, desde sus oscuros inicios al acontecimiento que cambió para siempre la suerte de este deporte en el país norteamericano y que contribuyó a su actual popularización: el US [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Éste es el segundo de una serie de tres artículos en los que <strong>José Ramón Rodríguez </strong>nos está presentando los primeros tiempos del golf en Estados Unidos, desde sus oscuros inicios al acontecimiento que cambió para siempre la suerte de este deporte en el país norteamericano y que contribuyó a su actual popularización: el US Open de 1913 ganado por el amateur Francis Ouimet. Después del primer capítulo, que podéis leer <a title="El origen del golf americano" href="http://www.cronicagolf.com/el-origen-del-golf-americano/" target="_self">aquí</a>, en esta entrega os presentamos a los pioneros que construyeron los primeros campos y se convirtieron en los precursores del golf organizado en EE. UU.</p></blockquote>
<p><span id="more-9497"></span></p>
<p>El azar hizo que tres escoceses y un estadounidense coincidieran en White Sulphur Springs, una ciudad del condado de Greenbrier (Virginia Occidental) en 1880. Russell Montague, el americano, había llegado allí por motivos de salud, al igual que George Grant (aunque según otras versiones lo hizo huyendo de su Escocia natal por cierto escándalo sexual). Los hermanos Alexander y Roderick MacLeod se encontraban en White Sulphur Springs buscando fortuna. Los cuatro pertenecían al mismo círculo social y conocían el golf, bien por nacimiento bien por viajes, pero no lo practicaban en aquellos momentos.</p>
<p>En los primeros años de la década de 1880 George Grant recibe la visita de Lionel Torin, un primo suyo que tenía una plantación de té en Ceilán y que era un fanático jugador de golf. Para agasajar a Torin y recordando viejos tiempos, decidieron construir un campo de golf en los terrenos de Montague. Las fechas varían según las fuentes entre 1881 y 1884, pero Oakhurst se convirtió de esa forma en el primer campo de golf construido en los Estados Unidos. Jugaban con el material que había traído Torin y que sufrió un fuerte desgaste debido al uso intensivo que le dio “<em>la banda de Oakhurst</em>”. Sin ningún clubmaker a la vista, acudieron a un hábil carpintero de la zona llamado Fraser Coron que, bajo la supervisión de Torin y usando maderas de la zona, construyó nuevos equipos y se convirtió en el primer clubmaker americano. Se jugó al golf en Oakhurst durante unos 20 años, hasta que en 1910 el campo de Oakhurst desapareció por abandono. Sin embargo, hay quien asegura que el tee del hoyo uno del <em>Old Course</em> de Homestead es el mismo que el de Oakhurst, lo que lo convertiría en el hoyo de golf más antiguo de Estados Unidos.</p>
<div id="attachment_9491" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Banda_Oakhurst_ok.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Banda_Oakhurst_ok.jpg" alt="La banda de Oakhurst: Alexander MacLeod, George Grant, Russell Montague, Lionel Torin y Roderick MacLeod" title="La banda de Oakhurst: Alexander MacLeod, George Grant, Russell Montague, Lionel Torin y Roderick MacLeod " width="600" height="196" class="size-full wp-image-9491" /></a><p class="wp-caption-text">La banda de Oakhurst: Alexander MacLeod, George Grant, Russell Montague, Lionel Torin y Roderick MacLeod </p></div>
<p>Es posible encontrar aventuras similares a la de Montague y compañía en toda la década de los 80. Así, John Hamilton Gillespie construyó un revolucionario campo de golf de dos hoyos en medio de Sarasota, Florida, en 1885; A. W. Harrington hizo lo propio con un campo de 9 hoyos en Dorset, Vermont, en 1886; Andrew Bell hizo cuatro hoyos en la finca paterna en Burlington, Iowa; y Alex Findlay introdujo el golf en Omaha, Nebraska. Pocos de esos campos han llegado hasta nuestros días, ya que la mayoría desaparecieron conforme sus impulsores iban abandonando sus lugares de residencia. La notable excepción la constituye el <em>Foxburg Golf Club</em>, fundado por Joseph Mickle Fox, miembro del Club de Cricket de Merion, a la vuelta de un viaje por Inglaterra. Fox construyó un campo de nueve hoyos en Foxburg, Pensilvania, en 1885 y sobre ése otros nueve hoyos en 1887, que se considera el campo más antiguo en uso continuo de Estados Unidos.</p>
<p>A pesar de los intentos de todos estos pioneros, el golf seguía siendo un gran desconocido en los Estados Unidos. Buena muestra de ello es lo que le sucedió a George Donaldson, miembro de Oakhurst. Donaldson había encargado un juego de palos en Gran Bretaña que fue retenido por las autoridades a su llegada a Estados Unidos por considerarlos “instrumentos homicidas”. Donaldson tardó seis semanas en aclarar el malentendido y lograr que le devolvieran los palos.</p>
<h5>The Apple Tree Gang</h5>
<div id="attachment_9490" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Apple_Tree_Gang_ok.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Apple_Tree_Gang_ok.jpg" alt="The Apple Tree Gang (cuadro de Leland R. Gustavson)" title="The Apple Tree Gang (cuadro de Leland R. Gustavson)" width="600" height="402" class="size-full wp-image-9490" /></a><p class="wp-caption-text">The Apple Tree Gang (cuadro de Leland R. Gustavson)</p></div>
<p>John Reid y Robert Lokhart eran dos emigrantes escoceses radicados en Yonkers, Nueva York, que habían nacido en Dumferline. Reid era directivo en una fundición de hierro y Lokhart se dedicaba a la importación de lino desde Dundee. Al contrario que Reid, Lokhart se había aficionado al golf mientras vivía en Escocia, y por ello en el verano de 1887 encargó diez o doce palos del taller de Tom Morris y una docena de bolas de gutapercha que fue a probar junto con sus hijos en la ribera del río Hudson bajo la atenta mirada de un policía. Una versión de los hechos cuenta que Lokhart fue detenido tras la denuncia de unas ancianas asustadas por el vuelo de las bolas, aunque es completamente apócrifa.</p>
<p>Después de probarlos, llevó los palos al Club de Tenis de Yonkers, del que era miembro. Aquel material despertó gran interés y un 22 de febrero de 1888 inusualmente cálido, varios miembros del club de tenis cavaron tres hoyos en un pastizal de vacas en Yonkers y se iniciaron en la práctica del golf. La climatología volvió a lo que era de esperar en esas fechas y tuvieron que suspender sus actividades hasta abril, periodo que aprovecharon para encargar cinco juegos de palos más, que usaron esta vez en un nuevo campo de seis hoyos en Broadway. Tras un intenso verano de juego, en noviembre de 1888, Reid invitó a sus compañeros de juego a una cena en su casa fruto de la cual se fundaría el <em>Saint Andrew’s Golf Club</em>, con Reid como primer presidente.</p>
<div id="attachment_9494" class="wp-caption alignright" style="width: 210px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/John_Reid.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/John_Reid.jpg" alt="John Reid (retrato de Frank Fowler)" title="John Reid (retrato de Frank Fowler)" width="200" height="273" class="size-full wp-image-9494" /></a><p class="wp-caption-text">John Reid (retrato de Frank Fowler)</p></div>
<p>En 1892 supieron que una carretera pública iba a atravesar su campo de juego, por lo que se mudaron a un campo próximo donde construyeron un nuevo campo de seis hoyos que empezaba y acababa en un gran manzano. Los miembros del <em>Saint Andrew’s Golf Club</em> usaban ese manzano para colgar sus chaquetas antes de empezar a jugar y como lugar para tomar un refrigerio y comentar la partida, por lo que empezaron a ser conocidos como <em>The Apple Tree Gang</em>. Sin duda alguna se puede decir que ese manzano fue el primer hoyo 19 del que se tiene constancia.</p>
<p>Finalmente en 1897 volvieron a mudarse y construyeron un campo de 18 hoyos en Hastings on Hudson, donde ha llegado hasta nuestros días, lo que le convierte en el club de golf más antiguo de los Estados Unidos.</p>
<div id="attachment_9492" class="wp-caption alignleft" style="width: 235px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/CB_Macdonald.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/CB_Macdonald.jpg" alt="C. B. Macdonald, precursor del golf en EE. UU." title="C. B. Macdonald, precursor del golf en EE. UU." width="225" height="331" class="size-full wp-image-9492" /></a><p class="wp-caption-text">C. B. Macdonald, precursor del golf en EE. UU.</p></div>
<h5>C. B. Macdonald y la USGA</h5>
<p>Muchos son los que consideran a John Reid el padre del golf americano, aunque es Charles Blair Macdonald el que merece esa distinción con todos los honores.</p>
<p>C. B. Macdonald nació en Niagara Falls en 1855, hijo de padre escocés y madre mohicana. Con 16 años viajó con su abuelo para cursar estudios en St. Andrews, donde conoció el golf y fue instruido por Old Tom Morris. Macdonald llegó a ser un gran jugador que se enfrentó en el <em>Old Course</em> a los mejores de su tiempo. Dos años después volvió a Estados Unidos y abandonó el golf durante unos 20 años.</p>
<p>El establecimiento del club de golf de Yonkers impulsó a Macdonald a convencer 30 hombres de negocios de Chicago a participar con 10 $ en la construcción de un campo de golf, y así fundó el <em>Chicago Golf Club</em>. Macdonald diseñó un campo de nueve hoyos en 1892 que expandió a 18 al año siguiente. Dos años después el club se mudó a Wheaton, donde Macdonald diseñó un nuevo campo de 18 hoyos y donde permanece hoy día.</p>
<p>En 1894 dos clubes de golf convocaron simultáneamente (y sin aparente conocimiento de las intenciones de la otra entidad), sendos torneos con la pretensión de elegir al “Campeón Nacional Amateur de Golf Americano”. En el <em>Newport Golf Club</em> 20 jugadores disputaron un torneo por golpes que ganó W. G. Lawrence. Macdonald, que había quedado segundo, protestó porque consideraba que el torneo se debía de haber disputado por hoyos. Un mes después, en el <em>St. Andrew’s Golf Club</em> se disputó el otro torneo que le ganó Lawrence Stoddard de nuevo a Macdonald en un <em>play-off</em>, después de que éste mandara su golpe de salida a un maizal cercano. De nuevo Macdonald protestó aduciendo que jugó enfermo.</p>
<div id="attachment_9493" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/CBMacDonald_USAmateur_ok.jpg"><img src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/CBMacDonald_USAmateur_ok.jpg" alt="Estampa del primer US Amateur (litografía según un cuadro de Everett Henry), con C. B. Macdonald en el tee de salida y John Reid fumando a la izquierda" title="Estampa del primer US Amateur (litografía según un cuadro de Everett Henry), con C. B. Macdonald en el tee de salida y John Reid fumando a la izquierda" width="600" height="349" class="size-full wp-image-9493" /></a><p class="wp-caption-text">Estampa del primer US Amateur (litografía según un cuadro de Everett Henry), con C. B. Macdonald en el tee de salida y John Reid fumando a la izquierda</p></div>
<p>C. B. Macdonald era un hombre impetuoso y decidido que no podía soportar la falta de unidad a la hora de determinar el campeón nacional (y tampoco aguantaba haber quedado segundo en las dos ocasiones, todo sea dicho). Por ello consiguió que representantes de cinco clubes de golf (<em>St. Andrew’s, Newport, Chicago, Shinnecock Hills</em> y <em>Brookline</em>) se reunieran el 22 de diciembre de 1894 en Nueva York para formar un órgano de gobierno que rigiera los campeonatos nacionales y emitiera las reglas del golf para Estados Unidos. El resultado de esa reunión fue la fundación de la <strong>Amateur Golf Association of the United States</strong>, cuyo primer presidente fue Theodore Havemeyer y en la que Macdonald ejerció de vicepresidente. Poco después esa asociación cambió su nombre por el definitivo <strong>United States Golf Assotiation (USGA)</strong> con el que la conocemos hoy.</p>
<p>En 1895 la recién nacida <strong>USGA </strong>convocó el primer <strong>US Amateur </strong>en Newport para septiembre, pero tuvo que ser pospuesto un mes porque coincidía con la disputa de la <strong>Copa América</strong>, con la que la ciudad de Newport estaba volcada. El 3 de octubre, Macdonald ganaba por fin el <strong>US Amateur</strong> al derrotar a Charlie Sands 12&amp;11. Un día después, 10 profesionales y un amateur disputaron el primer <strong>US Open</strong>, que ganó el inglés Horace Rawlings por dos golpes en 36 hoyos.</p>
<p>Al contrario de lo que ocurre en nuestros días, por aquellos años la consideración social del jugador amateur, y por tanto de los torneos amateurs, superaba con mucho a la del profesional. El amateur era considerado un caballero que dedicaba parte de su tiempo a un juego como el golf solo por el hecho de dominarlo y que competía por el puro placer de la victoria en sí misma. Por contra, a los profesionales no se les veía como caballeros y eran considerados poco más que mercenarios o asalariados. En Gran Bretaña, por ejemplo, era tradición que los profesionales no tuvieran acceso a la casa club, con lo que debían cambiarse en la pro-shop, ya que los vestuarios se reservaban para los miembros del club (que eran todos amateurs).</p>
<p>El 1 de enero de 1898 se disputa el primer torneo profesional. Según cuentan las crónicas, 10 profesionales se aventuraron a jugar a seis bajo cero bajo una ligera nevada en el <em>Ocean Hunt and Country Club</em> de Lakewood, Nueva Jersey. El ganador fue Val Fitzjohn que derrotó a su hermano Ed en un <em>play-off</em>, gracias a lo cual se embolsó 75 $. El verano siguiente Willie Smith, un escocés de Carnoustie, gana la primera edición del <strong>Western Open</strong> en <em>Glenview Golf Club</em>, el primer torneo de lo que después se convertiría en el <strong>PGA Tour</strong> y que ha llegado hasta nuestros días con distintos nombres.</p>
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		<title>El origen del golf americano</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jun 2010 21:23:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[EE. UU.]]></category>
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		<description><![CDATA[Este es el primero de una serie de tres artículos en los que José Ramón Rodríguez dará un certero y ameno repaso a la historia del golf en Estados Unidos, desde sus oscuros inicios al acontecimiento que cambió para siempre la suerte de este deporte en el país norteamericano y que contribuyó a su actual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Este es el primero de una serie de tres artículos en los que José Ramón Rodríguez dará un certero y ameno repaso a la historia del golf en Estados Unidos, desde sus oscuros inicios al acontecimiento que cambió para siempre la suerte de este deporte en el país norteamericano y que contribuyó a su actual popularización: el US Open de 1913 ganado por el amateur Francis Ouimet. En esta entrega nos centramos en las primeras huellas que dejó el golf en Estados Unidos.</p></blockquote>
<p><span id="more-8291"></span></p>
<p>Thomas Friedman, columnista del <em>New York Times</em> y <em>Premio Pulitzer</em>, se preguntaba hace unos años en <em>Golf Digest</em> si el golf no se había convertido en el pasatiempo nacional de Estados Unidos por encima del béisbol. Friedman respondía afirmativamente aduciendo que ningún deporte gozaba de mayor popularidad en todos los grupos de edad, y concluía diciendo que por el individualismo del golf y por los retos que presentaba al jugador, ningún otro entretenimiento reflejaba mejor el carácter americano. Argumentos ideológicos y sociológicos aparte, resulta difícil pensar que el golf supere al béisbol en popularidad en Estados Unidos, a pesar de ser el país con mayor número de practicantes y con mayor número de campos. Y a la vez, es difícil rechazar la idea de que todo el golf actual pivota alrededor de Estados Unidos: cuentan con los mejores jugadores de la historia presente y pasada, con el circuito profesional más atractivo, tres de los cuatro Grandes se juegan en tierras americanas y son americanas las marcas que llenan las bolsas de profesionales y amateurs de todo el mundo. Y todo eso comenzó hace poco más de 120 años.</p>
<div id="attachment_8297" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Bruntsfield_Paul_Sandby_1746_r.jpg"><img class="size-full wp-image-8297" title="Vistas del links de Bruntsfield, de Paul Sandby" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Bruntsfield_Paul_Sandby_1746_r.jpg" alt="Vistas del links de Bruntsfield, de Paul Sandby" width="600" height="369" /></a><p class="wp-caption-text">Vistas del links de Bruntsfield, de Paul Sandby</p></div>
<h5>Anécdotas y primeros vestigios</h5>
<p>Al contrario de lo que ocurre con el origen del golf mismo, el arranque del golf en América resulta evidente puesto que fueron los emigrantes del Viejo Continente los que exportaron este juego. Mucho más difícil resulta poner fecha a esa llegada. El 13 de agosto de 1876, el <em>New York Times</em> publicaba por primera vez un artículo en el que se habla del golf, en donde se decía que probablemente fue introducido por el 42º de Highlanders durante la Guerra de Independencia. Sin embargo, hay algunos datos históricos que indican que en el Nuevo Continente se jugaba al golf antes de esa época.</p>
<p>La primera referencia escrita al golf en América data de mediados del siglo XVII. En 1659, las autoridades de Fort Orange (actual Albany, Nueva York) promulgan el siguiente edicto:</p>
<blockquote><p>El Honorable Comisario y los Magistrados de Fort Orange y la villa de Bererwyck, habiendo oído diversas quejas de los habitantes de este burgo contra la práctica de jugar al golf en las calles, lo que causa gran daño a las ventanas de las casas, y también expone a la gente al peligro de ser lastimados y es contraria a la libertad de las calles públicas:</p>
<p>Por tanto sus señorías, deseando prevenir eso mismo, por la aquí presente prohíben a todas las personas el juego del golf en las calles bajo la multa de 25 florines a cada persona que sea hallada haciéndolo.</p></blockquote>
<p>Siendo un asentamiento holandés, es poco probable que se tratara del golf tal cual lo conocemos hoy, tal se jugaba en Escocia, sino que lo más probable es que se tratara del <em>kolven </em>o <em>kolf</em>, juego holandés que se tiene por uno de los antecesores del golf. Aun así, resulta curioso comprobar como en el Nuevo Continente, al igual que pasó en Escocia, se menciona por vez primera al golf en un documento que prohíbe su práctica.</p>
<div id="attachment_8296" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Blackheath_Golfer_Lemuel_Francis-Abbott.jpg"><img class="size-full wp-image-8296    " title="El golfista de Blackheath (Lemuel Francis Abbott)" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Blackheath_Golfer_Lemuel_Francis-Abbott.jpg" alt="El golfista de Blackheath (Lemuel F. Abbott)" width="250" height="336" /></a><p class="wp-caption-text">El golfista de Blackheath (Lemuel Francis Abbott)</p></div>
<p>En 1743 salió desde el puerto de Leith rumbo a Charleston (Carolina del Sur) un envío de 96 palos y 432 bolas <em>featheries </em>cuyo destinatario era un tal David Deas. La primera operación comercial transatlántica de material de golf no pasaría de mera anécdota histórica de no ser por varios motivos: para empezar, es el primer indicio de que en el nuevo continente se jugaba al golf escocés y no solo al <em>kolven </em>como parece indicar la prohibición de Fort Orange; en segundo lugar, la cantidad de material enviado hace probable que no hubiera un solo destinatario, sino un grupo de ellos; y en tercero, se sabe que David Deas fue Gran Maestro Provincial de la Masonería en el Nuevo Continente, lo que hace pensar que la masonería sirvió de vehículo de expansión al golf igual que sucedió en las Islas Británicas con clubes como <em>The Gentlemen Golfers of Edinburgh</em> o <em>Royal Blackheath</em>. Si se encajan todas las piezas, cabría imaginar que en Charleston hubo algún tipo de agrupación golfística hacia 1743, un año antes de la fundación del <em>Gentlemen Golfers of Edinburgh</em> (después <em>The Honourable Company of Edinburgh Golfers</em>), tenido por el primer club de golf del mundo, lo que convertiría a esa agrupación de Charleston en el club de golf más antiguo del mundo. Sin embargo, la falta de datos que confirmen esa posibilidad la convierten solo en una hipótesis aventurada. Además del envío de Charleston, hay constancia del envío de 72 palos y 576 <em>featheries </em>de Glasgow a Virginia en 1750 y de 18 palos y 144 <em>featheries </em>de Glasgow a Maryland en 1765.</p>
<p>En 1779 la <em>Rivington&#8217;s Royal Gazette</em> publica un anuncio que sirve para confirmar que en el área de Nueva York se jugaba al golf en torno a la fecha de la Declaración de Independencia. El anuncio rezaba: “A los JUGADORES DE GOLF: La temporada de este agradable y sano Ejercicio avanza. Los caballeros pueden equiparse con excelentes PALOS y verdaderas BOLAS de Caledonia”.</p>
<p>En el último cuarto del siglo XVIII, Charleston era una ciudad próspera, con importantes líneas comerciales con el viejo continente y una intensa vida social y cultural. Fue lugar de destino de un buen número de escoceses e ingleses, por lo que no es de extrañar que el primer club de golf americano bien documentado se fundara en Charleston. En 1786 un grupo de escoceses liderado por el Dr. Henry Purcell, deán de la Iglesia Episcopaliana de San Miguel, fundaron el <em>South Carolina Golf Club</em>. Carecían de campo como tal y en su lugar jugaban en Harleston Green, un parque público situado en el centro de Charleston, en tanto que un bar llamado Williams’ Coffee House hacía las veces de de casa club, como atestiguan varios anuncios de las actividades del club publicados en The Charleston City Gazette. El Club de Golf de Carolina del Sur sobrevivió 15 o 20 años antes desaparecer. También se dispone de datos que atestiguan la fundación de un club similar en en Savannah en 1795. Cabe destacar que estos primeros clubes sureños eran verdaderos clubes sociales y no solo clubes de golf como muestra la invitación que se conserva de una tal Miss Eliza Johnston a la celebración de su boda en el club de golf de Savannah.</p>
<div id="attachment_8319" class="wp-caption alignright" style="width: 123px"><a href="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Featherie1.jpg"><img class="size-full wp-image-8319    " title="Bola featherie" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/06/Featherie1.jpg" alt="Bola featherie" width="113" height="116" /></a><p class="wp-caption-text">Bola featherie</p></div>
<p>Por motivos que no son del todo bien entendidos, la llegada del siglo XIX supone un parón en el desarrollo del golf americano hasta su práctica desaparición. Se piensa que la Guerra de Independencia primero y la guerra de 1812 después, dificultaron el intercambio comercial con el Viejo Continente, provocaron la huída de ciudadanos británicos y despertaron una cierta anglofobia que borraron al golf del mapa. Distintos historiadores ponen énfasis en que desde 1811 hasta 1880 no es posible encontrar un solo indicio de que se jugara al golf en los Estados Unidos. Horace Hutchinson afirmaba tras una visita a finales del XIX a Estados Unidos: “Es algo a lo que es difícil hacerse una idea ahora, pero en esa época, hasta donde yo sé, no había nada que pareciera una bola o un palo de golf en los Estados Unidos”.</p>
<p>A pesar de la virtual ausencia del golf, los Estados Unidos contribuyeron durante todo el siglo XIX a una de las revoluciones en el material de golf. Las exportaciones de madera de nogal hicieron posible que esta madera se convirtiera en el material preferido para la fabricación de varillas, que hasta ese momento se hacían de madera de avellano o fresno. Del mismo modo, la madera de palo santo, también de origen americano, fue la elegida para la fabricación de las cabezas hasta bien entrado el siglo XX.</p>
<p>Estos años oscuros, como han sido llamados, acabaron en 1880 tan repentinamente como se iniciaron.</p>
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		<title>Historia del Augusta National</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Apr 2010 10:19:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ramón Rodríguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alister Mackenzie]]></category>
		<category><![CDATA[Augusta National]]></category>
		<category><![CDATA[Bobby Jones]]></category>
		<category><![CDATA[Especial Masters en Crónica Golf]]></category>
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		<description><![CDATA[El 27 de septiembre de 1930, Bobby Jones ganaba el US Amateur por quinta vez, tras derrotar a Eugene Homans por 8 y 7 en Merion. Esa victoria lo llevaba a lo más alto de su carrera puesto que significaba haber ganado los campeonatos Open y Amateur británicos y estadounidenses en un mismo año. Poco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El 27 de septiembre de 1930, Bobby Jones ganaba el US Amateur por quinta vez, tras derrotar a Eugene Homans por 8 y 7 en Merion. Esa victoria lo llevaba a lo más alto de su carrera puesto que significaba haber ganado los campeonatos Open y Amateur británicos y estadounidenses en un mismo año. Poco después, acabada la temporada, Jones se retiraba del golf de competición para dedicarse a sus estudios y, sobre todo, a construir su campo de golf ideal, donde pudiera jugar con sus amigos alejado de la habitual vorágine que le acompañaba. Era un proyecto que Jones llevaba largo tiempo considerando, pero que no empezó a tomar forma hasta un año antes, como consecuencia de una serie de afortunadas casualidades.<span id="more-3463"></span></p>
<h5>El encuentro</h5>
<p>En el otoño de 1929, Bobby Jones se encontraba en la costa oeste para disputar el US Amateur en Pebble Beach. La semana del torneo tuvo la ocasión de jugar en Cypress Point, uno de los diseños californianos de Alister Mackenzie, que lo dejó impresionado. Jones conocía los planteamientos de Mackenzie desde 1927, cuando leyó su libro “Golf Architecture”, en el que Mackenzie compilaba sus ideas condensadas en sus conocidas trece reglas del diseño.  Esos postulados se ajustaban exactamente a lo que Jones buscaba.  Todo eso que había leído lo tuvo en frente al jugar Cypress Point.</p>
<div id="attachment_3461" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-3461" title="bobby-jones_r" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/04/bobby-jones_r.jpg" alt="bobby-jones_r" width="600" height="402" /><p class="wp-caption-text">Bobby Jones, padre intelectual del Augusta National</p></div>
<p>Aunque ya había dejado muestras de su maestría diseñando campos de golf, Alister Mackenzie no alcanzó la fama mundial hasta que inició el diseño y construcción de Royal Melbourne West.  Se dio la circunstancia de que Mackenzie se encontraba también en California en el otoño de 1929, a donde había acudido con la que sería su segunda esposa, después de divorciarse ese mismo año de Edith Wedderburn.</p>
<p>Boby Jones acabó la fase stroke-play del US Amateur en primer lugar, pero en la primera ronda de la fase match-play perdió 1 abajo con Johnny Goodman. Esa derrota resultó crucial en la historia de Augusta National, porque le dio la oportunidad de atender una invitación de Marion Hollins, ganadora del US Women Amateur en 1921, consejera de Mackenzie en el diseño de Cypress Point y promotora de Pasatiempo Golf Club, también diseñado por Mackenzie, de jugar en este último.</p>
<p>El recorrido de Jones despertó gran expectación, como solía ser habitual, pero el público desconocía que en ese recorrido Mackenzie estaba acompañando a Jones, tomando notas de su forma de jugar y de enfrentarse a su campo. A pesar de la diferencia de edad (Jones tenía 27 años y Mackenzie 59) la sintonía entre ambos fue perfecta. Durante todo el recorrido fueron intercambiando ideas, coincidieron en su gusto por los campos abiertos, con pocos bunkers, ondulado y que pudiera ser disfrutado por todos. Ambos mostraron su admiración por The Old Course y sus excepcionales condiciones estratégicas. Después de aquel día, Jones volvió a Georgia convencido de haber encontrado al hombre perfecto para diseñar el campo de sus sueños.</p>
<div id="attachment_3462" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-3462" title="Cypress_Point" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/04/Cypress_Point.jpg" alt="Cypress_Point" width="600" height="402" /><p class="wp-caption-text">Cypress Point, uno de los diseños más célebres de Alister Mackenzie</p></div>
<h5>El lugar</h5>
<p>La primera referencia histórica del lugar donde después se construiría Augusta National es española. El explorador extremeño Hernando de Soto atravesó esos terrenos durante su segunda expedición por tierras americanas en 1539, en busca de oro (que se descubrió tiempo después). Poco más se sabe de esa parcela hasta mitad del XIX, salvo que durante la Guerra Civil americana hubo allí una taberna. A mitad del XIX, Dennis Redmond convirtió esa parcela en una plantación de añiles en la que además construyó el primer edificio del sur hecho completamente de hormigón. En 1857 la propiedad fue adquirida por el barón Louis Mathieu Berckmans, un belga que abre un vivero y remodela el edificio de Redmond para convertirlo en su mansión. Para adornar el acceso a su mansión hace plantar 61 magnolios flaqueando el camino de entrada. Berckmans fallece a finales del siglo XIX y su heredero en 1910. A partir de ahí la propiedad queda en el olvido hasta 1925 en que se planea construir un lujoso hotel de 15 plantas para explotar el floreciente turismo invernal en Georgia. El promotor del proyecto era el comodoro Stolz, pero no puede llegar a realizarse porque el comodoro se arruina como consecuencia del Gran Huracán que asoló Miami en 1926. La propiedad de 148 hectáreas quedaba en el olvido de nuevo.</p>
<p>A pesar de haber nacido en Atlanta, Jones decide buscar el lugar para su campo en Augusta porque Atlanta ya contaba con dos campos de primer nivel, una decisión que no gustó nada entre las altas esferas de la sociedad de dicha urbe. En la primavera de 1931, Jones le consulta a Thomas Barret, vicepresidente del Hotel Bon Air Vanderbilt y miembro de la cámara de comercio de Atlanta, si conoce algún lugar para ubicar su campo. El viejo vivero de los Berckmans le viene a la cabeza y se lo comenta a Jones, que decide ir a visitarlo. Al verlo, Jones exclama: “¡Perfecto! Parece que este terreno ha estado esperando todo este tiempo a que alguien viniera a poner un campo de golf”.</p>
<h5>La empresa</h5>
<p>A continuación Jones funda la Fruitlands Manor Corporation, una inmobiliaria formada por el propio Jones, su padre, Clifford Roberts, Thomas Barret, el magnate hotelero Walton Marshall y Fielding Wallace, presidente del Augusta Country Club, que adquiere el terreno por 70000$ y lo cede en usufructo al recién fundado Augusta National Golf Club. Cinco miembros del nuevo club de golf formaron una comisión encargada de buscar la financiación para construir el campo. Buena parte de ella la aportaron los propios miembros de la comisión, y entre todos ellos Alfred S. Borne, presidente de Singer (fabricantes de máquinas de coser), que a pesar de todo se disculpó por no poder financiar todo el proyecto, dado que la Gran Depresión había dejado sus cuentas maltrechas. El resto se pretendía conseguir mediante la captación de socios usando a Jones y Mackenzie como principales valores del nuevo campo.</p>
<p>El 14 de julio de 1931, Bobby Jones y Alister Mackenzie recorrieron juntos, a un paso frenético y bajo un tremendo calor, por primera vez el vivero de los Berckmans, acompañados de el padre de Jones, de Louis y Prosper Berckmans (nietos del fundador del vivero) y de Tony Sheehan  un fotógrafo que tomó las primeras imágenes de los que después sería Augusta National. Iban equipados de mapas topográficos, cianotipos y fotos aéreas sobre las que apuntaban las ideas que surgían conforme paseaban. Ambos tenían en la cabeza The Old Course de St Andrews como modelo y buscaban crear un campo con ese espíritu. Tanto Jones como Mackenzie querían un campo amplio, de aspecto natural, sin rough, con calles onduladas, que se pudiera jugar por abajo…  En palabras de Jones querían “hacer el bogey fácil si se busca de verdad, el par fácilmente conseguible por el buen jugador y los birdies complicados, salvo en los pares 5”. Era la primera vez que se planteaba hacer un campo que pudiera significar un reto tanto para el jugador novel como para el scratch.</p>
<div id="attachment_3460" class="wp-caption aligncenter" style="width: 550px"><img class="size-full wp-image-3460" title="AugustaProgram1934plan_ok" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2010/04/AugustaProgram1934plan_ok.jpg" alt="AugustaProgram1934plan_ok" width="540" height="735" /><p class="wp-caption-text">Plano del Augusta National en 1934 (gracias por la imagen a Neil Crafter, de Golf Club Atlas)</p></div>
<p>Tres días de trabajo dieron como resultado un plano a escala 200:1 con el trazado que conocemos actualmente. De ese plano inicial cambiaron muy pocas cosas durante la construcción, entre ellas se disminuyó el número de bunkers de 36 a 22 y se invirtió el routing inicial, es decir, los primeros nueve hoyos pasaron a ser los segundos, y así se mantuvo hasta celebrado el primer Masters, en que se volvió a la idea original que es como lo conocemos hoy.</p>
<p>El 30 de octubre de 1931 se iniciaba la construcción del campo, dirigida por el ingeniero Wendell Miller y llevada a cabo por la empresa Olmstead Brothers Landscaping, que ya habían trabajado con Mackenzie en Pasatiempo. Además los Berckmans también intervinieron en la construcción: Prosper supervisó el trasplante de más de 400 árboles y plantas al nuevo campo (muchas de las cuales provenían del antiguo vivero) y Louis formó parte del comité de embellecimiento del club.  Los planteamientos de diseño de Mackenzie, conocidos como “menos es más” y que se basaban en sacar lo máximo del terreno aprovechando sus  características para diseñar los hoyos, hicieron posible que en no más de 7 meses pudiera estar el campo listo para plantar la hierba. Además, en plena depresión, la forma de trabajo de Mackenzie permitió completar con 115000 dólares, tan solo 15000 más de lo inicialmente presupuestado, un campo cuya superficie era el doble que cualquier otro campo y que era uno de los pocos contaba con un sistema de riego por aspersión. El propio Mackenzie recortó sus honorarios habituales a la mitad para ayudar a que se completara el proyecto, unos honorarios que jamás recibió. Durante la construcción, Mackenzie solo visitó el proyecto en tres ocasiones, la última de las cuales fue en la primavera de 1932, justo antes del sembrado del campo, para supervisar personalmente la construcción y el moldeo de los greenes. La vieja mansión Berckmans, que a su vez era el edificio erigido en hormigón por Redmond, se reformó para acoger la casa club, manteniendo la alameda de magnolios que el Barón Berckmans había creado.</p>
<p>El campo se inauguró oficialmente el 13 de enero de 1933 con un torneo al que se invitaron a personalidades de todo el país, que pagaron 100$ por el viaje, tres días de alojamiento en el Bon Air Vanderbilt y un fourball en el nuevo campo.  Alister Mackenzie falleció el día de Reyes de 1934 sin haber visto completamente terminado y en funcionamiento Augusta National.</p>
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		<title>Gabinete de curiosidades</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 18:01:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Óscar Díaz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La historia del golf está repleta de maravillosas anécdotas que muchas veces trascienden lo deportivo y penetran en otros terrenos aparentemente ajenos a nuestra querida afición. Mi intención en esta serie de artículos es recuperar estas historias e ir conformando poco a poco una interesante recopilación que sirva para demostrar que el golf está mucho [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment-->La historia del golf está repleta de maravillosas anécdotas que muchas veces trascienden lo deportivo y penetran en otros terrenos aparentemente ajenos a nuestra querida afición. Mi intención en esta serie de artículos es recuperar estas historias e ir conformando poco a poco una interesante recopilación que sirva para demostrar que el golf está mucho más arraigado de lo que creemos en la realidad diaria.<span id="more-480"></span></p>
<p>Y qué mejor lugar para compilar estas historias que el lugar que da título a esta sección. Los gabinetes de curiosidades, o cuartos de maravillas, servían para albergar todo tipo de objetos peculiares que se recogían en las misiones de exploración, y que fueron el antecedente directo de los museos de ciencias naturales, los museos arqueológicos y los jardines botánicos. Espero que la visita a este gabinete os resulte grata y que las “maravillas” que alberga sirvan para que veáis el golf con otros ojos… y también para que os ganéis unas cuantas cervezas en la casa club cuando llegue la hora de contar batallitas interesantes.</p>
<h5>¿Sabéis qué relación hay entre la novela Moby Dick y el fabricante de bolas de golf Titleist?</h5>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-483" title="gabineteDic09_1" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2009/12/gabineteDic09_1.jpg" alt="gabineteDic09_1" width="600" height="260" /></p>
<p>No, no tiene que ver con el tonelaje de Tim Herron, que juega la bola Titleist ProV1x. <em>Moby Dick</em> es la obra maestra de Herman Melville y cuenta la búsqueda obsesiva y autodestructiva de una ballena blanca (en realidad, un cachalote) por parte del sombrío capitán Ahab. Ismael, el narrador, nos relata cómo es la vida en el buque ballenero <em>Pequod</em> y no escatima detalles a la hora de describir las costumbres de su maníaco capitán y de sus compañeros de fatigas.</p>
<p>Melville, el autor, conocía de primera mano cómo era la vida en un ballenero porque había pasado dieciocho meses embarcado en una expedición por los mares del Sur, en los que se vio obligado a abandonar el barco, pasó un tiempo entre caníbales, participó en un motín y huyó de una cárcel de Tahití.</p>
<p>¿Y sabéis cómo se llamaba el ballenero en el que estuvo embarcado Herman Melville?</p>
<p>Nada más y nada menos que <strong>Acushnet</strong>, que es el nombre de la empresa que comercializa tres de las marcas más importantes de la industria del golf: <strong>Titleist</strong>, <strong>Foot-Joy</strong> y <strong>Cobra</strong>. La relación, por supuesto, es casual y hasta cierto punto lógica, ya que la empresa <strong>Acushnet</strong>, igual que el ballenero, tomó su nombre de la población de Massachusetts en la que sus fundadores abrieron el negocio, pero las coincidencias no acaban aquí. Poco después de su fundación, la empresa <strong>Acushnet</strong> se trasladó a New Bedford, también en Massachusetts, que fue durante el siglo XIX uno de los puertos balleneros más importantes del mundo. Curiosamente, la acción de Moby Dick comienza en esta población, que también es la base de operaciones del ballenero <em>Pequod</em>, el barco del capitán Ahab.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-484" title="gabineteDic09_2" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2009/12/gabineteDic09_2.jpg" alt="gabineteDic09_2" width="600" height="260" /></p>
<p>La sede actual de <strong>Acushnet</strong> se encuentra en Fairhaven, Massachusetts, otra población con antecedentes balleneros y a Wally Uhlein, presidente y consejero delegado de <strong>Titleist</strong>, le gusta bromear con la historia de la región. “Tenemos la pierna del capitán Ahab en la nevera”, suele decir, y si existiese no sería de extrañar, dado el arraigo que tienen <strong>Titleist</strong> y <strong>Acushnet</strong> en la zona.</p>
<h5>¿Sabéis qué tiene que ver el golf con Albert Einstein?</h5>
<p>Pese a que a lo largo de su prolífica carrera Einstein abordó cuestiones físicas relacionadas con la capilaridad (su primer artículo publicado tenía que ver con la capilaridad en las pajitas para beber, toma ya), la mecánica de fluidos o la sustentación que podrían aplicarse a distintos aspectos del golf, la relación de Albert Einstein con este deporte es bastante más anecdótica.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-485" title="gabineteDic09_3" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2009/12/gabineteDic09_3.jpg" alt="gabineteDic09_3" width="600" height="260" /></p>
<p>Tras enunciar la teoría de la relatividad, Einstein predijo que el campo gravitatorio solar desviaría la luz de las estrellas y para corroborarlo habría que esperar a que se produjese un eclipse solar. Las estrellas que figuran cerca del sol quedarían a la vista durante el eclipse y podría comprobarse que la gravedad del sol desviaba su haz de luz si su posición variaba ligeramente. Después de numerosos cálculos, Einstein indicó que la desviación de su luz sería de 1,75 segundos de arco.</p>
<p>Se organizaron tres expediciones, dos a Brasil y una a África, para tomar tres conjuntos de fotografías la noche del eclipse, el 29 de mayo de 1919. Pese a la disparidad de los datos obtenidos, la desviación media obtenida fue de 1,61 y sir Arthur Eddington, jefe científico de la expedición, consideró confirmada la teoría.</p>
<p>En noviembre de 1919, la Real Sociedad Astronómica de Londres anunció que iba a tener lugar una sesión extraordinaria en la que se expondrían los resultados de la expedición y se certificaría la exactitud de la teoría de la relatividad.</p>
<p>Como era de esperar, la sesión suscitó una expectación inusitada y el periódico <em>New York Times</em> decidió enviar a uno de sus corresponsales en Londres… Henry Crouch, especializado en la cobertura de torneos golfísticos.</p>
<p>Huelga decir que Henry Crouch se enteró de bien poco. Pese a todo, demostró su raza de reportero corajudo (aunque desinformado e imprudente) y envío por cable a Nueva York un reportaje que tuvo una repercusión espectacular al otro lado del charco, que convirtió en una auténtica celebridad a Albert Einstein y que contribuyó a cimentar la fama de “ladrillo exclusivo para sabios” de la teoría de la relatividad. Aquí tenéis la imagen del titular y mi traducción:</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-486 aligncenter" title="gabineteDic09_4" src="http://www.cronicagolf.com/wp-content/media/2009/12/gabineteDic09_4.jpg" alt="gabineteDic09_4" width="268" height="426" /></p>
<blockquote><p>LA LUZ SE DESVÍA EN EL CIELO.</p>
<p>Los hombres de ciencia, más o menos entusiasmados por los resultados de las observaciones del eclipse.</p>
<p>TRIUNFA LA TEORÍA DE EINSTEIN.</p>
<p>Las estrellas no están donde parecía ni donde se calculaba que estaban, pero no hay de qué preocuparse.</p></blockquote>
<p>Y de este modo un anónimo reportero golfístico consiguió que Albert Einstein se convirtiera en el centro de todas las miradas, académicas y legas, lo que inició la cadena de acontecimientos que desembocó en la emigración posterior del sabio judío a EE. UU.</p>
<p>Y aquí finaliza la primera visita a nuestro gabinete de curiosidades. Como la entrada es libre, espero que os haya interesado lo suficiente como para que volvamos a vernos pronto en sus salas. En la próxima entrega os contaremos qué tienen que ver las alfombrillas de las canchas de prácticas con la política estadounidense, y qué relación hay entre H. G. Wells, el autor de <em>La máquina del tiempo</em> y <em>La guerra de los mundos</em>, la productora cinematográfica Ealing y el golf.</p>
<p>Por supuesto, aceptamos sugerencias y pistas sobre temas que consideréis interesantes. Dejadlas en los comentarios de este artículo o escribidnos a las direcciones que encontraréis en la página de contacto.</p>
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		<title>La curiosa historia del coronel Bogey</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2009 18:53:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Óscar Díaz</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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		<description><![CDATA[Pese a que en la actualidad la palabra bogey no evoca imágenes positivas en la mente del golfista, en su momento se utilizó para medir la capacidad del jugador scratch; es decir, era el equivalente al par de nuestros tiempos. En el magnífico libro The Greatest Game Ever Played, donde se narra el épico e [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal">Pese a que en la actualidad la palabra <em>bogey </em>no evoca imágenes positivas en la mente del golfista, en su momento se utilizó para medir la capacidad del jugador <em>scratch</em>; es decir, era el equivalente al par de nuestros tiempos.</p>
<p class="MsoNormal">En el magnífico libro <em>The Greatest Game Ever Played</em>, donde se narra el épico e imprevisto triunfo del amateur Francis Ouimet ante el gran Harry Vardon en el Open de EE. UU. de 1913, Mark Frost siembra el texto de maravillosas anécdotas que ilustran el origen de muchos de los aspectos del golf que han llegado hasta nuestros días. Podéis encontrar esto y mucho más en el libro mencionado, del que publicaré una reseña en breve… Y si algún avezado editor se plantea la publicación del mismo, le ruego que se plantee la posibilidad de contar con su seguro servidor para llevar a cabo la traducción.<span id="more-9"></span></p>
<p class="MsoNormal">Tras este desvergonzado paréntesis publicitario, entremos en materia. Como resulta evidente que el Sr. Frost tiene mejor pluma que yo, me tomo la licencia de traducir un par de deliciosas páginas en las que se aborda el nacimiento del bogey como concepto y su transición al par. Nos cuenta el Sr. Frost…</p>
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<p class="MsoNormal">Durante el siglo XVIII y los primeros años del XIX, el sistema de puntuación por hoyos (match-play) era el único que se utilizaba. El juego por golpes (o medal-play) empezó a popularizarse en St. Andrews en la década de 1840, durante la era de Alan Robertson, y su aparición hizo que fuera necesario desarrollar un sistema de hándicap, una manera de equilibrar a los jugadores de distinto nivel. Los primeros métodos repartían a los jugadores de cada club en seis grupos distintos según su habilidad. Cuando competían dos jugadores de diferentes grupos, se otorgaba una cantidad fija de golpes al competidor menos hábil y estos golpes se repartían a lo largo de la vuelta. De este modo se mantenía la paz en el club, pero la popularización del golf trajo consigo la celebración de campeonatos interclubes, y la disparidad de niveles de juego en los diferentes clubes hacía que fuera imposible establecer un sistema de hándicap justo entre sus socios. Había que instaurar un sistema para calcular un resultado “de referencia” en diferentes campos hasta que se aprobase un sistema de hándicap equitativo y estandarizado que regulase el deporte a nivel nacional. La introducción del bogey, por cortesía del Coventry Club de Inglaterra, fue la respuesta.</p>
<p class="MsoNormal">En 1890 Coventry organizó un torneo en el que cada jugador disputaba un partido, beneficiándose del hándicap del grupo al que pertenecía dicho jugador, contra un rival imaginario que obtenía automáticamente lo que se consideraba que era una vuelta sin errores, un resultado al que llamaron scratch. Este formato enseguida se puso de moda y se extendió por otros clubes ingleses. En ese mismo año, en una conocidísima canción de un musical se repetía sin cesar el estribillo “Hush! Hush! Hush! Here comes the bogey man!” (¡Calla! ¡Calla! ¡Calla! ¡Que viene el hombre del saco!). El secretario del club de Yarmouth, uno de los clubes que empleaban el nuevo sistema de hándicap, empezó en broma a referirse al rival imaginario de su torneo como el bogey man. La idea arraigó en Yarmouth y, en poco tiempo, los jugadores de todo el país empezaron a llamar bogey al nivel scratch de su club. A continuación, un club de Gosport llevó la broma un poco más allá y aceptó a un hipotético Mr. Bogey en su club como miembro honorario. Como Gosport contaba con un gran número de oficiales en sus filas, se acostumbraba a otorgar a cada civil recién incorporado un empleo militar honorario. Su secretario decidió que un “jugador” tan hábil y competente como “Mr. Bogey” no se merecía nada menos que el empleo de coronel. Esta bobada caló en los clubes ingleses y, en apenas unos años, la figura imaginaria del coronel Bogey saltó del campo de golf a la mitología cultural británica como ejemplo idiosincrático de la disciplina y el valor de las fuerzas armadas inglesas en el siglo siguiente. Seguramente recuerden la pegadiza cancioncilla que silbaban los prisioneros de guerra ingleses en El puente sobre el río Kwai. Pues no se trata de una canción compuesta para la película, sino de un antiguo tema militar llamado La marcha del coronel Bogey.</p>
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<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=Jmd09lW9d-8">http://www.youtube.com/watch?v=Jmd09lW9d-8</a></p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=Jmd09lW9d-8"><img src="http://img.youtube.com/vi/Jmd09lW9d-8/default.jpg" width="130" height="97" border=0></a></p>
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<p class="MsoNormal">¿Y cómo es posible que el bogey, nacido como estándar de excelencia, haya terminado representando el molesto y persistente fracaso en el campo de golf? Cuando se establecieron los criterios de juego en los campos británicos, el bogey representaba el resultado que se esperaba que los mejores jugadores de cada club obtuvieran en cada hoyo. A medida que el material, el nivel de juego y el mantenimiento del campo fueron mejorando durante el boom de la década de 1890, los resultados fueron bajando y los sistemas de valoración de los campos se fueron quedando anticuados. Como consecuencia de ello, a principios del siglo XX casi todos los campos británicos contaban con un puñado de hoyos en los que el bogey estaba un golpe por encima del nuevo nivel estándar que servía para identificar un resultado sin errores. En ese momento, tras la primera gira de Vardon, la afición al golf en EE. UU. se disparó y se adoptaron rápidamente todas las costumbres británicas… salvo ésta, que inexplicablemente se perdió en la travesía del Atlántico. En 1920, el “par” había sustituido al bogey en Estados Unidos como el resultado que había que obtener en un hoyo de golf.</p>
</blockquote>
<p class="MsoNormal">Con esta curiosa anécdota iniciamos una serie de artículos dedicados a la etimología y el origen de muchos términos golfísticos que han llegado a nuestros días y aprovechamos para realizar un modesto homenaje a este peculiar personaje imaginario que nos trae por la calle de la amargura. Y nunca se sabe&#8230; A lo mejor contamos en breve con la presencia de nuestro ilustre coronel…</p>
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