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Zona Pro

Rickie Fowler rompe la maldición de la belleza en The Players

Óscar Díaz | 11 de mayo de 2015

En los inicios de su carrera, la crítica solía descartar a Paul Newman con tres sencillas palabras: «es demasiado guapo». Lo demás daba igual. La belleza eclipsaba su formación y sus esfuerzos actorales, el azul profundo de sus ojos solo servía para que los vigilantes de la ortodoxia cinematográfica lo relegaran. Con Rickie Fowler ha pasado algo parecido, solo que los mayores críticos, por lo que se deduce de la encuesta anónima publicada en Sports Illustrated en la que se le tachaba de sobrevalorado, eran algunos de sus compañeros.

Ya en 2010 muchos consideraron que su elección para el equipo de la Ryder de Celtic Manor no era más que una maniobra de imagen para neutralizar el tirón mediático del estreno de Rory McIlroy. En aquella edición respondió a los santotomases acabando con cuatro birdies consecutivos para empatar de manera inverosímil un partido contra Edoardo Molinari. Luego llegó su primer triunfo en el circuito ante el actual número uno del mundo, Rory McIlroy, en el Wells Fargo de 2012, pero su progresión se vio frenada por las lesiones y un pequeño bajón en su juego.

De todo ello salió de la mano de Butch Harmon y la temporada pasada rozó un hito histórico al acabar entre los cinco primeros en los cuatro majors, algo que solo habían logrado hasta entonces Jack Nicklaus y Tiger Woods, aunque sin la guinda de la victoria. El de Murrieta, además, acompañaba su buen juego con un tirón indudable entre mayores y pequeños, y una imagen impecable que le convierte en el mejor escaparate posible para sus patrocinadores. Pero para algunos de sus compañeros, como Newman, era «demasiado guapo».

Sin embargo, hay sustancia detrás del estilo del estadounidense, hay verdad en su golf. Fowler no se esconde, y no hablamos de su vestuario llamativo. Busca las banderas, se la juega y durante el último año ha transformado su swing para reforzar un arsenal ya bien nutrido.

En la última jornada del The Players Championship, el californiano andaba agazapado, sobre el par del campo mientras Sergio García, por ejemplo, lanzaba la primera andanada y se afianzaba en la primera posición jugando como quien lo inventó. Fowler llegaba con +1 al hoyo 12, donde salvó milagrosamente un par inverosímil, y a partir de ahí todo hizo clic. El estadounidense finalizaba su vuelta con -6 en los seis últimos hoyos (con birdie-eagle-birdie-birdie para acabar), batía un récord histórico en The Players al acabar con 11 golpes en los cuatro últimos hoyos y colocaba un -12 imponente en el marcador. Una racha irreal.

Por detrás, sus rivales respondieron con brío. Sergio García, que había estado imperial en el primer tramo del recorrido, con un bogey y cuatro birdies en sus seis primeros hoyos, reaccionaba después del único fallo abultado que tuvo en el día, la malhadada salida del 14, y encadenaba un buen birdie en el 16 y un espectacular puro de casi quince metros en el hoyo de la isla, el icono del recorrido Stadium del TPC Sawgrass. El español salía de allí sacando el puño y dedicando el birdie con la mirada al puñado de ultras que se dedicaron a abuchearle en la segunda mitad del recorrido. En el 18 lograría un buen par para empatar con Fowler después de tener opciones de birdie, y ya solo le quedaba ver qué sucedía con los jugadores restantes. Martin y Haas caían a última hora, pero a la fiesta se apuntaba un invitado que casi nadie se esperaba, aunque ya en el RBC Heritage dio muestras de su carácter batallador. Kisner fue quien más cerca estuvo de cerrar el torneo en el hoyo 18, pero faltaron milímetros para que su bola acabara reposando en el fondo de la cazoleta.

Luego llegó el agónico playoff a tres hoyos (sumando los resultados) entre Fowler, Kisner y García, en el que los tres participantes se dieron una leve tregua en el primer compromiso, el 16. A continuación, Fowler y Kisner consiguieron el birdie en el 17 y García tuvo una oportunidad clara en el 18 para empatarles, con un putt clavado al que afrontaba minutos antes, pero se le fue por milímetros y el español quedó fuera de juego.

A continuación, Fowler se inventó un tiro imposible en el 17, ya en formato muerte súbita, entre la esquinada bandera y el agua, y acababa con su tercer birdie en el 17 en apenas una hora de competición. La justa reivindicación de un jugador al que no debería hacer falta reivindicar. El triunfo en el buque insignia del PGA Tour, The Players, el torneo que lleva el nombre de los mismos que lo criticaron (aunque, en puridad, solo fuera un 24% de los encuestados). Probablemente ese 24% esté sufriendo en estos momentos… pero no por la victoria de Fowler, sino por la posibilidad de que se filtren las identidades de los participantes en esa encuesta anónima.

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