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Zona Pro

La ventaja de los putters largos

Enrique Soto | 31 de julio de 2012

Ernie Els en los greenes de Royal Lytham, donde se convirtió en el último ganador de un major con un putter largo

Algo ha cambiado en el mundo del golf respecto a los putters largos. Mientras que hace unos años nadie los tenía en cuenta por el porcentaje residual de uso entre los profesionales, ahora los jugadores que los usan parecen estar haciendo trampas. Tres de ellos tienen gran culpa de que esta situación haya dado un giro copernicano: Keegan Bradley, Webb Simpson y Ernie Els, últimos ganadores de tres de los pasados cuatro majors.

“La R&A y la USGA tienen este asunto en el punto de mira”, comentó Peter Dawson, director ejecutivo de la Royal & Ancient. “El problema es el anclaje al cuerpo de un extremo del putter. Ha habido un gran cambio en los últimos dos años. Hemos visto cómo los belly putters y los escoba pasaban de ser un recurso para aquellos cuyo golpe de putt tradicional no funcionaba a un método preferente para jugadores que pueden patear perfectamente bien”. Este otoño se hará pública una decisión que podría prohibir este tipo de palos a partir del año 2016.

Es evidente que, desde un punto de vista biomecánico, cuantos más puntos de apoyo al cuerpo existan menor será la capacidad de dispersión y mayor será la probabilidad de que el mismo movimiento se repita. En un día de viento, donde un factor externo influye en músculos tan pequeños como los de la mano, la diferencia entre llevar un putter largo y uno convencional podría aumentar todavía más. Sin embargo, y a pesar de las tres últimas victorias en majors con este tipo de palos, apenas quince jugadores en el top100 de “strokes gained putting” los usan. Zach Johnson, primer clasificado en los greenes esta temporada, no los usa. Luke Donald o Steve Stricker, dos de los mejores durante los últimos años, tampoco. Si ciertamente son mejores y proporcionan ventaja, ¿por qué no lo hacen?

“Me gusta cómo pateo. Me gusta la sabiduría tradicional que conlleva un putter corto”, comentaba Stricker el pasado año. El estadounidense probó uno largo en el TPC de Boston y sus impresiones fueron muy claras: “Era un sensación completamente distinta. Estoy acostumbrado a hacer el follow-through con mis manos”. Otro caso significativo sería el de Sergio García, que estuvo a punto de ganar el Open Championship utilizando un belly putter y que, meses después, volvió a los tradicionales. Últimamente incluso le hemos visto jugar vueltas de prácticas utilizando un grip convencional. Por no decir que el propio Ernie Els ha fallado numerosos putts cortos durante los últimos meses, en los que su juego en general en poco se ha parecido al desplegado en Royal Lytham.

Jugadores que prueban los putters largos y no les convencen, otros que definitivamente optan por volver a los tradicionales, a pesar de usarlos durante largas temporadas, y otros que también patean mal con ellos. ¿Hasta qué punto la ventaja es real? La curva de aprendizaje sigue siendo pronunciada, las sensaciones son distintas y todavía los mejores pateadores del circuito utilizan los tradicionales. Nadie con un putter largo rinde mejor en los greenes que Luke Donald. ¿De verdad es acertado cuantificar su éxito por los tres últimos majors?

Exiten defensores del concepto de que el palo no debería ir unido al cuerpo en otro punto distinto a las manos, por mantener uno de los pilares básicos que el golf ha mantenido hasta la aparición de estos putters. Sin embargo, ya hace unos cuantas décadas que Ben Hogan dijo: “No existen similitudes entre el golf y el patear; son dos disciplinas distintas, una se juega en el aire y otra en el suelo”. Quizá convendría valorar también la oportunidad que ofrecen a jugadores más experimentados, que tienen problemas de espalda o son más propensos a desarrollar los temidos “yips”.

En un momento en que usar un belly putter parece atentar contra los principios del golf, no conviene olvidar que para embocar la bola desde seis metros para ganar un grande de poco sirve el artilugio utilizado (“Es el indio, no la flecha”). La convicción, ante todo, es el arma más poderosa del jugador para llegar hasta el hoyo. Tres jugadores lo han conseguido de manera casi consecutiva, los mismos que desde 1984. ¿Es eso motivo suficiente? ¿Es la referencia a tener en cuenta?

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