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Zona Pro

La otra cara de Alejandro Cañizares

Enrique Soto | 07 de septiembre de 2013

La temporada de Alejandro Cañizares no ha sido sencilla. El jugador que buscaba su segundo triunfo en Europa llegó al mes de mayo habiendo fallado cuatro cortes y registrando una trigésimo segunda posición como mejor resultado, números algo discretos para quien debería estar en la brecha con asiduidad. Una rara enfermedad en Malasia tampoco supuso una ayuda, pero no había más opciones que seguir intentándolo: asegurar la tarjeta cuanto antes y aspirar a meterse una vez más en la final de la Race to Dubai. Entonces, como venido de la nada y aún algo convaleciente, llegó a Wentworth y en el torneo más importante del año finalizó cuarto, saliendo en el último partido el domingo por la tarde.

No era la primera vez que sucedía algo así: en 2012 su progresión fue muy similar, como cuando terminó segundo en el Open de España o tercero en Australia, en el Perth International. Alejandro había fallado once cortes a lo largo del año y estaba lejos de parecerse a esos jugadores que acumulan confianza y fuerzas a medida que firman top 10. Él, más que nada, se basa en sensaciones. Cuando se siente a gusto en el campo su juego comienza a asomar la cabeza desde la mitad de la tabla y se dispara automáticamente a la lucha por el triunfo. Esta semana, en el Omega European Masters, ha vuelto a ocurrir.

Su comienzo fue sólido, con vueltas de 69 y 65 impactos en las dos primeras jornadas. El listón, sin embargo, pedía algo más. Thomas Björn y Stephen Gallacher había llegado hasta el menos diez en 36 hoyos a un ritmo de aciertos muy alto, como suele ocurrir en Crans-sur-Sierre. En la tercera, el día del movimiento, iba a ser necesario disparar a la luna. Un parcial de menos dos en sus nueve primeros confirmó que tiene bajo control este tramo, en el que no ha cometido un bogey en toda la semana. En el 10 dio comienzo su ataque: birdie, dos pares, birdie, eagle y, de nuevo, otro acierto para poner su candidatura sobre la mesa. Otra vez 65 mientras Björn se quedaba en 67 y Gallacher en 72. Los líderes se despistaron un poco y el batallón de aspirantes tomó la iniciativa en un día abierto y generoso.

Bien podría haber valido su acumulado de menos catorce para figurar en lo más alto de la clasificación, pero un hombre fue capaz de desnudar el recorrido a base de un golf impecable. Craig Lee, inspirado como muy pocos, firmó nueve birdies en diez hoyos. Sí, en solo diez pruebas. “No he empezado mal, ¿eh?”, le dijo a su caddie. Un 59 se respiraba en el ambiente cuando este escocés de 36 hoyos dio un respiro a la lógica en el 12, con un bogey, para luego arrebatárselo de nuevo con otros dos aciertos. Menos diez en el 15, así, para desbaratar cualquier orden a la tabla. El número mágico no llegó, ya que cuatro pares vieron cómo terminaba con un 61. “Me gustaría haber tenido un pulsómetro. Creo que mi corazón no bajo de cien pulsaciones durante toda la vuelta”, dijo sonriendo.

Ahora él es la referencia antes de la última jornada. Su menos dieciséis le da dos impactos de ventaja sobre Cañizares, Dubuisson y Björn; cinco sobre Miguel Ángel Jiménez y Tommy Fleetwood, que consiguieron terminar un día complejo con sendos 69. Brooks Koepka y Ross Fisher se encomiendan a una debacle del líder desde el menos diez. “Ya he estado en esta posición antes”, añadió. Mañana tendrá que demostrarlo.

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