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Zona Pro

El interrogante de la gran dictadora

Enrique Soto | 04 de agosto de 2013

Jugar 36 hoyos en la última jornada de un grande puede agotar la más fuerte de las paciencias. Hacerlo en St. Andrews, en un día ventoso, es un desafío aún mayor. Las rachas que obligaron a suspender el Women’s British Open se difuminaron levemente el domingo, pero pasaron a ser inconstantes e impredecibles, haciendo que la media de golpes subiera como la espuma. Atrás quedaron los resultados del jueves o del viernes, agresivos y faltos de errores; el viento le dio la pincelada definitiva al Old Course y la obra se convirtió en un examen total de golf.

Que se lo pregunten a Inbee Park, la mejor jugadora del mundo. Partía desde el menos dos tras 36 hoyos y, aunque lejos de la cabeza, se esperaba que diera el mismo zarpazo que en el US Women’s Open: viajar de la calle hacia el green antes de embocar uno de sus magnéticos putts. La surcoreana salió con la idea de ser agresiva y en tan solo unas horas salió del recorrido con nueve bogeys y un doble bogey. No hubo tregua, incluso para una mujer que ha ganado tres grandes consecutivos. El escenario pasó a parecerse mucho al que vio ganar a Jiyai Shin hace doce meses. Un golpe descentrado y zas, un abultado número en la tarjeta.

Morgan Pressel supo interpretar perfectamente estas condiciones y entregó su tercera vuelta bajo par con 71 impactos. Había alcanzado el menos nueve y pasaba a ser la referencia del torneo, al igual que lo hiciera en el LPGA Championship con un rough demoníaco. Seis jugadoras la seguían en un margen de dos golpes y se antojaban movimientos constantes en la tabla, las mismas variaciones que provocaba el viento. No tardaron en producirse. Hee Young Park, Na Yeon Choi, Suzann Pettersen, Miki Saiki y Stacy Lewis salieron dispuestas a dejar su nombre inscrito junto al de Lorena Ochoa, la primera mujer en ganar en la catedral. Solo una se lo creyó lo suficiente.

La número dos del mundo había ganado su primer grande (Kraft Nabisco Championship) en el 2011 a los veinticinco años. No fue una temporada sencilla para ella, que contempló cómo su segunda victoria como profesional requería de un tiempo de aceptación y reposo, una época de barbecho. Cuando se supo capaz de seguir ese ritmo, llegaron cuatro triunfos más en 2012 y otros dos en 2013, que le auparon hasta el número uno durante unos días antes de que Inbee Park copara estadísticas, ránkings y un pedazo de historia. Lewis se ha mantenido a su sombra durante todos estos meses, siguiendo el mismo camino que en su día le llevó a lo más alto. Era necesario esperar una tregua en la época de la gran dictadora.

St. Andrews abrió esa veda. Inbee fuera de juego y una vía amplia a los pies de esta jugadora de Ohio. Desde el menos ocho, planteó una estrategia basada en la moderación y la contundencia: era más importante mantenerse arriba con este viento que plantear un ataque desesperado. Dos bogeys en el 2 y el 4 compensados con birdies en el 6 y el 7; dos errores más en el 11 y el 12, birdie al 14 y bogey al 15… Stacy estaba en la brecha y, si quería algo más, era el momento de abrir una herida en el pecho de la número uno. En el 17, un hoyo que dio quebraderos de cabeza a las mejores, llegó su cuarto acierto. “Uno más”, le dijo entonces a su caddie. En el último hoyo del Old Course selló su segundo grande con un putt de unos ocho metros.

Na Yeon Choi y Hee Young Park finalizaron con más uno, Suzan Pettersen con más dos, Morgan Pressel con más cuatro, Miki Saiki con más cinco… A medida que se iban entregando tarjetas, los requisitos para ganar el Women’s British Open se acercaban más al par que una vuelta memorable, como que la que firmó Phil Mickelson en Muirfield hace unas semanas. Simplemente: resultaba imposible medirse de tú a tú al campo en estas condiciones.

“Es increíble”, declaró. “Todo sucedió muy rápido al final. Tienes miedo en cada golpe y de repente haces un par de birdies al final y se ha terminado”. El interrogante de Inbee, que ha impuesto una época de certezas, se llama Stacy Lewis.

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