US Open 2015

El arte de Michael Greller, caddie de Jordan Spieth

Óscar Díaz | 25 de junio de 2015

Jordan Spieth se abraza con Michael Greller tras su triunfo en el US Open (foto © USGA/Darren Carroll)

Los caddies tienen sus propios códigos. Algunos emplean gestos medidos, guiños puntuales y poco más de monosílabos a modo de refuerzo, mientras que otros, según sea el talante de sus jugadores, optan por la conversación fluida e incluso distraen a su jefe entre golpe y golpe para aliviar la carga de presión que se va acumulando en situaciones límite. Famoso es el caso de Jim “Bones” Mackay, que suele embarcarse en largas conversaciones con Phil Mickelson para ponderar todas las posibilidades a la hora de ejecutar un golpe, aunque la decisión final (salvo cuando emplea uno de sus “comodines” anuales) siempre recae en el astro zurdo. Mackay calcula, interviene y apoya, y se ha convertido en el paradigma del buen caddie.

Precisamente, hay quienes encuentran similitudes en la relación entre Mackay y Mickelson y la que tiene otra pareja de moda, la conformada por Jordan Spieth y su caddie, Michael Greller. “No, no. Tienen 50 victorias más y muchos más majors… Pero sin duda Mackay es alguien a quien me gustaría emular”, declaraba después del Masters el profesor de matemáticas devenido caddie, protagonista el fin de semana pasado por su papel trascendental en el US Open ganado por Jordan Spieth en Chambers Bay.

El caddie, de 37 años, ya cuenta con dos trofeos de relumbrón en su poder. Si Spieth tiene la chaqueta verde y el trofeo del US Open como mudos testigos de sus éxitos, Greller tiene las banderas de los hoyos 18 de Augusta National y Chambers Bay, recuerdos físicos de profundas satisfacciones morales y deportivas.

Greller, cuya historia ya contamos en enero de 2015 antes de que Spieth se hiciera con el Masters, fue el complemento ideal para el juego del texano en un campo que conocía a la perfección y en el que trabajó durante el verano de 2007. Aunque él mismo restó importancia a su aportación, su jefe lo dejó claro en la rueda de prensa posterior al torneo: la labor de Greller había sido fundamental y no dejó en ningún momento de llenar su mente de pensamientos positivos.

Volviendo con la labor de los caddies, es normal que recurran a mantras más o menos formulaicos para activar a sus compañeros de fatigas y permitir que se concentren. El caddie del inglés Matt Ford, por ejemplo, repite en todos los tees de salida: “Focus! Come on!” (es decir “¡Concéntrate! ¡Vamos!”). Una vez escuchadas estas palabras, siempre dichas después de pinchar la bola, el jugador responde cual perro de Pavlov y hace lo posible por entrar en ese rincón privado y solitario que le permitirá aislarse del exterior y ejecutar un buen golpe.

Greller tiene arte incluso a la hora de transmitir esas “ideas-fuerza” a su jefe. En lugar de recurrir a palabras tópicas y habituales como refuerzo psicológico, le dice a Spieth: “Pinta el cuadro”. El objetivo es el mismo: centrarse en el golpe y en el objetivo, impedir que los pensamientos se acumulen y enturbien la acción. Eso es lo que le intenta transmitir Greller. “Pinta el cuadro, visualiza la imagen, céntrate en el objetivo. No te preocupes por el swing; la bola irá allí siempre que te concentres”.

De momento, Jordan Spieth ya ha pintado dos auténticas maravillas en Augusta National y Chambers Bay, y no sería de extrañar que, con Michael Greller llevándole la paleta y los pinceles, dentro de menos de un mes ejecute otra obra maestra en la cuna del golf, St. Andrews.

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